Justin Hackney está acostumbrado a ser marginado. El productor de cine, que interpretó al “niño infectado” en la película 28 Days Later del director Danny Boyle, trabajó codo a codo con Boyle durante años y luego, a mitad de su carrera, dio un giro hacia el sector tecnológico, asumiendo cargos en OpenAI y ElevenLabs para promover las ventajas de las herramientas de inteligencia artificial generativa en el cine y la publicidad.
Sus amigos de la industria dejaron de hablarle; un ejecutivo de una agencia de publicidad se llevó las manos a la cabeza mientras escuchaba una de las presentaciones de Hackney. “Mucha gente me odiaba, y la verdad es que no los culpo”, me dice Hackney.
Las industrias del cine y la televisión se han resistido enérgicamente a la IA por temor a que sustituya a guionistas, dibujantes de storyboards, expertos en efectos visuales y otros profesionales.
Las imágenes generadas por IA de gran realismo, como la de Tom Cruise y Brad Pitt en una pelea a puñetazos, cortesía del servicio chino de inteligencia artificial Seedance 2.0, han avivado el temor.
Este domingo, Conan O’Brien abrió su monólogo para los Óscar de 2026 afirmando que era “un honor ser el último presentador humano de los Premios de la Academia”.
En gran parte, ese temor está justificado. Los artistas conceptuales se están viendo afectados ahora que los estudios pueden crear storyboards a un bajo coste en cuestión de minutos.
El condado de Los Ángeles ha perdido 41.000 puestos de trabajo en el sector cinematográfico y televisivo en solo tres años, lo que supone cerca de una cuarta parte de su mano de obra dedicada al entrete-nimiento, y el fundador de DreamWorks, Jeffrey Katzenberg, ha afirmado que la IA sustituirá en gran medida a los animadores.
“En los viejos tiempos, se podían necesitar 500 artistas y años para crear una película de animación de talla mundial”, explicó en el Foro de Nueva Economía de Bloomberg en 2023. “No creo que dentro de tres años se necesite ni el 10% de eso”.
Sin embargo, eso no significa inevitablemente que la IA vaya a acabar con el arte del cine; de hecho, puede brindar oportunidades a personas que, sin ella, no tendrían los medios para hacer películas con valores de producción aparentemente elevados, tal y como YouTube, de Alphabet Inc. (GOOGL), ha creado un mercado para que los creadores ganen dinero con contenidos producidos con presupuestos muy reducidos.
Pese al rechazo de sus compañeros, Hackney se ha adentrado cada vez más en el mundo del cine sintético.
En el 2025 cofundó Wonder, una productora con sede en Londres que financia cortometrajes, videos musicales y anuncios de televisión creados con IA. Entre sus inversionistas se encuentran ejecutivos de OpenAI y Google DeepMind, además de veteranos de Hollywood como el antiguo CEO de StudioCanal.
El gran éxito comercial de Wonder llegó el pasado mes de septiembre con el lanzamiento del videoclip de la canción“Something in the Heavens”del cantante británico Lewis Capaldi , que fue generado íntegramente por inteligencia artificial; también ha producido algunos cortometrajes de animación y anuncios de video.
Lo que YouTube hizo por la distribución, la inteligencia artificial lo está haciendo por la producción.
Mientras que la producción de cine y televisión de alta gama puede costar entre US$500.000 y US$1 millón por minuto de contenido terminado, Wonder afirma que la IA puede reducir ese costo a entre US$10.000 y US$20.000 por minuto.
La empresa también encarga trabajos, obteniendo una participación del 50/50 en la propiedad intelectual tras invertir una suma global, como US$25.000, en un cineasta.
Netflix Inc. (NFLX) y otros estudios suelen pagar a los creadores según el modelo de “coste más margen”, en el que el estudio posee la totalidad o casi la totalidad de los derechos de la obra creativa. (George Lucas, creador de Star Wars (La Guerra de las Galaxias), fue una rara excepción, ya que negoció la propiedad de sus obras y, como resultado, se convirtió en multimillonario).
Wonder, con sede en una iglesia reconvertida del este de Londres, firmó recientemente un acuerdo con la autora sueca del libro infantil "Maxi y Helium", del que se han vendido 5 millones de ejemplares.
La compañía lo adaptó a una serie animada para niños en YouTube , doblada a cinco idiomas y realizada íntegramente con inteligencia artificial. En lugar de vender los derechos a Walt Disney Co. (DIS) o Netflix Inc., la autora, Camilla Brinck, comparte la propiedad intelectual con Wonder.
Modelos como estos podrían ser cruciales para garantizar que la avalancha de nuevas películas y animaciones con inteligencia artificial no nos inunde con contenido de baja calidad.
Los cineastas se convierten en partes interesadas, lo que los incentiva a preocuparse más por la calidad, algo que quizás no haría alguien que produce contenido con IA por una tarifa fija.
Si bien es casi seguro que la inteligencia artificial perjudicará a los extras y a los técnicos de efectos visuales, existen motivos para un optimismo cauteloso.
El auge de YouTube dio lugar a una nueva economía, que añadió US$55.000 millones al producto interior bruto de Estados Unidos y generó el equivalente a 490.000 empleos a tiempo completo, según un estudio de Oxford Economics de 2024 encargado por YouTube.
La disrupción es perjudicial, pero unos gestores prudentes pueden contribuir a que genere más empleos de los que destruye. Es evidente que los días de Hackney como paria industrial han terminado.
Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.
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