Bloomberg Línea — El crimen organizado ya opera en al menos el 67% de los municipios amazónicos de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, generando impactos medioambientales y sociales profundos por cuenta del narcotráfico, la minería ilegal y la deforestación, según una nueva investigación del International Crisis Group.
El crimen organizado se ha convertido en uno de los principales obstáculos para los esfuerzos por frenar la destrucción ambiental en la Amazonía y salvar uno de los ecosistemas más importantes del planeta.
“Lo que antes era principalmente un desafío de conservación se ha convertido en una crisis de gobernanza y seguridad, lo que hace mucho más difícil que los Estados cumplan sus planes de protección ambiental”, dijo el experto de Crisis Group en materia de conflictos y medioambiente, Bram Ebus.
“Los Estados con territorio en la Amazonía deben hacer un mayor esfuerzo por armonizar su legislación en materia de delitos medioambientales, compartir información de inteligencia, combatir la corrupción y hacer frente a los flujos financieros ilícitos”, anotó.
El narcotráfico y la minería ilegal son los dos negocios ilícitos más responsables de la violencia en la Amazonía, en donde los residuos químicos de estas actividades degradan permanentemente los cursos de agua y los bosques, según el informe El saqueo de la selva: Blindar a la Amazonía del crimen organizado.
Más allá del daño ambiental directo, “los ingresos de ambas actividades suelen blanquearse y reinvertirse en actividades conexas que exacerban la deforestación, como la apropiación ilegal de tierras y la ganadería”, indica International Crisis Group.
“Las empresas privadas han sido las principales beneficiarias del control estatal fragmentado en la Amazonía y las mayores fuentes de daño ambiental”, añade.
La ganadería, por ejemplo, es responsable del 84% de la pérdida de 54,2 millones de hectáreas de bosque en la Amazonia entre 2001 y 2020, una superficie del tamaño de Francia, indica el reporte.
Ver más: Investigación: El implacable ciclo de la pobreza de la Amazonía
El reporte advierte que las organizaciones del crimen organizado han detectado las oportunidades que ofrecen los “Estados débiles o ausentes”.
“Las redes criminales, que se mueven con facilidad a través de fronteras sin vigilancia, trafican con mercancías, personas, fauna silvestre y armas”, dice el informe.
Con aproximadamente una quinta parte de la Amazonía original ya deforestada, International Crisis Group señala que la región está alcanzando el “umbral crítico” del 20-25% que podría desencadenar un “colapso ecológico”.
“Superado este límite, el sistema de reciclaje de lluvia de la selva, mediante el cual los árboles generan la precipitación necesaria para su supervivencia, colapsaría, secando grandes áreas y aniquilando su capacidad de regeneración como selva tropical”, indica.
Operaciones criminales en la Amazonía

Del lado brasileño, los autores constatan que la expansión de los grupos criminales Comando Vermelho y Primeiro Comando da Capital (PCC) transformó el panorama delictivo de la Amazonía en los últimos 15 años.
De acuerdo con el reporte, el Comando Vermelho trafica con cocaína comprada en Colombia a través del río Negro, que discurre a lo largo de la frontera entre ese país y Venezuela antes de entrar en Brasil.
En la Amazonía, la presencia de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN) también amenaza la sostenibilidad de este territorio por medio de sus operaciones criminales.
International Crisis Group dice que su presencia se extiende por los estados venezolanos de Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro, que limitan con Colombia, Brasil y Guyana, respectivamente. “Estos territorios, ricos en oro y minerales estratégicos, albergan importantes corredores de narcotráfico hacia Brasil”.
Y en Ecuador, el grupo armado ecuatoriano Los Choneros, principal rival de Los Lobos, ha expandido su presencia con violencia en la Amazonía en los últimos años para quitarle el control de las rutas del narcotráfico y de las minas de oro.
Muestra de esta ola de violencia es que las tasas de homicidio en las provincias amazónicas ecuatorianas aumentaron de 10 por cada 100.000 habitantes en 2021 a más de 50 en 2024.
En general, dice que mientras que América Latina registra las tasas de homicidios más altas del mundo, las zonas amazónicas a menudo superan estos promedios. “Los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes, los campesinos y los defensores ambientales representan un porcentaje desproporcionado de estas muertes”.
Entre 2012 y 2022, la Amazonía concentró una gran parte de los casi 2.000 defensores del medioambiente y la tierra asesinados en todo el mundo.
Colombia y Brasil representaron más del 40% del total.
La amenaza de la cocaína y la minería ilegal

Según el reporte, “el tráfico de cocaína desde la región andina a través de Brasil está en aumento, impulsado por la demanda de los consumidores y por el deseo de los traficantes de evitar otras rutas más vigiladas”.
Una de las conclusiones es que el aumento de la demanda de cocaína en Europa y las operaciones de seguridad en las rutas tradicionales han empujado a los traficantes hacia rutas de transbordo menos directas, incluso a través de la Amazonía.
A este fenómeno se suma el impacto de la minería ilegal de oro en medio de la disparada de precios que tuvo ese metal precioso en los últimos tiempos.
Estas actividades delictivas perjudican el medioambiente tanto directa como indirectamente.
“El uso de mercurio o cianuro para extraer oro, y de ácido clorhídrico y gasolina para refinar los cultivos de coca y convertirlos en cocaína, contamina los ríos, el suelo y la vegetación durante años”, dice el documento.
Para sus actividades delictivas, los grupos criminales abren caminos en la selva que facilitan la tala y la expansión agrícola y ganadera.
Es así que más del 70% de la deforestación en la Amazonía ocurre a menos de 50 kilómetros de estas rutas.
Según datos recopilados en el reporte, se estima que a nivel mundial los ingresos anuales derivados de los delitos ambientales ascienden a entre US$110.000 y US$281.000 millones.
Y “en América Latina, la selva amazónica es una de las principales fuentes de estos ingresos”.
Ver más: Calor extremo amenaza a más de 1.000 millones de personas: así podría mitigarse el impacto













