¿Qué explica el desplome del oro y la plata y cómo deberían navegarlo los inversionistas?

El desplome en los precios de oro y plata, tras tocar máximos históricos, expuso los riesgos del apalancamiento y los efectos dominó en los mercados derivados.

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Bloomberg Línea — Los metales preciosos iniciaron 2026 con un comportamiento alcista que capturó la atención tanto de inversionistas institucionales como minoristas. El oro alcanzó máximos históricos por encima de los US$5.500 por onza, mientras que la plata superó los US$120 por onza antes de sufrir un desplome abrupto. Lo que comenzó como un movimiento técnico terminó generando una ola de ventas forzadas que afectó a mercados más allá del complejo de metales.

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El viernes 30 de enero, la venta masiva en la industria generó la mayor caída intradía en la plata registrada en datos modernos y el mayor retroceso del oro desde 1983. Ese mismo día, el fondo iShares Silver Trust perdió 28,5%, mientras que el SPDR Gold Shares retrocedió 10,3%. Para muchos, el episodio marcó un punto de inflexión en un rally dominado por especulación apalancada, flujos minoristas y demanda táctica concentrada.

Sin embargo, Michael Hsueh, analista de Deutsche Bank, sostuvo que “la corrección en los precios de los metales preciosos sobrepasó la importancia de sus aparentes catalizadores”. El experto argumentó que los movimientos registrados no respondieron proporcionalmente a los hechos que los originaron, como la nominación del nuevo presidente de la Reserva Federal o el fortalecimiento puntual del dólar.

Desde su perspectiva, el ajuste refleja más una dinámica técnica asociada al desarme de posiciones apalancadas y al estrés en los mecanismos de cobertura que una respuesta racional a un cambio estructural en los fundamentos del mercado.

¿Por qué cayeron el oro y la plata?

El detonante más inmediato fue la nominación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal, anunciada por Donald Trump el 30 de enero. La designación fue leída inicialmente por los mercados como una señal de endurecimiento de la política monetaria, lo que impulsó al dólar y debilitó a los activos cotizados en esa divisa, como el oro y la plata.

Simultáneamente, la Bolsa de Metales de Chicago (CME) anunció un aumento en los márgenes requeridos para operar contratos futuros sobre metales preciosos, elevando la carga de capital que los traders necesitaban mantener para conservar posiciones abiertas, es decir, los operadores debían aportar más dinero como garantía para mantener sus contratos activos.

En concreto, el margen de mantenimiento en futuros de oro pasó de 6% a 8% y en plata de 11% a 15%. Esto obligó a muchos especuladores a liquidar posiciones antes del cierre del viernes, amplificando el retroceso.

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Ed Yardeni, presidente de Yardeni Research, señaló que “al anunciar el aumento de márgenes antes del cierre del viernes, la CME advirtió efectivamente a los traders que cualquier posición mantenida durante el fin de semana estaría sujeta a requisitos de colateral significativamente más altos el lunes”.

Para el analista, la caída fue más técnica que de catalizadores de fondo. Yardeni cuestionó que el nombramiento de Warsh fuera interpretado como un giro restrictivo, pues la noticia "debería haber sido alcista para los metales preciosos porque él favorece estimular más crecimiento con tasas de interés aún más bajas. No cree que la Fed deba preocuparse actualmente por la inflación”. A su juicio, el mercado reaccionó en exceso ante señales que no justificaban un cambio estructural en la tendencia.

Ole Hansen, estratega jefe de materias primas de Saxo Bank, explicó que “el problema central fue la volatilidad alimentándose a sí misma”. Agregó que “a medida que se ampliaban los movimientos diarios de precios, la liquidez se redujo”.

El impacto se trasladó rápidamente al mercado de derivados. Hansen aseguró que muchos inversores compraron opciones call, instrumentos que dan el derecho a comprar un activo a un precio determinado si este sube.

Para cubrir ese riesgo, los vendedores de estas opciones compraron futuros de plata, lo que empujó aún más los precios al alza. Sin embargo, cuando el mercado cambió de dirección, esos mismos operadores tuvieron que vender los futuros para limitar pérdidas, generando un efecto en cadena que amplificó la caída.

Su colega Charu Chanana, estratega en jefe de inversiones de Saxo Bank, explicó que “cuando los inversores necesitan efectivo rápidamente, a menudo venden lo que pueden, no necesariamente lo que quieren, lo que también puede presionar a otros mercados líquidos”.

En medio de ese escenario, se produjo otro evento técnico con un reequilibrio forzado del ETF apalancado ProShares Ultra Silver, que busca replicar el doble de los movimientos diarios de la plata. Al caer el precio, el fondo tuvo que vender una gran cantidad de futuros para ajustar su exposición y mantener el apalancamiento constante, lo que intensificó aún más la presión vendedora en el mercado. Según Hansen, “esto se tradujo en una venta estimada de US$4.000 millones en futuros de plata durante la ventana de rebalanceo”.

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Las salidas también se reflejaron en el comportamiento de los fondos cotizados. De acuerdo con ING, “las tenencias totales conocidas de ETF de plata cayeron por séptima sesión consecutiva, bajando 3,5 millones de onzas a 823,8 millones de onzas al 30 de enero”.

En términos técnicos, el fenómeno ilustra una cadena de reacciones que incluye llamadas de margen, es decir, requerimientos adicionales de colateral que fuerzan a los inversores apalancados a cerrar posiciones cuando el mercado se mueve en su contra. En contextos de alta volatilidad, estos mecanismos pueden acelerar las caídas de precios, aun cuando los fundamentos no se hayan deteriorado.

¿Fue exagerada la reacción del mercado?

Algunos analistas sugieren que el ajuste de precios fue desproporcionado respecto a los factores que lo impulsaron. Hsueh, de Deutsche Bank, afirmó que “las condiciones no parecen preparadas para una reversión sostenida en los precios del oro”.

El experto planteó que “los motivos temáticos del oro siguen siendo positivos y creemos que la lógica de los inversores para asignar a oro y metales preciosos no ha cambiado”. Yardeni añadió que “el informe del índice de precios al productor fue más alto de lo esperado y también debería haber sido alcista para los metales preciosos”.

Desde Citi Research, el equipo de análisis reiteró que los niveles de precios observados son consecuencia directa de una asignación récord de capital. “Nuestra investigación más reciente sugiere que el precio del oro puede verse como igual a la demanda bruta en dólares dividida por la oferta de oro”.

El informe advierte que incluso pequeños ajustes en la asignación de riqueza global al oro pueden generar grandes movimientos en el precio debido a la rigidez de la oferta. La demanda bruta actual asciende a cerca de US$1 billón, una cifra sin precedentes. Citi estima que un escenario base podría llevar el precio a US$4.000 por onza, mientras que un escenario bajista implicaría un descenso hacia US$3.000.

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Para Hsueh, el mercado no está “en la cúspide de un descenso considerable en la demanda oficial de oro, dadas las señales anteriores”.

La situación en China también ha jugado un papel importante. El informe de Deutsche Bank detalla que “las tenencias de ETF de oro en China continuaron aumentando con fuerza frente a años anteriores” y su analista considera que “la huella de inversión de China en metales preciosos ha sido prominente y la prima en la bolsa de Shanghái la semana pasada es una señal importante del aumento del interés comprador”.

ING también coincide en que “la dirección de los precios a corto plazo dependerá del grado de compra en las caídas por parte de los inversores chinos”.

¿Qué errores evitar?

Más allá de la corrección, las proyecciones estructurales para el oro mantienen un sesgo positivo en varios escenarios. Citi proyecta que un incremento adicional de la demanda bruta hasta US$2 billones podría llevar el precio hacia un rango de US$7.800 a US$10.000 por onza, aunque no es su escenario base. Deutsche Bank conserva su objetivo de US$6.000 por onza, apoyado en factores como la continuidad de la demanda oficial y la debilidad estructural del dólar.

Los analistas de VanEck habían sostenido antes del desplome del viernes que el oro “necesita ser una parte central” de los portafolios y que los inversionistas no deberían “tratar de cronometrar el mercado”. Para la gestora de inversiones, un nivel de 5% del metal en el portafolio parece ser el punto óptimo.

Además, destacaron que las acciones mineras pueden ser otra manera de exponerse al rally de las metales. Para Vaneck, la industria está disfrutando de sus márgenes más amplios en términos absolutos e “incluso en caso de correcciones, la industria mantiene capacidad de generar caja”.

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Chanana destacó que los errores más comunes en estas fases son reaccionar emocionalmente y malinterpretar los movimientos de precios como señales estructurales. “Vender durante una caída no suele responder a un cambio en la tesis, sino a un aumento del malestar”, consideró la analista.

Por ello, advirtió contra decisiones apresuradas frente a episodios de volatilidad. “El mayor riesgo es convertir la volatilidad de corto plazo en una decisión permanente”, dijo.

Los movimientos extremos observados entre fines de enero y comienzos de febrero no representan necesariamente un quiebre de tendencia. La mayoría de los analistas coincide en que los fundamentos que han sostenido el rally en los precios de los metales, en particular el oro, permanecen intactos.

Para los expertos, la clave estará en evitar decisiones reactivas, evaluar las asignaciones en función del horizonte de inversión y no perder de vista el papel que los metales siguen cumpliendo como instrumento de diversificación.