Bloomberg Línea — El dólar empezó en 2026 bajo múltiples presiones. Las apuestas bajistas se intensificaron desde finales de 2025 alimentadas por expectativas de recortes de tasas de la Reserva Federal, y, ahora, el resurgimiento de la política exterior del presidente Donald Trump, y la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, abrieron el año con señales de ruptura del orden internacional.
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Esta situación ha elevado la percepción de riesgo político, que ahora se refleja en la propia dinámica del billete verde. El dilema actual es si los movimientos de Trump pueden deteriorar más la prima de refugio que tradicionalmente ha favorecido a la moneda, en un año que se prevé mayor debilidad.
“El cambio continuo en la política exterior estadounidense, la acción en Venezuela del 3 de enero es la más notable recientemente, ha reforzado los argumentos a favor de la diversificación y las estrategias defensivas fuera del dólar, pero esto no implica una tendencia bajista unidireccional”, consideraron Audrey Childe-Freeman y Stephen Chiu, analistas de Bloomberg Intelligence.
Para los analistas, a lo largo del año se deberá identificar cambios en la política exterior que refuercen la perspectiva periódicamente sobre la moneda. Además, pese a los consensos sobre una tendencia bajista, las cifras de empleo y actividad de inicios de enero provocaron un soporte a inicios de año, lo que vuelve a ubicar a los fundamentos económicos en el centro de la narrativa. Esa tensión entre debilidad estructural y resiliencia táctica, alimentada por la geopolítica, pone en duda el trayecto que tomará la divisa.
El debate sobre el refugio
La reapertura del debate sobre el estatus del dólar como refugio, luego de la operación de EE.UU. en Venezuela o las amenazas sobre Groenlandia, se produce en un momento en que los analistas ya anticipaban una dinámica de depreciación para 2026.
Morgan Stanley (MS) advirtió la semana pasada que la respuesta del dólar a los acontecimientos geopolíticos representaba “una prueba clave para los inversores, a medida que buscan evaluar su estatus como refugio seguro”.
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El banco señaló que uno de los factores que explicaron la debilidad de la divisa en 2025 fue una “prima de riesgo negativa sobre el dólar”, y que este elemento podría “persistir, si no amplificarse, en los próximos días”.
Para OCBC Group Research, la combinación de eventos políticos e incertidumbre institucional en EE.UU., como los cambios en la Fed, alargará las presiones sobre el billete verde en el primer semestre. “Los resultados podrían prolongar las preocupaciones sobre una Reserva Federal más moderada y pesar sobre el dólar a comienzos del año”, según el equipo de estrategia de divisas del banco.
Childe-Freeman y Chiu, los analistas de Bloomberg Intelligence, apuntan a una confluencia de factores cíclicos y estructurales. “La trayectoria bajista del dólar se extiende en 2026″, afirmaron. En ese marco, sostienen que “los elementos estructurales bajistas, incluida la desdolarización, no pueden quedar al margen” durante el año.
En su análisis, los estrategas de Bloomberg Intelligence destacan que los factores cíclicos, como los diferenciales de tasas y las perspectivas de crecimiento relativo, volverán a ser determinantes en los movimientos del mercado cambiario durante 2026.
No obstante, insisten en que estos elementos deben analizarse junto con tendencias estructurales que han ganado peso, como la gradual diversificación de reservas internacionales y la revisión de la posición del dólar en los portafolios soberanos.
La posibilidad de que aumente la percepción de Estados Unidos como un socio volátil también afecta a la moneda. “Si aumenta la probabilidad percibida de decisiones unilaterales o de tensiones con socios clave, algunos actores pueden reducir el peso marginal de activos denominados en dólares o exigir una mayor compensación por mantener la exposición”, señaló Ignacio Mieres, jefe de research de XTB Latam.
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El analista indicó que, en un entorno de volatilidad, “la apreciación puede ser breve, seguida de debilitamiento conforme se normaliza el riesgo”. Para Mieres, los episodios que se han dado en los primeros días de enero reabren el debate, “porque alteran la naturaleza del shock geopolítico que suele favorecer al dólar, al combinar un aumento de la aversión al riesgo con señales de imprevisibilidad estratégica y, en algunos casos, con fricción entre aliados”.
Desde Admirals Latam, Felipe Sepúlveda coincidió en que “el dólar sigue siendo refugio por profundidad y liquidez, pero su ‘premium’ puede erosionarse si el mercado percibe que el riesgo proviene desde EE.UU.”.
En su análisis, una política comercial errática, las dudas sobre la independencia de la Fed y la presión fiscal alimentan un sesgo bajista estructural que “puede hacer que shocks políticos o geopolíticos tengan un impacto ambiguo: refugio de corto plazo, pero debilidad en el mediano plazo”.
Las monedas de América Latina en el radar
En América Latina, la renovada crisis venezolana ha sido observada con cautela por los mercados. Davison Santana, analista de Bloomberg Intelligence, explicó que “los vínculos comerciales y financieros entre Venezuela y sus vecinos son demasiado limitados como para desencadenar una volatilidad amplia de divisas en la región, incluso si la incertidumbre política se profundiza”. El impacto, por tanto, sería de segundo orden.
La mayor presión se concentra en Colombia, donde el peso (USDCOP) puede ser la divisa más sensible al conflicto y, según Santana, más por los continuos choques entre los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro. No obstante, las tensiones se aliviaron un poco la semana pasada tras confirmarse la primera conversación entre ambos mandatarios.
Además, Santana considera que los riesgos podrían moderarse tras las elecciones presidenciales de Colombia en mayo, lo que reduciría la prima de riesgo político.
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México, en cambio, ha mostrado una reacción contenida. “El peso mexicano (USDMXN) se ha mantenido resistente a pesar de los comentarios del presidente Donald Trump señalando el narcotráfico como una preocupación”, dijo Santana. El mantenimiento de relaciones pragmáticas con la presidenta Claudia Sheinbaum y la preservación del marco macroeconómico han limitado el contagio.
El foco más amplio para la región se encuentra en la posible reacción de China. “Un cambio más duro en la retórica de China representa el principal riesgo para los mercados latinoamericanos y globales”, indicó Santana. Beijing fue el principal comprador de crudo pesado venezolano y un posicionamiento más firme podría “aumentar las primas de riesgo geopolítico más allá de la región”.
Chris Turner, jefe de estrategia de mercados de ING, advirtió que si Estados Unidos se ve arrastrado a “un conjunto complicado de operaciones” en países latinoamericanos "los inversores podrían tener una visión más pesimista de su impacto fiscal y del dólar”.
Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria, destacó que el enfoque comercial de la administración Trump también influye en la dirección estructural del dólar. Subrayó que sus políticas apuntan a un billete verde débil y advirtió que “toda la guerra comercial también ha debilitado la dinámica del dólar”.
En su análisis, agregó que existe una transición comercial en curso impulsada por el ascenso de China, lo que contribuye a una diversificación natural de relaciones económicas y refuerza la necesidad de revisar la exposición al dólar en reservas y comercio exterior.
Obstáculos para el sesgo bajista
Pese al ruido político de comienzos de año, el dólar ha encontrado respaldo en los datos macroeconómicos. Las cifras de la economía de Estados Unidos han mostrado fortaleza, lo que ha neutralizado la inestabilidad geopolítica generada por las acciones de Trump.
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Aunque la captura de Maduro y otros acontecimientos de ese tipo parecían presagiar una fuerte caída de la divisa, la moneda estadounidense no solo evitó ese retroceso, sino que ignoró en gran medida estos eventos que algunos esperaban que alteraran el equilibrio global establecido en décadas recientes.
El informe laboral, que se conoció la semana pasada, también sumó un ingrediente sobre las apuestas del billete verde, pues desvaneció por el momento las expectativas de un recorte de tasas de la Fed este mes lo que ayudaría a sostener a la moneda.
Francesco Pesole, estratega de divisas en ING, recordó que “la estacionalidad es positiva en enero” y que, mientras los mercados mantengan una postura tranquila sobre la geopolítica, “los activos de riesgo y las monedas de alta beta quedan expuestas a reescaladas”.
Aunque persiste una visión estructural bajista para el año, algunos actores recalibran sus expectativas a la luz de los flujos estacionales y de los ajustes en los swaps de corto plazo. “Nuestra visión de corto plazo se mantiene neutral a ligeramente alcista sobre el dólar”, afirmó Pesole.
Pese a esto, el debate sigue abierto. Según Bloomberg Intelligence, “el dólar no puntúa bien en los fundamentos estructurales, pero su estatus como moneda de reserva mundial sigue funcionando como un escudo”.
En ese contexto, las decisiones de política monetaria, las cifras de empleo y los ajustes fiscales seguirán dominando la atención del mercado. La percepción sobre la dirección del dólar en 2026 dependerá menos del ruido político y más de la combinación entre crecimiento, inflación y tasa de interés real, en medio de un escenario donde la credibilidad institucional empieza a pesar tanto como la liquidez.
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La distinción entre shocks transitorios y desequilibrios persistentes, así como la reacción de los mercados a cambios en el liderazgo de la Reserva Federal y en la política fiscal estadounidense, forman parte del conjunto de variables que, según los analistas, configuran un entorno menos predecible para el billete verde.