Bloomberg Línea — Argentina, Chile, Paraguay y otras economías de Centroamérica y el Caribe aumentaron el salario mínimo en el transcurso de 2026, en un delicado balance que busca proteger los ingresos de los hogares y contener las presiones inflacionarias.
Para el 2026, el salario mínimo real subió en la mayoría de las principales economías de la región.
Durante 2026, estos aumentos en América Latina han respondido, principalmente, a factores como la recuperación del poder adquisitivo perdido durante el episodio inflacionario de 2021-2024.
Asimismo, a presiones políticas y sociales para mejorar los ingresos reales, y mercados laborales relativamente resilientes en varios países, dijo a Bloomberg Línea José Luis Mojica, gerente de Investigaciones Macroeconómicas de Bancolombia.
“Una parte importante de los ajustes recientes ha representado ganancias reales de poder adquisitivo”, señaló el analista de Bancolombia.
Ver más: Así se movió la inflación en América Latina en mayo de 2026
Tras la moderación de la inflación observada desde 2024, varios países mantuvieron aumentos salariales superiores a la variación de precios, permitiendo recuperar parte de las pérdidas acumuladas durante el período inflacionario.
Sin embargo, la magnitud de la mejora varía considerablemente.
En algunos casos, los incrementos apenas compensan pérdidas previas, mientras que en otros generan aumentos reales significativos.
“La sostenibilidad de estas mejoras depende de que estén respaldadas por ganancias de productividad y de que no desencadenen efectos inflacionarios posteriores”, advirtió Mojica. “Si los salarios crecen mucho más rápido que la productividad durante varios años, la mejora inicial puede perderse mediante mayores precios o menor empleo formal”.
El aumento del salario mínimo en grandes economías de Latinoamérica como Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia no fue efectivo para generar una recuperación generalizada del salario real privado/formal, manifestó a este medio Juan Pablo Filippini, profesor de Economía de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, en Argentina.
“El salario mínimo sí recuperó poder de compra en varios países, pero esa mejora no se trasladó automáticamente al salario real privado formal”, anotó Filippini.
| Indicador (Marzo 2026 vs. Diciembre 2025) | Argentina | Brasil | México | Colombia | Chile |
|---|---|---|---|---|---|
| PBI | 0,5% | 1,1% | -0,6% | 0,6% | -0,3% |
| Inflación | 9,4% | 1,4% | 6,8% | 3,1% | 1,4% |
| Salario real mínimo | -3,3% | 5,3% | 5,8% | 19,3% | 0,5% |
| Salario real sector privado registrado | -3,8% | -0,5% | -1,1% | -1,1% | -0,1% |
Fuente: Universidad Austral.
De acuerdo con su análisis, en Colombia el salario mínimo real subió un 19,3%, pero el proxy de salario privado/formal cayó un 1,1% real.
En México, el mínimo real subió un 5,8%, mientras el salario formal IMSS cayó un 1,1% real.
En Brasil, el mínimo real subió un 5,3%, mientras el salario formal proxy cayó un 0,5% real.
“En Argentina, caen ambos. Esto sugiere que la herramienta no necesariamente arrastra al conjunto del salario real”, dijo.
Explicó que un aumento del salario mínimo puede ser absorbido sin mayores efectos de precios si acompaña no solo con mejoras de productividad, sino también con un crecimiento de la demanda y mayor competencia por trabajadores.
Pero cuando el salario mínimo sube más rápido que la productividad, especialmente en sectores intensivos en mano de obra y empresas de baja escala, el ajuste puede trasladarse a precios, márgenes empresariales, horas trabajadas, menor contratación formal o más informalidad.
Riesgos inflacionarios

El principal riesgo inflacionario surge cuando los aumentos salariales superan de forma persistente la productividad laboral, según los analistas consultados.
Uno de los riesgos es que los costos laborales crezcan más rápido que la capacidad de las empresas para absorberlos.
Cuando esto ocurre, algunas compañías pueden reducir contrataciones, aplazar inversiones o trasladar parte de los mayores costos a los consumidores.
Los efectos suelen sentirse con mayor intensidad en pequeñas empresas y sectores con baja productividad.
También existe el riesgo de reforzar mecanismos de indexación y elevar las expectativas de inflación.
En general, “el impacto depende de factores como la informalidad, el ciclo económico y la credibilidad de la política monetaria”, afirmó el analista de Bancolombia, José Luis Mojica. “Los riesgos son mayores en países donde la inflación aún no converge plenamente a la meta, como Colombia”.
Las brechas se mantienen

En términos de salario mínimo real (poder de compra dentro de cada país) no se observa convergencia regional, sino una ampliación de brechas.
En 2026 hubo una mejora real del salario mínimo en la mayoría de los países analizados, pero no una recuperación generalizada del salario real.
La diferencia es importante: el incremento del piso salarial legal no necesariamente se traduce en una mejora del ingreso real del conjunto de los trabajadores.
“Desde 2016, México y Colombia acumulan aumentos reales muy superiores; Brasil y Chile muestran trayectorias más moderadas; y Argentina registra una pérdida persistente de poder adquisitivo”, dijo Juan Pablo Filippini
Sin embargo, cuando la comparación se hace en dólares corrientes, “aparece una convergencia parcial en algunos países hacia un rango cercano a los US$500 mensuales”.
Es decir, en moneda local real, las trayectorias se están separando.
Y en dólares corrientes algunos países parecen acercarse a un piso regional de referencia, pero esa comparación depende mucho del tipo de cambio y no necesariamente refleja poder adquisitivo doméstico.
“Por eso, mi lectura es que no hay una convergencia estructural de salarios mínimos en la región. Hay una convergencia parcial en dólares entre algunos países, pero una divergencia clara en términos de poder de compra real y de modelos de política salarial”, anotó el académico Filippini.
Países como Uruguay, Chile y Costa Rica mantienen salarios mínimos muy por encima de economías de menor ingreso como Venezuela o Cuba.
Aunque muchos países han implementado incrementos reales del salario mínimo, las diferencias en productividad, inflación, tipo de cambio y nivel de desarrollo económico continúan generando estas divergencias significativas.
Además, la comparación regional se complica por las diferencias en costo de vida y poder adquisitivo.
Según José Luis Mojica, algunos países han registrado aumentos muy agresivos para recuperar ingresos, mientras otros han optado por ajustes más prudentes para evitar presiones inflacionarias.
En consecuencia, no se observa una convergencia clara a nivel regional.
La efectividad no ha sido igual para todos

“En algunos países de la región los aumentos salariales han superado la inflación reciente, lo que ha permitido recuperar parcialmente el ingreso real perdido durante los años de alta inflación”, consideró Mojica.
Esto ha sido particularmente visible en trabajadores formales que reciben ingresos cercanos al salario mínimo.
Sin embargo, la efectividad no ha sido igual para todos.
Ver más: Los países en Latinoamérica que concentran algunas de las tasas de interés más altas del mundo
En América Latina una parte importante de la población trabaja en condiciones informales y no siempre se beneficia directamente de estos ajustes.
En economías con alta informalidad, el salario mínimo sigue siendo una referencia importante.
Muchos trabajadores informales no reciben exactamente ese salario, pero sí utilizan el mínimo como punto de referencia para negociar remuneraciones o valorar sus ingresos.
Además, numerosos contratos, tarifas y beneficios suelen tomarlo como referencia implícita o explícita.
El problema es que su capacidad para mejorar efectivamente los ingresos disminuye cuando una gran parte de la fuerza laboral permanece fuera de la formalidad.
Ver más: Del salario mínimo al estrés fiscal en Colombia: impacto en deuda y mercados
En esos casos, “aumentos muy elevados pueden incluso incentivar que algunas empresas eviten la formalización para reducir costos”, apuntó José Luis Mojica. Por eso, “el impacto del salario mínimo suele ser mucho más positivo cuando va acompañado de medidas que faciliten la formalización y aumenten la productividad laboral”.
Además, si los incrementos terminan generando mayores costos para las empresas o presiones sobre los precios, parte de la ganancia inicial puede diluirse con el tiempo.
En ese sentido, dijo que “el salario mínimo ayuda a proteger ingresos, pero por sí sólo no resuelve problemas estructurales como la baja productividad o la informalidad”.













