Bloomberg Línea — Las proyecciones del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) anticipan que la trayectoria de la inflación en Bolivia en los próximos años podría ser “más accidentada” de lo que sugieren las cifras actuales.
El escenario base del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) asume que las autoridades eventualmente deberán ajustar el tipo de cambio oficial desde el nivel actual cercano a Bs.7 por dólar hacia una zona más próxima a Bs.9 por dólar alrededor de mediados de 2026.
“Ese movimiento implicaría una depreciación cercana a 30% y, como suele ocurrir en economías emergentes con regímenes cambiarios rígidos, el impacto sobre los precios sería relativamente rápido”, dijo a Bloomberg Línea Jonathan Fortun, economista del IIF. “En nuestros ejercicios, ese ajuste cambiario empujaría nuevamente la inflación anual hacia la zona de 20% poco después de la depreciación”.
La inflación en Bolivia cayó desde el 19,64% interanual en enero al 17,41% en febrero, aunque las presiones sobre los precios persisten, informó el Instituto Nacional de Estadística de Bolivia (INE).
En comparación al mismo mes del año pasado, la inflación sigue siendo alta, puesto que en febrero de 2025 fue del 13,22%.
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INE informó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en febrero pasado una variación mensual negativa de 0,62% respecto a enero.
Para Fortun, el dato de febrero es una señal positiva en el margen porque “confirma que el episodio inflacionario más agudo que vivió Bolivia durante 2025 probablemente ya quedó atrás".
Después del fuerte shock inflacionario del año pasado, algunos indicadores más persistentes comienzan a mostrar señales de moderación.

Sin embargo, incluso con esta moderación reciente, señala que la inflación subyacente sigue siendo “extremadamente elevada” si se la compara con el comportamiento histórico de la economía boliviana.
Durante gran parte de la década previa a la pandemia, la inflación sin alimentos se movía típicamente en un rango cercano a 1%–2% anual.
En la actualidad, añadió Fortun, ese mismo indicador sigue en torno a 16%, lo que implica que el régimen inflacionario de la economía todavía se encuentra muy lejos de los niveles de estabilidad que caracterizaron el periodo anterior.
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Por eso, “aunque la moderación reciente es un desarrollo positivo, sería prematuro interpretar estos datos como una normalización completa del proceso inflacionario”, en opinión del economista.
Las tensiones en el frente externo, el nivel reducido de reservas internacionales y las distorsiones cambiarias continúan representando fuentes potenciales de presión sobre los precios.
Especialmente, dice que la expectativa se concentra en la evolución de los precios internacionales del petróleo en el contexto de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.
Si el encarecimiento del crudo eleva los costos de transporte internacional o de bienes intermedios, prevé que parte de ese aumento puede terminar trasladándose a los precios de importación que enfrenta Bolivia.
En una economía en la que una fracción importante de los bienes de consumo y de los insumos productivos depende de importaciones, estos efectos indirectos pueden terminar filtrándose gradualmente hacia el nivel de precios doméstico.
Asimismo, la atención se centra en las expectativas de depreciación del tipo de cambio oficial o las tensiones en el mercado paralelo que “suelen tener un efecto inflacionario porque elevan el costo en moneda local de los bienes importados”.
Shock inicial
El Instituto de Finanzas Internacionales prevé que la inflación en Bolivia enfrente un shock inicial y comience a moderarse recién en 2027, aunque se mantendría en niveles de dos dígitos.
Fortun dice que la mecánica detrás de ese proceso “es bastante conocida”.
Proyecta que el primer impacto se concentra en alimentos y bienes transables, cuyos precios reaccionan casi de inmediato al encarecimiento del tipo de cambio y al aumento de costos de importación.
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Luego aparece la segunda ronda.
Empresas y servicios comienzan a ajustar precios para reflejar insumos más caros, transporte más costoso y expectativas de inflación más altas.
“En ese momento la inflación núcleo pasa a jugar un papel más importante y el proceso inflacionario deja de estar concentrado únicamente en alimentos”, dice el economista.
Incluso si la depreciación ayudara a aliviar algunas tensiones externas, ve probable que la inflación permanezca en terreno de dos dígitos. “Bajo nuestro escenario base, la inflación comenzaría a moderarse gradualmente después del shock inicial, pero solo convergería hacia niveles cercanos a 12% hacia finales de 2027″.
¿Control de precios?
Según Fortun, es muy probable que las autoridades intenten contener el impacto inicial manteniendo relativamente controlados algunos precios administrados, como transporte, energía o ciertos servicios regulados.
Si bien cree que esa estrategia puede amortiguar el golpe en el corto plazo, “raramente elimina las presiones inflacionarias”.
Expone que en la práctica suele trasladarlas hacia adelante, ya sea a través de mayores costos fiscales o de ajustes diferidos que terminan filtrándose más adelante en la economía.
Este patrón no es inusual.
De acuerdo con IIF, episodios de corrección cambiaria en economías emergentes como Brasil a fines de los noventa, Rusia después de la crisis de 2014 o Argentina en distintos momentos de su historia reciente muestran una dinámica similar.
“Primero llega el salto inflacionario asociado al ajuste del tipo de cambio. Después aparece una fase más prolongada de estabilización en niveles todavía elevados”, comentó Fortun.
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