Petróleo y deuda: los escenarios que Wall Street ya preveía ante un ataque a Venezuela

Bancos como JPMorgan y Citi ya sopesaban posibles impactos en el crudo y la deuda, aunque el panorama político aún es incierto.

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En la imagen, una escultura, que representa una torre de perforación petrolera en una mano, afuera de la sede de Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) en Caracas, Venezuela.
03 de enero, 2026 | 01:23 PM

Bloomberg Línea — Semanas antes de que el presidente Donald Trump anunciara la captura de Nicolás Maduro, tras una ofensiva militar sobre Caracas, varias instituciones financieras ya evaluaban con atención la posibilidad de una transición en Venezuela.

Esa hipótesis se había reforzado entre analistas del sector energético como JP Morgan que señaló, en un análisis a principios de diciembre, que el escenario de la transición política en Venezuela se había reavivado, dada la presión geopolítica creciente y “la intensificación reciente de la presencia militar estadounidense en el Caribe”.

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Si bien el informe aclaraba que el escenario estaba lejos de ser seguro, indicaba que la probabilidad “ya no es despreciable”, algo que finalmente sucedió. El sábado en la madrugada, Estados Unidos ejecutó una ofensiva aérea sobre objetivos militares en Caracas, incluyendo la base de Fuerte Tiuna. Horas después, Trump confirmó la captura de Nicolás Maduro y su esposa, y que fueron trasladados en avión fuera del país.

El impacto de una transición

Ahora, con la salida de Maduro confirmada y la posibilidad de un cambio de régimen en curso, la atención de los mercados comienza a desplazarse hacia el impacto potencial en el sector energético. Venezuela, que posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, podría convertirse en una de las variables más relevantes para el equilibrio del mercado petrolero global en los próximos años.

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JPMorgan estimaba que una salida de Maduro y una posible transición política podía provocar una disrupción inicial en la producción petrolera del país, con caídas de hasta 50%, pero también una recuperación rápida si se lograba estabilidad. “La transición en sí probablemente desencadenaría un choque breve, pero intenso”, señalaban los analistas, al tiempo que recordaban el antecedente del paro petrolero de 2002 y 2003.

“El precedente histórico —como la huelga de PDVSA de 2002–2003— sugiere que la producción podría caer temporalmente hasta en un 50% debido a disrupciones operativas, desplazamiento de trabajadores o cierres preventivos en instalaciones de PDVSA”, dijeron los analistas en diciembre.

El informe destacaba que, pese a las restricciones, la industria ya había mostrado capacidad de rebote. “La producción venezolana ya demostró su capacidad latente a fines de 2025: la producción casi alcanzó 1,2 millones de barriles diarios en septiembre, con exportaciones de PDVSA subiendo a 774.000 barriles diarios y los envíos de Chevron alcanzando 133.000 barriles diarios”, según los analistas del banco.

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También destacaba el retorno parcial de empresas chinas al sector. “Más recientemente, en agosto, China Concord Resources Corp (CCRC) comenzó a desarrollar dos campos petroleros en Venezuela y planea invertir más de US$1.000 millones en un proyecto destinado a alcanzar 60.000 barriles diarios hacia fines de 2026”, según el informe.

Por ello, JPMorgan proyectaba que, con inversiones adicionales y retorno de socios históricos, Venezuela podría llegar a niveles de 1,3 a 1,4 millones de barriles diarios en un plazo de dos años. “Con un entorno político estable, nuevas licencias, restauración del flujo de diluyentes y operaciones sin restricciones de Chevron, la oferta podría recuperarse rápidamente”, según los analistas del banco.

Un mercado con presiones

Aunque el mercado del crudo viene mostrando señales de exceso de oferta antes de los eventos en Venezuela, los principales bancos mantenían un consenso en torno a precios contenidos y una producción creciente, especialmente en América del Sur y fuera de la OPEP.

Bank of America proyectaba que “la producción de crudo de países fuera de la OPEP crecerá en 750.000 barriles diarios durante el próximo año. De ese total, cerca de 600.000 barriles diarios corresponderán a Brasil, Guyana y Argentina”, según Francisco Blanch, jefe global de investigación en commodities del banco. Esta expansión contribuiría a un superávit estimado de hasta 2 millones de barriles diarios en 2026, con precios promedio de US$60 por barril para el Brent.

BofA también identificaba a Venezuela como uno de los tres focos geopolíticos clave para el mercado petrolero en 2026. “Hay tres grandes riesgos geopolíticos que el mercado está considerando ahora mismo. Uno es Rusia-Ucrania, el segundo es por supuesto aún el Medio Oriente y el tercero es Venezuela”, indicó Blanch durante una conferencia a finales de diciembre ante una pregunta de Bloomberg Línea.

A pesar de este riesgo potencial, el banco mantenía una estimación conservadora sobre la producción venezolana. “En Venezuela hemos mantenido una proyección decreciente debido a las tensiones y sanciones”, señalaba Blanch. Sin embargo, el informe reconocía que un cambio de escenario político podría alterar esa dinámica y representar un factor de presión adicional sobre los precios internacionales.

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Oxford Economics también anticipaba una oferta superior a la demanda global. “Prevemos que el crudo Brent cierre 2026 en US$58 por barril y baje a US$55 en 2027, por debajo de las expectativas del consenso. Un superávit persistente por encima de 2 millones de barriles diarios respalda nuestra previsión”, según sus analistas. A pesar del fortalecimiento de la demanda en Asia, el crecimiento proyectado en la producción de Brasil, Guyana y Estados Unidos superaría esos avances.

En su evaluación de riesgos, Oxford Economics señalaba que “un cambio político en Venezuela, aunque incierto y dependiente de una inversión sustancial, podría eventualmente desbloquear alrededor de 5 millones de barriles diarios de capacidad”. El informe consideraba este escenario como un factor adicional que podría ampliar el superávit global en caso de materializarse.

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El viernes 2 de enero, el petróleo cerró con movimientos acotados en un contexto de escaso volumen y presiones bajistas ligadas al exceso de oferta. El Brent retrocedió 0,2% y finalizó en US$60,75, mientras que el WTI bajó 0,2% hasta US$57,32. A pesar de las tensiones geopolíticas, los traders priorizaron las previsiones de un superávit global cercano a 3,8 millones de barriles diarios, según la AIE.

Más allá de la situación venezolana, los bancos de Wall Street coincidían en lo ajustado del mercado petrolero. JPMorgan estimó que “la oferta global de petróleo superará la demanda, expandiéndose al triple del ritmo de la demanda tanto en 2025 como en 2026”.

El banco preveía un excedente de 2,8 millones de barriles diarios este año. No obstante, aclaraba que “el mercado encontrará el equilibrio a través de una combinación de aumento de la demanda, impulsado por precios más bajos, y un conjunto de recortes de producción voluntarios e involuntarios”, según sus analistas.

Bandera nacional de Venezuela

La deuda venezolana bajo la lupa de los inversores

En paralelo a las proyecciones energéticas, algunos bancos ya se habían posicionado con una visión constructiva sobre los bonos venezolanos, aun en medio de tensiones geopolíticas. En noviembre, Citigroup destacaba que el crédito venezolano “sigue siendo atractivo”, según el analista Donato Guarino. La visión del banco se basaba en el potencial de valorización vinculado a un eventual cambio político y una reestructuración ordenada.

El informe de Citi detallaba una estructura base de reestructuración con “un bono nuevo a 20 años y un bono cupón cero a 10 años para saldar los intereses vencidos”, y estimaba que el valor recuperado por los acreedores “podría ubicarse en niveles medios de 40 centavos por dólar”, según Guarino.

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La entidad también señalaba que “una transición política creíble será un componente esencial para que cualquier reestructuración sea viable y tenga aceptación por parte de los acreedores”. En esa línea, indicaba que “la participación del FMI será una condición necesaria para cualquier reestructuración creíble”.

A pesar de la incertidumbre, Citi mantenía una recomendación de posicionamiento largo. “El riesgo-recompensa aún justifica una posición larga”, concluía el informe, que calculaba un potencial de valorización de entre 45% y 50% y una ratio de Sharpe de aproximadamente 1,8 a 1,9.

En el mercado petrolero, las operaciones se reanudarán el domingo por la tarde. Aunque los precios siguen guiados principalmente por los fundamentos globales de oferta y demanda, el conflicto en Venezuela introduce un nuevo factor de riesgo que podría alterar las proyecciones a corto y mediano plazo.

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