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Opinión

Populismo no es la respuesta para los problemas de Colombia

Populismo no es la respuesta para los problemas de Colombia
Por Junta Editorial de Opinión de Bloomberg
19 de junio, 2022 | 05:22 pm
Tiempo de lectura: 3 minutos

Bloomberg — En el caos de la política latinoamericana, Colombia ha parecido en los últimos años una isla de estabilidad. Ahora el cambio es seguro. Las elecciones presidenciales del domingo enfrentarán a dos outsiders: el primer candidato de izquierda viable en décadas y un magnate de la construcción populista que se presenta con una candidatura anticorrupción.

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El vencedor podría hacer algo peor que aprender del ascenso y caída de los líderes antisistema elegidos en otros lugares de la región. Sin un amplio apoyo y sin tener en cuenta las finanzas públicas, ninguno de los dos ofrecerá las mejores condiciones de vida que los votantes han exigido.

Se esperaba que Gustavo Petro, el ex guerrillero que ahora ejerce de senador, ganara la primera ronda de mayo, y así fue, pero se suponía que su segunda ronda sería contra el candidato conservador Federico Gutiérrez. En su lugar, gracias a una oleada de medios de comunicación de última hora, Petro se enfrentará al discutido Rodolfo Hernández, empresario y ex alcalde. Las encuestas están lo suficientemente ajustadas como para que algunos prevean que el “Rey de TikTok” podría ganar.

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Ninguna de las dos opciones es necesariamente una buena noticia para la economía. Los inversores están preocupados por el programa intervencionista de Petro, que pretende reducir la desigualdad con gasto público y mayores impuestos. Quiere garantizar puestos de trabajo en el sector público para los desempleados, al tiempo que congela la exploración de petróleo y gas, un cambio bien intencionado pero bastante brusco para una nación que depende tanto de las exportaciones de petróleo. La disminución de las reservas significa que dejará de ser autosuficiente antes de que termine la década.

Hernández es visto como más amigable con las empresas, prometiendo austeridad, pero sus propuestas políticas son eclécticas y vagas. La casi supresión del IVA, el mayor contribuyente a los ingresos del gobierno, tampoco ayudaría a controlar la inflación. Ambos candidatos han hecho ruidos preocupantes sobre el aumento de las barreras comerciales.

Colombia, que perdió su grado de inversión el año pasado, difícilmente puede permitirse tales planes. Aunque la economía se ha recuperado bien de Covid-19, siguen existiendo problemas profundos. El año pasado, una reforma fiscal provocó semanas de violentas protestas. La desigualdad es pronunciada incluso para los estándares del vecindario -la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que se necesitarían 11 generaciones para pasar del 10% más bajo de la sociedad colombiana al ingreso promedio- y el sector informal que ayudó a impulsar esa rápida convalecencia económica ahora frenará a Colombia.

El nuevo presidente debe tratar de calmar los nervios con un ministro de finanzas experimentado y tecnócrata y empezar a deshacer los nudos del país, como un sistema tributario que actualmente sobrecarga a las empresas pero que aún se estira para satisfacer las demandas sociales. La productividad, que no es tan impresionante, mejorará si se aligera la normativa para las empresas de nueva creación y se reduce el proteccionismo. Pero para acelerar el crecimiento es necesario tener la cabeza fría.

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Otros aspirantes antisistema de la región ofrecen una advertencia. Pedro Castillo, elegido presidente de Perú en 2021, nunca amplió su base y se tambalea a medida que su economía, ya problemática, se ve afectada por una inflación creciente.

Al chileno Gabriel Boric le está yendo mejor a la hora de sumar apoyos, pero su popularidad sigue siendo del 44%, apenas medio año después de unas elecciones que ganó con facilidad (en gran parte por un viraje más moderado). El presidente populista de Brasil, Jair Bolsonaro, puede ser el equivalente más cercano a Hernández, pero gracias a la ineptitud en la elaboración de políticas y a la división ha fracasado en el cumplimiento de la mayoría de sus promesas pro-empresariales.

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Los riesgos en Colombia son aún mayores, dada la fragilidad de las instituciones, los altos niveles de desconfianza y el espectro de la violencia. Hernández se enfrenta a un juicio por corrupción. Ambos candidatos se enfrentarán a los controles y equilibrios, a las rigideces presupuestarias y, sobre todo, a un Congreso dividido, en el que Petro tiene una minoría de escaños y Hernández casi ninguna presencia.

El populismo es un mal remedio para los males de Colombia.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

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