Ciudad de México — Las importaciones de gasolina en México aún son mayores a la producción doméstica del país a pesar de los esfuerzos de Petróleos Mexicanos, empresa estatal conocida como Pemex.
México importó 529.400 barriles diarios de gasolina durante noviembre de 2025, de los cuales, 68% corresponde a Pemex y el 32% restante a empresas privadas como Valero, ExxonMobil y Koch, de acuerdo con datos compilados por Bloomberg Línea.
El aumento mensual fue de 6%.
En el mismo periodo, Pemex elaboró 413.400 barriles diarios de gasolina. Aunque la petrolera mexicana no ha podido acabar con las importaciones, su producción de gasolinas creció 72% de 2018 a 2025 impulsada por rehabilitaciones.
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Estados Unidos envió a México 538.000 barriles diarios de gasolina durante noviembre de 2025, un aumento mensual de 19%, según las cifras más recientes de la Administración de Información Energética estadounidense.
El promedio anual de importaciones por 485.000 barriles diarios de gasolina también supera en 32% la elaboración doméstica de 356.000 unidades por día, según la secretaría de Energía mexicana, o Sener.
Ambas entidades no especifican sus metodologías que puedan explicar la diferencia contable como la temperatura, aditivos o importaciones de otros países en el caso de la dependencia mexicana.
Bloomberg Línea no pudo consultar a la secretaría de Energía y Pemex sobre el tema por estar fuera del horario laboral.
El Gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, mantiene el objetivo de acabar con las importaciones de gasolinas y diésel en busca de la autosuficiencia en combustibles líquidos con producción de Pemex, una meta política del expresidente Andrés Manuel López Obrador que no pudo cumplir durante su mandato.
El cambio en la producción mexicana de crudo de tipo ligero hacia pesado ha obligado a la empresa mexicana a hacer adecuaciones en sus refinerías desde hace más de una década, pero ha registrado múltiples retrasos en obras clave como la nueva refinería Dos Bocas y las plantas coquizadoras de los complejos de Tula y Salina Cruz, a pesar de ser una prioridad de los Gobiernos de López Obrador (2018-2024) y Sheinbaum.
Pemex atraviesa una compleja situación financiera con una deuda que supera los US$100.000 millones, mientras su producción petrolera está en el nivel más bajo en cuatro décadas, además de impagos a proveedores en el orden de US$28.000 millones.
El Gobierno ha preparado un plan de rescate por US$50.000 millones con el que ha logrado mejorar la calificación crediticia de Moody’s y Fitch Ratings, pero dentro del grado especulativo, conocido en el sector financiero como bono basura.
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