Los bosques más extensos de Latinoamérica y qué tan lejos están de la “deforestación cero”

A pesar de sus vastos recursos, la paradoja es que Sudamérica perdió más bosques que cualquier otra región del mundo entre 2015 y 2025, según Naciones Unidas.

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Bloomberg Línea — Brasil, Perú, México, Colombia, Bolivia y Venezuela concentran las mayores reservas forestales en América Latina, una riqueza ambiental que enfrenta una presión creciente por la expansión agropecuaria, la minería, la infraestructura y el cambio climático.

América Latina alberga algunas de las áreas forestales más extensas y biodiversas del planeta, encabezadas por la selva Amazónica, considerado el bosque tropical más grande del mundo.

Esta abarca una extensión de 6,7 millones de km2 (el doble del tamaño de la India), según cálculos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés).

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A esta le siguen el Gran Chaco, el segundo bosque más grande de Sudamérica con más de 1,1 millones de km², que se extiende entre Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil.

Se trata de una extensión que duplica “con creces” la del estado de California, según WWF. “Es una de las últimas fronteras del continente y está amenazada por el desarrollo agrícola, principalmente para la producción de carne de vacuno y soja”.

Después figura la Mata Atlántica, con una extensión estimada en 1 millón de Km2, un bosque húmedo que va desde Brasil hasta el noreste de Argentina y el este de Paraguay.

Asimismo, sobresalen los bosques templados valdivianos en el centro-sur de Chile y Argentina, que cubren aproximadamente entre 250.000 y 300.000 km2.

También destaca la Selva Maya, el bosque tropical más extenso en Mesoamérica, que se extiende por 150.000 kilómetros cuadrados entre Belice, el norte de Guatemala y el sureste de México.

Las principales amenazas identificadas por WWF para la Selva Maya se concentran en la degradación ambiental y el cambio de uso del suelo, impulsados primordialmente por la expansión de las actividades agropecuarias y el uso de pesticidas.

A estas presiones se suman los incendios forestales, la tala ilegal y el tráfico ilícito de flora y fauna.

Moskitia es considerado el segundo bosque más grande de Centroamérica, con una extensión de 22.568 km2 entre Honduras y Nicaragua.

Otra de las grandes áreas forestales de la región es el Tapón del Darién, con una extensión de 5.750 km2 de selva tropical que sirve de frontera natural entre Colombia y Panamá.

“En América Latina contamos con una parte muy significativa de la riqueza forestal del planeta. Muchas veces vemos eso como una reserva de capital”, manifestó a Bloomberg Línea Cristina Helena Pinto de Mello, profesora de Economía en la Pontifícia Universidade Católica de São Paulo (PUC).

“Se ve como una reserva de recursos que puede convertirse en actividad económica y no exactamente como un activo estratégico para el desarrollo y el bienestar”.

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Para alcanzar la deforestación cero en América Latina, la académica dijo que no basta con fiscalizar y sancionar, sino que es necesario cambiar la estructura de incentivos para que conservar y usar de manera sostenible los bosques sea económicamente más rentable.

También implica avanzar en la regularización de la tierra, promover cadenas productivas libres de deforestación y con sistemas de trazabilidad, y aumentar el valor económico de los productos de la bioeconomía.

La generación de alternativas de ingresos para las poblaciones locales también es fundamental. “Es imprescindible crear alternativas de desarrollo para esas poblaciones y territorios que dependen de esas actividades”.

“Un bosque no solamente vale por el carbono que almacena o por el impulso al PIB, sino que sostiene especies, culturas, es el territorio de pueblos indígenas, de comunidades, de muchas formas de vida que no se pueden reemplazar con una compensación monetaria”, dijo a Bloomberg Línea Laura Caicedo, coordinadora de campañas para la ONG ambientalista GreenPeace Colombia.

A su juicio, la cuestión de fondo es qué modelo de desarrollo se quiere construir alrededor del bosque para que todavía siga en pie.

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Los 10 países con mayor pérdida neta anual de superficie forestal, 2015-2025

ClasificaciónPaísCambio neto anual (1.000 ha/año)Cambio neto anual (%)
1Brasil-2.942-0,59
2Angola-510-0,77
3Tanzania-469-1,02
4Myanmar-290-1,01
5República Democrática del Congo-283-0,20
6Mozambique-267-0,79
7Camboya-251-3,29
8Perú-239-0,35
9Bolivia-232-0,42
10Paraguay-207-1,34

Fuente: Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2025, de FAO.

Según GreenPeace, países de la región como Brasil, Bolivia y Perú están entre los 10 con mayor pérdida de bosque tropical primario de todo el mundo.

“Si miramos a nivel global, esto es algo que tiene que encender las alarmas”, anotó Caicedo.

En Colombia, por ejemplo, un monitoreo satelital de GreenPeace identificó cerca de 8.900 hectáreas deforestadas durante 2025 dentro de tres Parques Nacionales Naturales de la Amazonía colombiana: Sierra de La Macarena, Serranía de Chiribiquete y Tinigua.

Estos tres parques acumulan más de 95.867 hectáreas deforestadas desde 2013.

Esto evidenciaría que no se trata únicamente de un mal año para la Amazonía colombiana, sino de una presión territorial persistente incluso en áreas de máxima protección, de acuerdo con esa organización.

Para la vocera de GreenPeace, no basta con medir la pérdida en hectáreas, sino que también hay que evaluar la integridad ecológica.

Un bosque puede conservar parte de su cobertura y, aun así, haber perdido conectividad, especies, capacidad de regeneración e incluso resiliencia.

“Por eso es importante que sean áreas clave protegidas realmente en la acción, no solo en el papel”, reflexionó Caicedo. “Y aquí el mayor indicador de éxito no va a ser simplemente que digamos: ‘Se perdió menos que el año pasado’. La pregunta es, ¿estamos construyendo una reducción sostenida? ¿Estamos realmente llegando a la deforestación cero? Eso es lo que tenemos que conversar hoy, más allá de la cobertura que tenemos en el mapa”.

El mapa forestal mundial

Se estima que la superficie forestal mundial en 2025 era de 4.140 millones de hectáreas.

Esta cifra representa el 32% de la superficie terrestre total, según información de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Europa representa el 25% de la superficie forestal mundial, seguida por Sudamérica (20%), Norteamérica y Centroamérica (19%), África (16%), Asia (15%) y Oceanía (4%), de acuerdo con la Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2025, de FAO.

Un 54% de la superficie forestal mundial se encuentra en solo cinco países: Rusia, Brasil, Canadá, Estados Unidos y China.

De acuerdo con el balance de la FAO, un 45% de los bosques del mundo se encuentra en la región climática tropical, mientras el 28% en la boreal.

Precisamente, la riqueza forestal de América Latina se debe en buen parte a la Amazonía, considerada la selva tropical más grande del mundo.

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A pesar de sus vastos recursos, la paradoja es que Sudamérica perdió más bosques que cualquier otra región del mundo entre 2015 y 2025, según Naciones Unidas.

Es decir, vio desaparecer unos 41 millones de hectáreas en ese período, un promedio de 4,10 millones cada año.

“La pérdida incluye más de diez millones de hectáreas de bosques primarios: ecosistemas antiguos, densos y difíciles de reemplazar, esenciales para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación del clima”, señala Naciones Unidas.

Brasil cuenta con 486,1 millones de hectáreas de superficie forestal (representando el 12% del total mundial), posicionándose como el de mayores reservas en la región.

Perú le sigue en América Latina con 67,16 millones de hectáreas de bosque (correspondientes al 2% del total mundial).

Luego están en la región México con 66,27 millones; Colombia, con 59,45 millones; Bolivia, con 54,37 millones; Venezuela, con 47,1 millones; Argentina, con 46,61 millones; Guyana, con 18,38 millones y Chile, con 18,16 millones.

Más abajo figuran Surinam, con 14,67 millones; Paraguay, con 14,30 millones; y Ecuador, con 12,31 millones.

Después aparecen Honduras, con 5,86 millones; Nicaragua, con 4,78 millones; Panamá, con 4,61 millones; Cuba, con 3,62 millones; Guatemala, con 3,54 millones; Costa Rica, con 2,3 millones; República Dominica, con 2,26 millones y Uruguay, con 2,06 millones.

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El flagelo de la deforestación

De acuerdo con el último reporte de la FAO, la deforestación global se desacelera, pero aún se pierden 10,9 millones de hectáreas por año.

La mayor parte de la deforestación registrada entre 1990 y 2025 ocurrió en la región tropical (88%).

“Estamos ante una situación paradójica porque en 2025 la pérdida mundial de bosque tropical primario cayó un 36% frente a 2024, pero aun así se perdieron 4,3 millones de hectáreas de bosque, es decir, más o menos 11 campos de fútbol por minuto. Y América Latina está muy expuesta”, manifestó Caicedo.

La vocera de Greenpeace Colombia señala que la deforestación es uno de los principales flagelos para los bosques en América Latina, pero advierte que no se trata únicamente de la pérdida de árboles, sino también de una disputa por el uso y control del territorio.

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Aunque las dinámicas varían entre países como Brasil, Colombia y Perú, la expansión agropecuaria sigue ejerciendo una de las principales presiones sobre los bosques.

A esta se suman actividades como la minería, la construcción de infraestructura y vías, los incendios forestales, las extracciones ilegales y distintas economías ilícitas.

Por ello, considera necesario analizar qué actividades están “recibiendo incentivos y quiénes se benefician de la transformación de los bosques”.

En algunas zonas de la Amazonía, explica Laura Caicedo, la expansión de pastizales y del ganado puede ser también una forma de consolidar el control sobre la tierra.

En este contexto, sostiene que la trazabilidad es fundamental para enfrentar el problema, pues es la que “va a permitir poder tomar acciones más conscientes y realmente proteger el uso del suelo de los bosques tropicales”.

Presiones múltiples sobre los bosques

Según Caicedo, el impacto más preocupante es que la deforestación, la minería, la expansión agropecuaria y el cambio climático no actúan por separado, sino que se refuerzan entre sí.

Además, “van erosionando la capacidad de los bosques tropicales para seguir funcionando como ecosistemas”.

El cambio en el uso del suelo ocurre cuando un bosque que debería ser protegido y conservado es reemplazado por otras actividades, como la ganadería o los monocultivos.

En Brasil, por ejemplo, la pérdida está vinculada a una combinación de ganadería, producción extensiva de soja, especulación sobre la tierra e infraestructura.

Mientras que en otras partes de la región, como Guyana, aumenta la presión por minería.

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En Centroamérica, algunos de los factores detrás de la destrucción de bosques incluyen la agricultura extensiva, los asentamientos y los incendios, “que han tenido un peso importante”.

Las actividades de minería ilegal también implican la apertura de caminos y presiones sobre ríos y suelos, generando a su vez contaminación y la entrada a territorios antes relativamente aislados. “Esto tiene consecuencias impresionantes sobre la biodiversidad, que van mucho más allá de perder hectáreas de bosque”, según Caicedo.

De acuerdo con GreenPeace, cuando el bosque se fragmenta, las especies pierden corredores y áreas de alimentación y reproducción, se disminuye la conectividad y también se debilitan las relaciones ecológicas fundamentales.

Por ejemplo, un jaguar necesita grandes territorios conectados, mientras que muchas aves y primates también dependen de bosques continuos.

Los ecosistemas acuáticos también están sufriendo alteraciones de cuencas y, a todo esto, se suma el cambio climático.

Los bosques tropicales almacenan enormes cantidades de carbono y son claves para la lucha contra esta crisis porque ayudan a regular las lluvias y el ciclo hidrológico.

Entonces, si se degrada el bosque, se pierde parte de esta capacidad.

Al mismo tiempo, la combinación de eventos climáticos extremos como El Niño, las altas temperaturas y períodos más secos aumentará la vulnerabilidad de la región frente a los incendios.

El resultado puede ser un círculo “muy peligroso porque hay menos bosque, hay más emisiones de CO2, hay menos regulación del agua y el clima extremo vuelve al bosque restante aún más vulnerable”, advierte Caicedo.

Desde Greenpeace explican que no basta con restaurar los bosques después de perderlos: la prioridad debe ser evitar su transformación, proteger los que aún están en pie y frenar las actividades que impulsan la deforestación.

“Restaurar claramente es necesario, pero un bosque tropical maduro, las especies que habitan y las relaciones ecológicas no se reemplazan simplemente plantando más bosques, hay que tener una mirada más sistémica”.

Ante estos retos, organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza han planteado mecanismos como el Tropical Forest Forever Facility (TFFF), que recompensa a los países por mantener sus bosques en pie.

Por medio de este mecanismo, canaliza financiamiento directamente hacia los pueblos indígenas y las comunidades locales, combinando financiamiento público, privado y filantrópico para proteger los bosques tropicales en más de 70 países.