Bloomberg Línea — El análisis de riesgo ya no puede desligarse del tablero geopolítico. Desde el Ártico hasta Medio Oriente, pasando por América Latina, los movimientos estratégicos de las potencias están afectando los precios de los activos, las expectativas inflacionarias y la dirección de los flujos de capital. No se trata de episodios aislados. Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), la geopolítica ha pasado a ser una variable estructural en el pricing de activos globales.
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“Lo que está en juego no es el colapso, sino la persistencia”, advirtió Marcello Estevão, economista en jefe del IIF. “La geopolítica ya no es una capa ocasional. Es una variable estructural que influye en el crecimiento, la inflación y la valuación de activos, afectando tal vez el nivel de riesgo global, pero ciertamente condicionando cuán desigual es su distribución”.
El informe insiste en que, con los bancos centrales aún calibrando el impacto de políticas monetarias más estrictas y los mercados tratando de anticipar los próximos ciclos económicos, los eventos geopolíticos se han convertido en un factor clave de volatilidad.
No se trata solo de conflictos armados o sanciones, sino de cómo las decisiones estratégicas entre estados alteran flujos de capital, reconfiguran alianzas y modifican el equilibrio entre ahorro e inversión a escala global.
Groenlandia: presión, alianzas y riesgo de confianza
Para el Instituto, Estados Unidos convirtió una disputa territorial en una prueba de cohesión de alianzas y la controversia por Groenlandia no responde a un conflicto comercial tradicional. “Groenlandia no es otra disputa arancelaria”, planteó el IIF. “Al vincular medidas comerciales con un objetivo territorial y de seguridad, Estados Unidos transformó un asunto bilateral en una prueba de cohesión de alianzas”.
Los aranceles, en sí mismos, tienen efectos económicos mensurables y contenidos. Sin embargo, el impacto más relevante aparece en las consecuencias menos tangibles. “Los efectos económicos directos de los aranceles son mensurables y, aisladamente, manejables. El riesgo se encuentra en los efectos sobre la confianza, que son más difíciles de medir”, explicó el informe.
Europa busca evitar una escalada directa, aunque no descarta represalias calibradas a pesar de que Trump suspendió los aranceles relacionados con la disputa. Las condiciones políticas internas, la dependencia de las garantías de seguridad de Estados Unidos y la vulnerabilidad energética de la región hacen que la prioridad siga siendo el diálogo. No obstante, el bloque cuenta con nuevas herramientas y Estevão sostuvo que “lo que diferencia este episodio de tensiones comerciales anteriores es la ampliación del instrumental europeo”.
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En particular, el llamado “instrumento contra la coerción” representa un cambio de expectativas al ampliar el ámbito de respuesta posible. “Su diseño favorece la escalada gradual antes que la ruptura abrupta”, indicó el informe. “Su relevancia macroeconómica reside menos en su uso inmediato que en cómo reconfigura las expectativas”.
Desde una perspectiva de mercado, el conflicto por Groenlandia se traduce en movimientos en divisas, inflación y primas de riesgo. “Los riesgos vinculados a Groenlandia probablemente no sean neutros para los tipos de cambio”, advirtió el IIF. “La escalada inicial suele fortalecer al dólar por aversión al riesgo y dinámica relativa de crecimiento, lo que puede suavizar la inflación importada en EE.UU. pero endurecer las condiciones financieras globales”.
Venezuela: influencia a bajo costo
La situación venezolana ofrece una perspectiva opuesta. La intervención de Estados Unidos no implicó costos directos relevantes y logró resultados geopolíticos rápidos. “Venezuela se ubica en el extremo opuesto del espectro. La intervención de EE.UU. fue de bajo costo en términos estrictos. No implicó pérdida de vidas estadounidenses y reconfiguró rápidamente el control político”, señaló el informe.
La intervención debilitó la influencia de actores rivales en la región y fortaleció el acceso energético de Washington. “El resultado, al menos en el corto plazo, parece haber instalado un gobierno afín, reducido la influencia china y rusa, y reforzado los intereses petroleros de EE.UU.”, explicó Estevão.
Sin embargo, el informe advierte que el éxito político no garantiza resultados duraderos en términos de gobernanza o institucionalidad. “Desde una perspectiva de gobernanza, entregó poco en términos de consolidación democrática de corto plazo. Ese contraste importa”, destacó el análisis. “Venezuela señala una mayor tolerancia de EE.UU. hacia la influencia directa en América Latina cuando los riesgos están contenidos y los retornos estratégicos son inmediatos”.
Para los mercados, el mensaje es claro. Las recomposiciones políticas pueden modificar valoraciones en el corto plazo, pero la sostenibilidad depende de la calidad institucional. “La realineación política puede habilitar opcionalidades, pero no sustituye la disciplina macroeconómica ni la claridad legal”, subrayó el IIF.
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Irán: volatilidad energética y primas de riesgo transitorias
En el caso de Irán, el canal de transmisión opera de otra manera. La tensión persistente no implica una disrupción inmediata, pero sí genera primas de riesgo episódicas. “Nuestro escenario base es de tensión prolongada sin colapso absoluto ni normalización rápida”, explicó Estevão. “El Estado conserva capacidad para gestionar la presión interna, mientras los actores externos siguen equilibrando la disuasión con la contención”.
La clave no está en el volumen exportado sino en la percepción de estabilidad regional y riesgo en rutas estratégicas. “En el corto plazo, el canal energético importa menos por el volumen de exportaciones iraníes que por las percepciones sobre la estabilidad regional, el riesgo de transporte marítimo y la resiliencia de rutas clave”, sostuvo el IIF.
A largo plazo, un cambio político en Irán podría modificar el equilibrio global de inversión y ahorro. “Una transición política decisiva en Irán, seguida de su reintegración a redes económicas regionales y globales, dispararía una gran demanda de inversión en infraestructura, vivienda, transporte, turismo y capital humano”, indicó el análisis.
Estevão advirtió que una estabilización geopolítica no necesariamente relajaría las condiciones financieras en economías avanzadas. “Tal entorno ajustaría el equilibrio global entre ahorro e inversión. El capital sería atraído hacia oportunidades de mayor retorno vinculadas a la reconstrucción y normalización”, explicó. “Dado que gran parte de ese capital hoy está invertido en bonos de economías avanzadas, el ajuste probablemente adopte la forma de mayores rendimientos reales”.
Menos sincronía, más dispersión de precios
Los tres episodios muestran que los shocks geopolíticos no tienen un patrón único ni producen efectos simétricos. En algunos casos, como Venezuela, la intervención directa redefine el balance estratégico con impactos inmediatos. En otros, como Irán, la volatilidad se expresa de forma intermitente. En el caso de Groenlandia, los riesgos están más asociados a la erosión de confianza y la fragmentación de alianzas.
En ese contexto, el riesgo no se concentra en un colapso sincronizado de la actividad global. En cambio, crece la probabilidad de que los mercados enfrenten revaloraciones episódicas que afecten los precios de activos de forma heterogénea. Para el IIF, el riesgo relevante no es una crisis sistémica sino un entorno de volatilidad persistente.
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“Juntos, estos casos apuntan a una revaloración geopolítica persistente, mayor dispersión entre clases de activos y una mayor demanda de cobertura sin que se produzca una recesión global sincronizada”, sostuvo el instituto.
El vínculo entre geopolítica y tasas también se vuelve más estrecho. El desplazamiento progresivo de capitales desde los mercados de bonos de economías avanzadas hacia oportunidades de mayor retorno en economías en transición podría impulsar rendimientos reales más elevados. “Con el tiempo, tasas reales más altas y mayor dispersión de activos se vuelven más plausibles a medida que el capital se reasigna en respuesta a shocks geopolíticos”, advirtió el IIF.
En este nuevo escenario, los inversores enfrentan un entorno donde la geopolítica dejó de ser un evento externo y pasó a ser una variable estructural. Las decisiones de asignación de activos, cobertura de riesgos e interpretación de ciclos deben incorporar esta nueva dimensión de forma permanente.