Bloomberg — Un tercer Mundial en su país natal, México, debería ser motivo de enorme entusiasmo para un aficionado al futbol como Roberto Ruano. Pero esta vez no es así.
De niño, viendo los partidos del Mundial desde los palcos de su familia en el entonces Estadio Azteca de Ciudad de México, Ruano fue testigo de cómo Pelé llevó a Brasil al título de 1970 y de la magia de Maradona durante la conquista del campeonato por parte de Argentina 16 años después.
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Ahora, ni siquiera esos recuerdos logran despertar su entusiasmo. Ruano, un abogado de 63 años originario de Ciudad de México, se muestra desencantado con lo que considera una máquina de hacer dinero de la FIFA, incluida una prolongada disputa legal sobre los palcos que aún posee.
“El Mundial, ahora mismo, ya no me interesa”, dijo Ruano. “Todo lo que hacen para sacar dinero, los precios absurdos, los proyectos y obras sin terminar. Así no emocionas a la gente”.
La pasión por el futbol en México sigue siendo fuerte y profunda, pero los elevados precios de las entradas han puesto en evidencia la desigualdad de ingresos y los problemas de asequibilidad, lo que ha generado cierta indiferencia entre algunos aficionados. También ha influido el pobre desempeño de la selección mexicana y el hecho de que, pese a ser presentado como coanfitrión, el país tendrá un papel relativamente limitado, ya que solo albergará alrededor del 13% de los 104 partidos del Mundial.
La FIFA no respondió a una solicitud de comentarios.
El precio de los boletos para el Mundial ha generado críticas e incluso investigaciones desde distintos frentes, y en México muchos consideran que los valores son desproporcionados. La entrada de reventa más barata para el partido inaugural del torneo, el 11 de junio en Ciudad de México, se ofrecía recientemente por unos US$2.000, según el mercado oficial de la FIFA. Esa cifra equivale aproximadamente al doble del salario mensual promedio en México. Las entradas VIP y los paquetes de hospitalidad superan los US$19.000.
“¿Quién diablos va a querer pagar lo que te cuesta una hipoteca para un partido de futbol? Esto es una locura”, dijo Andrés Sahagún, un influencer especializado en futbol que recientemente comenzó a publicar videos en TikTok criticando a la selección mexicana y al Mundial. “Este torneo está completamente fuera de la realidad; por eso la gente no está emocionada”.
La mayoría de las entradas generales para los 13 partidos que se jugarán en México ya se agotaron, aunque en el sitio web de la FIFA todavía permanecen disponibles numerosos palcos de lujo y experiencias prémium.
Los precios del Mundial se han convertido en un tema tan sensible que incluso la presidenta Claudia Sheinbaum se ha pronunciado al respecto. Según explicó, su gobierno se asoció con Grupo Modelo para instalar pantallas gigantes en plazas públicas, de modo que la población pueda ver gratuitamente algunos partidos, incluidos los de México.
El año pasado, Sheinbaum anunció su propia versión de un “Mundial social”, que contempla torneos y clases de fútbol gratuitas, actividades turísticas y exposiciones de arte. También decidió no asistir al partido inaugural y regalar su entrada.
Los habitantes de las ciudades sede —Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México— también han tenido que soportar años de obras públicas relacionadas con el torneo. Muchas siguen sin concluirse, lo que ha provocado congestión vehicular e incluso protestas.
Además, el torneo llega en un momento en que la asequibilidad se ha convertido en una preocupación creciente en las tres ciudades anfitrionas, especialmente en Ciudad de México, donde los precios de la vivienda han aumentado de forma significativa.
A ello se suma la selección nacional, cuyos malos resultados en los últimos años, incluido el último Mundial, han dejado a muchos aficionados con pocas expectativas sobre las posibilidades del equipo.
“A este equipo le faltan figuras, no tiene grandes nombres y no le llega a la gente”, afirmó Gerardo Velázquez de León, periodista especializado en la selección mexicana. Es un equipo “completamente alejado de sus aficionados en México, porque ya casi no juega ahí, prefiere jugar en EE.UU., donde los ingresos por entradas son más altos”.
En el caso de Ruano, el desencanto también está alimentado por su larga batalla legal con la FIFA para conservar sus asientos durante el torneo en el ahora llamado Estadio Banorte. Todavía no sabe si recibirá sus boletos para el Mundial, ya que la FIFA exige a los propietarios de palcos adquirir un paquete de alimentos y bebidas desde US$50.000 para los cinco partidos que se disputarán en Ciudad de México. Ruano y otros propietarios están impugnando esas condiciones ante los tribunales.
“Esto no es lo que se supone que debe ser el fútbol”, afirmó. “Es triste y frustrante ver cómo cosas así están destruyendo poco a poco a los aficionados y su amor por este deporte”.
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