Un partido del Mundial en Miami dispara la demanda mientras crecen las dudas sobre el legado del torneo

Miles de aficionados del fútbol en Miami conservan la esperanza de que los precios de los boletos se reducirán para evitar que los estadios queden a medio llenar.

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Miami, Florida — De todos los partidos de la fase de grupos del Mundial 2026, hay un que parece despertar un interés inusitado y desafiar al resto de la oferta de juegos: el Portugal-Colombia en Miami, el 27 de junio.

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El precio de los boletos de primera categoría, detrás del banquillo donde se sientan los jugadores suplentes, masajistas y cuerpo técnico, se venden entre los US$21.257 y los US$3.574, según el portal de reventa StubHub.

Para la segunda categoría, cerca de las esquinas, tienen un precio que varía entre los US$6.986 (sección 115, cerca de la bandera del tiro de esquina) y los US$3.004 (sección 313, parte superior).

Los boletos de tercera categoría cuestan entre los US$4.182 (detrás del arco, en la sección 356) y los US$2.710 (arriba). Y, finalmente, las entradas de la categoría cuatro tienen un precio entre US$3.216 y US$3.351 (sección 328, arriba).

El partido se jugará en el estadio Hard Rock, de Miami Gardens, que tiene una capacidad para 65.000 espectadores y que actualmente es la sede del equipo de la NFL, Miami Dolphins.

“Yo creo que esos precios están al alcance del 10% de la población de Miami”, dijo Antonio Paz, propietario de la empresa VIP Soccer Travel y socio de Absolut Sport, que ha llevado a miles de clientes a mundiales, olimpiadas y otros eventos deportivos desde el Mundial celebrado en Francia 1998. “Pero hay gente con mucho dinero en muchas latitudes”.

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Los aficionados del fútbol en Miami conservan la esperanza de que los precios se reducirán, o que los estadios estarán a medio llenar. En todo caso, afirman que el legado del Mundial 2026 será efímero.

“Aunque no todos podrán asistir a un partido en el estadio, queremos que cada persona pueda vivir la emoción y el impacto del torneo a través de nuestros programas comunitarios y del FIFA Fan Festival™ Miami”, dijo Jennifer Roche, encargada de asegurarse de que haya un impacto duradero del Mundial del comité organizador del Mundial en Miami.

La FIFA no hizo comentarios sobre el tema, pese a varias solicitudes hechas por Bloomberg Línea.

Una tradición familiar

Desde 1994, el videógrafo colombiano Manuel Rueda y su padre han hecho de los mundiales una tradición familiar. El bogotano calcula que, en ediciones anteriores, invertían alrededor de US$10.000 por persona para asistir a seis o siete partidos, incluida la final.

Pero para el Mundial será distinto: padre e hijo estiman un gasto cercano a US$20.000 cada uno y, aun así, tendrán que resignarse a no ver la final del torneo y abstenerse a ir al partido entre Colombia y Portugal, cuyos precios están por fuera de su presupuesto.

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El partido, que está previsto como cierre de la fase de grupos, combina todos los ingredientes de un gran espectáculo: Cristiano Ronaldo y Bernardo Silva al frente de Portugal y Luis Díaz y James Rodríguez liderando a Colombia. Una cartelera que despierta el interés tanto de los fanáticos del fútbol como de la amplia comunidad colombiana radicada en Florida.

Ambos equipos tienen pretensiones de llegar a las semifinales y el conjunto europeo es candidato al título. Además, al ser el último partido de la fase de grupos, el encuentro podría definir los rivales de ambos equipos en la ronda de dieciseisavos.

Pese a que ningún favorito tiene garantizado su clasificación a las rondas de eliminación directa, como sucedió con las selecciones de Alemania, Italia y Francia que quedaron eliminadas en la primera ronda en el Mundial siguiente al que ganaron la Copa Mundo, se espera que el partido sea observado por un estadio lleno.

La tentación de la reventa

Jared Berger consiguió cuatro boletos al inicio del proceso por US$700 cada uno, y ahora esquiva las llamadas de amigos colombianos para no venderles los tiquetes y observa, en internet, como el valor de los boletos son objeto de oferta y demanda, como si estuvieran en la Bolsa de Valores.

“Puede ser el último partido de Cristiano (Ronaldo) en los mundiales”, dijo Berger, bibliotecario de profesión. “Estoy entusiasmado, pero los precios son una locura”.

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Berger también asistió a varios partidos de fútbol durante el Mundial de 1994 de Estados Unidos. “Podría vender uno de los boletos y recuperar la inversión, pero quedaría mal con un amigo colombiano”.

“Yo creo que el sistema ‘dynamic pricing’ que instituyó la FIFA no era para marcar los precios a cobrar, sino para medir la demanda para cada partido al momento y luego decidir qué precio les pondrán a los boletos”, dice Paz, que gestiona paquetes turísticos desde el Mundial de Francia 1998. El empresario gestiona las entradas a los partidos con las federaciones de fútbol de los países.

La reventa de boletos es permitida en Estados Unidos. Al comprarse en la página de FIFA.com, el ente futbolero cobra un 15% al comprador y revendedor.

¿Un Mundial sin legado?

“Aquí siempre hubo mucho fútbol y se ha vivido con gran pasión”, dijo a Bloomberg Línea Tom Mulroy, conocido como Soccer Tom, que jugó para los Toros de Miami y otros equipos. “En Miami, faltan canchas en barrios donde viven los futboleros. (Son los) barrios de latinos y caribeños, los que han sostenido el fútbol (local) por décadas”.

Mulroy cree que esa necesidad de canchas no la va a suplir el Mundial, pese a que en las ligas y torneos locales de fútbol participan miles de haitianos, argentinos, brasileños, hondureños, colombianos, entre otras nacionalidades.

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Mulroy hizo parte del sorteo mundialista del Mundial de USA 1994 y escribió el libro “90 Minutes with the King: How Soccer Saved my Life”. El título hace alusión a un partido que tuvo que marcar a Pelé.

“Nuestro objetivo es que los jóvenes, las familias y toda la comunidad se sientan parte de esta experiencia única de tener una Copa Mundial en casa”, dijo Roche, del comité organizador de Miami. “Además, junto a diferentes aliados, estamos creando espacios seguros y nuevas canchas en distintas comunidades del sur de la Florida, acompañadas de programación educativa y deportiva gratuita, que continuará activa incluso después del último partido en Miami”.

En uno de estos eventos, organizado en un parque cercano al Hard Rock Stadium, el colombiano Alejandro Silva, que trabaja en la Florida International University, llevó a sus hijos a participar y conocer a Jozy Altidore, exjugador mundialista de Estados Unidos.

Silva, oriundo de Cali, tiene el numero 26 tatuado en su pierna derecha y su mujer viste la camisa albiceleste de Argentina. “Me gustaría ir al Colombia-Portugal, pero no se pudo conseguir a buen precio”, dijo. “Yo podía pagar más o menos hasta $500. Cuando salieron los precios vi que sería más difícil. Están demasiado caros”.

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Dice que su prima consiguió boletos en la lotería de la FIFA. “Ella va y la felicito”, dijo. “Pero yo voy al partido de Uruguay contra Arabia Saudita”.

Buena parte del mercado futbolero de Miami y el sur de la Florida se compone de 400.000 colombianos residentes en el área y fuera de los precios, los partidos se celebran durante el verano floridano y en días laborales.

Seguridad, migración y ICE

Para garantizar que no se repitan los desórdenes y desmanes de la final de Copa América entre Colombia y Argentina el 14 de julio de 2024, la policía va a instalar varios anillos de seguridad para limitar acceso al estadio de las personas que no tengan boletos para el codiciado partido.

En aquella final, que ganó Argentina por la mínima diferencia, y cuyo inicio se retrasó más de una hora, centenares de hinchas de Argentina y Colombia, sin boletos, atropellaron los portones de entrada y la policía reaccionó con violencia cerrándolos.

El presidente de la Federación colombiana de Fútbol, Ramón Jesurún, y su hijo, Ramón Jamil Jesurún, fueron arrestados por la policía esa noche, junto con 27 personas más. Padre e hijo fueron acusados de agresión grave contra funcionario, tras enfrentarse físicamente a personal de seguridad del estadio, cuando intentaban ingresar a la cancha por un túnel habilitado para medios de comunicación, según reportó la agencia The Associated Press (AP).

Críticos de las políticas migratorias de Donald Trump dicen que el endurecimiento de controles fronterizos y las restricciones de visado podrían desalentar la llegada de aficionados extranjeros.

Rodney Barreto, codirector del comité organizador en Miami, resaltó el mensaje del secretario de Estado, Marco Rubio, de que no iba a haber presencia ni redadas migratorias en los estadios donde se celebraban partidos del Mundial.

“Yo le dije a mis amigos en Colombia que no vengan”, dijo Diego Botero, que trabaja en una tienda de artículos deportivos en Miami. “Yo soy ciudadano americano y no me siento bienvenido. Voy a ver los partidos en casa, y con una cerveza”.

Por ahora, el Portugal-Colombia no pierde su encanto. Luis Carlos Perea, defensa central de la selección Colombia y que jugó en el Mundial de USA 1994, vive en Miami, donde maneja una academia de futbol.

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“Yo quisiera ver ese partido en el estadio”, dijo a Bloomberg Línea. “Colombia tiene figuras, aunque no se sabe cómo rendirán y un jugador (Luis Díaz) en la élite mundial. Pero más de US$100 no pago. Y la federación o los organizadores no me han invitado”.