Con Bolivia próximo a sumarse, estos son los países más endeudados con el FMI en Latinoamérica a julio

Argentina concentra la mayor presión, con una posición frente al FMI muy superior a la del resto de la región, mientras que Ecuador y Costa Rica aparecen como casos de financiamiento asociado a programas de ajuste, liquidez y credibilidad.

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Bloomberg Línea — Bolivia podría sumarse a la lista de países endeudados con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en América Latina, en donde economías como la de Argentina, Costa Rica y Ecuador enfrentan los mayores compromisos hasta mediados de 2026.

El posible regreso de Bolivia al FMI evidencia que varios países de la región siguen dependiendo del organismo como fuente de financiamiento y sello de credibilidad en un contexto de acceso más caro y limitado a los mercados, según analistas consultados por Bloomberg Línea.

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“Bolivia está cerca de un programa con el FMI de alrededor de US$3.000 a US$3.500 millones y eso refleja una situación macro muy delicada”, dijo Jonathan Fortun, economista sénior del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés).

El país andino enfrenta una delicada combinación de déficit fiscal elevado, reservas bajas, escasez de divisas, inflación más persistente, presión sobre combustibles y un régimen cambiario que “ya no puede funcionar como antes”.

Para Fortun, la emisión reciente de US$1.000 millones en bonos muestra que Bolivia todavía puede acceder al mercado, aunque considera que el costo fue alto. “Volver al mercado a cinco años con una tasa cercana a 10% no es una normalización plena. Es financiamiento caro para ganar tiempo”, anotó.

El ministro de Economía boliviano, José Gabriel Espinoza, confirmó que el Gobierno buscará un acuerdo con el FMI para inyectar recursos en la golpeada economía del país. “Nada de lo que nosotros hacemos tiene una imposición o una sugerencia de organismos extranjeros, es lo que hay que hacer para darle certidumbre a la economía”, dijo el ministro en declaraciones publicadas por Unitel.

Bolivia también está avanzando hacia un sistema de tipo de cambio flexible para fortalecer la estabilidad macroeconómica, anunció el Ministerio de Economía y Finanzas. La medida ayudará a que las exportaciones bolivianas sigan siendo competitivas, señaló el Gobierno.

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En visión del economista del IIF, el caso boliviano podría evidenciar un problema de secuencia entre el regreso al mercado internacional de deuda y el inicio de un programa con el FMI.

“Idealmente, un programa con el FMI debería venir primero, porque reduce incertidumbre, ordena el marco fiscal y cambiario, y permite que el país vuelva al mercado con una prima de riesgo más baja”, según Fortun. “Emitir antes del ancla multilateral puede ser entendible por necesidades de caja, pero también revela urgencia”.

En Bolivia, el financiamiento externo no resolvería por sí solo el problema.

El país se enfrenta a la necesidad de reconstruir reservas, corregir el desequilibrio fiscal, normalizar el mercado cambiario y proteger a los sectores más vulnerables en medio de fuerte presión social.

“El problema boliviano no es solo de liquidez externa. Es un problema de régimen macro, con subsidios costosos, déficit persistente, pérdida de ingresos por gas, distorsiones cambiarias y demanda reprimida de dólares. Un programa exitoso tendría que ordenar todo eso gradualmente, no solo desembolsar recursos”, dijo Fortun.

Panorama de la deuda regional con el FMI

La relación con el FMI sigue siendo “un termómetro de fragilidad externa en algunos países”, especialmente cuando el acceso al mercado es caro o limitado, pero no describe a toda América Latina, manifestó a Bloomberg Línea la analista de mercados de la app de inversiones XTB, Emanoelle Santos.

Explica que Argentina concentra la mayor presión, con una posición frente al FMI muy superior a la del resto de la región, mientras que Ecuador y Costa Rica aparecen más bien como casos de financiamiento asociado a programas de ajuste, liquidez y credibilidad.

En la región hay países en donde los programas con el FMI funcionan como ancla de credibilidad y liquidez porque el acceso al mercado todavía es parcial, caro o muy sensible al riesgo político.

En otros casos, como El Salvador, el programa ayuda a sostener una trayectoria fiscal que viene mejorando, pero en un contexto donde el costo de intereses sigue siendo alto y el financiamiento oficial todavía cumple un papel relevante.

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En el actual contexto, “el caso más sensible es el de Bolivia, porque el shock energético agrava una situación que ya venía tensionada por subsidios, menor disponibilidad de divisas y presión social”, apuntó Santos.

A nivel global, recuerda la analista, el FMI advierte que la deuda pública sigue en niveles históricamente altos, mientras los costos de financiamiento están por encima de los del período prepandemia y los mercados son menos tolerantes con desvíos fiscales.

Emanoelle Santos dice que este “contexto hace más valioso tener acceso a multilaterales, pero también más exigente sostener la disciplina fiscal”.

Si bien los analistas consideran que la región no está en una crisis sistémica como en los ochenta o noventa en relación con la deuda, los países con baja calificación, poco crecimiento y necesidades altas de refinanciamiento siguen dependiendo mucho de la validación de los multilaterales.

Lupa sobre los compromisos con el FMI

En Argentina, Fortun dice que el superávit comercial, la acumulación de reservas y la reapertura gradual del crédito en dólares muestran que “el programa está ganando algo de tracción”.

“Pero el punto central sigue siendo 2027. Ese año combina vencimientos muy altos, elecciones presidenciales y una posición de reservas que todavía necesita fortalecerse”, dice el economista.

Desde el IIF calculan que los vencimientos de capital de Argentina con el FMI y los acreedores privados rondarán los US$23.000 millones en 2027 y superarán los US$30.000 millones al incluir los intereses.

En ese contexto, el mercado no solo estaría atento al cumplimiento de las metas fiscales, sino también a la capacidad del Banco Central de la República Argentina (BCRA) para acumular reservas netas por encima de la meta mínima fijada para este año.

El analista del IIF expone que Costa Rica está en una situación distinta, ya que la presión no es de crisis, sino de costo fiscal y refinanciamiento.

De acuerdo con Fortun, el país centroamericano tiene más credibilidad institucional y mejor acceso que Argentina o Bolivia, pero las tasas globales altas hacen que el servicio de la deuda pese más en el presupuesto.

Además, el frente externo se está volviendo menos cómodo, dijo el economista del IIF.

La balanza comercial se está deteriorando por importaciones más fuertes, mayores costos energéticos y presión sobre exportadores.

“Sigue siendo manejable, pero con menos margen si el financiamiento externo se encarece más”, anotó.

Ecuador, por ahora, tiene una posición de corto plazo relativamente más favorable, en visión del IIF.

El precio del petróleo le está dando oxígeno externo y fiscal a Ecuador, que logró volver al mercado internacional.

Eso reduce la presión inmediata del servicio de deuda, pero la mejora depende de condiciones que no controla plenamente como petróleo alto, disciplina fiscal y estabilidad política.

Fortun manifestó que “si el petróleo cae o si el gasto vuelve a desviarse, la relación con el FMI vuelve a ser más central”.

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Sobre El Salvador expresa que la consolidación fiscal viene avanzando y el balance primario se mantiene en superávit, lo que diferencia al país de los casos de estrés más agudo.

“Pero el pago de intereses sigue siendo una carga pesada y las necesidades de financiamiento de 2026 dependen en buena medida de apoyo externo presupuestario, sobre todo multilateral y bilateral”, dijo Fortun.

En ese sentido, el FMI no aparece como la única fuente de financiamiento, pero sí como parte de una arquitectura de credibilidad que permite reducir la presión sobre el mercado doméstico y evitar un deterioro mayor de la posición externa.

El riesgo hacia 2027, de acuerdo con el economista del IIF, es que las presiones electorales y el gasto social o de infraestructura compliquen la meta de consolidación.

Países más presionados

Hacia el cierre de 2026, Fortun dice que los países que podrían enfrentar mayores tensiones son aquellos donde coinciden factores como un crecimiento bajo, déficits fiscales persistentes, vencimientos en moneda dura y ruido político.

“Argentina sigue siendo el caso más visible por la pared de vencimientos de 2027. Bolivia está en el centro del radar por la combinación de escasez de divisas, pérdida de reservas, presión fiscal y conflictividad social. Ecuador es vulnerable si se revierte el viento de cola petrolero”, apuntó.

En ese sentido, dijo que El Salvador no parece encaminado a una crisis inmediata, pero sí puede enfrentar más presión si el ajuste fiscal pierde fuerza antes de las elecciones de 2027.

En general, según Emanoelle Santos, la dependencia del FMI aumentaría donde se junten tres elementos: acceso caro al mercado, reservas insuficientes y una decisión política de suavizar el shock energético con gasto público.

“El riesgo para América Latina no es únicamente quedarse sin dólares, sino que las tasas altas y el menor crecimiento eleven el costo de refinanciar la deuda justo cuando los gobiernos enfrentan presión social por energía, alimentos y gasto público”, comentó Santos.

La deuda sigue elevada y los emisores de menor calidad han visto menor apetito, vencimientos más cortos y un mayor premio por riesgo, una combinación que vuelve más importante el financiamiento multilateral cuando el mercado se vuelve selectivo, añadió.

Los importadores de petróleo que subsidian precios enfrentan costos fiscales más delicados, mientras Bolivia sufre una presión adicional sobre sus déficits gemelos.

La vulnerabilidad de América Latina ante menor acceso a financiamiento externo es intermedia, pero muy desigual.

La región tiene más deuda en moneda local, más flexibilidad cambiaria y bancos centrales más creíbles que en crisis pasadas.

“Eso reduce el riesgo de contagio regional. Pero para los soberanos más débiles, el cierre del mercado externo se siente rápido. Sube el costo de refinanciamiento, se achica el espacio fiscal, se posterga inversión pública y aumenta la dependencia de multilaterales”, comentó Fortun. En este ciclo, “el financiamiento externo ya no es barato ni automático. Eso vuelve a poner al FMI como prestamista, señal y ancla de credibilidad”.

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