Bloomberg Línea — El alza del petróleo tras el conflicto en Medio Oriente introduce un nuevo factor de presión sobre las economías de América Latina. El cambio en las previsiones de precios del crudo modifica expectativas sobre inflación, crecimiento y política monetaria en la región.
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El informe más reciente de Goldman Sachs examina cómo este shock se transmite a través de la balanza comercial energética, el sistema financiero internacional y las decisiones de política económica. El efecto no es uniforme, porque algunos países exportan petróleo, mientras otros dependen de las importaciones.
La trayectoria del Brent ilustra la magnitud del cambio. Al inicio del año, el banco proyectaba un promedio de US$56 por barril para 2026. A mediados de febrero, elevó la previsión a US$64 y tras el estallido del conflicto en Irán el escenario base considera una disrupción del flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz durante 21 días.
“El shock no impactará ni se propagará uniformemente por Latinoamérica. La balanza comercial petrolera destaca como un eje crítico de diferenciación”, dicen los analistas del banco. “Las disrupciones de la oferta impulsan el shock, la incertidumbre geopolítica ha aumentado y las condiciones financieras globales se han endurecido”.

Un shock petrolero con transmisión desigual
El informe describe un cambio en el escenario energético global que repercute en América Latina a través de varios canales. El precio esperado del Brent sube hasta US$77 por barril en 2026 bajo el escenario base de Goldman Sachs, que supone una interrupción de 21 días en el flujo de crudo por el estrecho de Ormuz.
La misma evaluación plantea escenarios de riesgo en caso de una disrupción más prolongada del tránsito marítimo. Según el análisis del banco, “un escenario al alza benigno consistente con un cierre de 30 días del estrecho de Ormuz podría llevar a que los precios del Brent promedien US$82 por barril en 2026”.
El documento también contempla un escenario de mayor intensidad si la interrupción del flujo petrolero se extiende durante dos meses. En ese caso, el banco sostiene que “un escenario severo de una interrupción de dos meses en los flujos de petróleo en Ormuz llevaría el Brent a un nivel alto de US$105”.
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Estas previsiones implican una revisión al alza frente a las estimaciones de comienzos de año. El informe calcula que la nueva proyección eleva el precio promedio esperado del Brent para 2026 cerca de 40% frente al escenario inicial.
El encarecimiento del crudo se combina con condiciones financieras globales más restrictivas. El dólar registra fortalecimiento frente a monedas de mercados emergentes y las tasas de interés pueden comenzar a subir. Este contexto presiona los activos financieros de la región y altera las trayectorias de variables macroeconómicas.
En ese marco, el informe describe que “el conflicto geopolítico global y el shock petrolero han llevado a mayor volatilidad e incertidumbre en los mercados y a condiciones financieras globales más restrictivas”.

Exportadores frente a importadores
La balanza comercial energética determina en gran medida el efecto económico del aumento del petróleo en América Latina. Los países exportadores se benefician a través de mayores ingresos externos, mientras los importadores enfrentan un aumento en su factura energética.
Goldman Sachs clasifica como exportadores netos de petróleo a Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador. En el otro extremo ubica a Chile, México y Perú como importadores netos. La entidad financiera no clasifica solo por producción, sino por balanza comercial petrolera. México aparece como importador porque las importaciones de combustibles reducen o revierten el superávit del crudo.
La evolución del sector energético en cada país modifica la intensidad del impacto. En Argentina y Brasil la participación del petróleo y el gas dentro de la economía ha aumentado en los últimos años y, por ejemplo, el complejo de Vaca Muerta se ha consolidado como destino de inversión en el caso argentino.
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En contraste, la participación del sector petrolero dentro del PIB se ha reducido en Colombia, Ecuador y México durante la última década. El informe vincula este cambio con decisiones de política y regulación en el sector energético.
Con ese panorama, el efecto sobre la balanza comercial aparece de forma directa cuando suben los precios del crudo. El informe calcula que un aumento de 10% en el petróleo eleva el saldo comercial entre 0,1% y 0,2% del PIB en Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador.
En cambio, el mismo movimiento de precios amplía el déficit energético en los países importadores. Goldman Sachs calcula que ese déficit aumenta cerca de 0,4% del PIB en Chile, 0,2% en México y 0,1% en Perú.

El documento detalla que los “cálculos sugieren que un aumento de 10% en los precios del petróleo conduce a un aumento en la balanza comercial de entre 0,1% y 0,2% del PIB en Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador”.
Este cambio también repercute en las finanzas públicas. Los ingresos vinculados al petróleo continúan como una fuente relevante para varios gobiernos de la región, en particular en Brasil donde la recaudación asociada al sector crece de forma sostenida.
Inflación, crecimiento y tasas de interés
El aumento del petróleo repercute en la inflación a través de los precios de combustibles, transporte y fertilizantes. El informe estima que el impacto directo sobre los índices de precios al consumidor depende del peso de la energía dentro de cada canasta.
Los combustibles para vehículos y vivienda representan 7,4% del índice IPCA de Brasil y 2,2% del índice de precios de Perú. Los demás países se ubican entre esos dos valores.
El ejercicio presentado por Goldman Sachs supone que 60% del aumento del precio del crudo en refinería se traslada al precio en estaciones de servicio. Bajo ese supuesto, un shock de 10% en el petróleo agrega entre 0,1 y 0,4 puntos porcentuales a la inflación en las economías analizadas.
Además, el aumento de precios influye en la política monetaria. Los modelos econométricos del banco sugieren que un incremento de 10% en el petróleo se asocia con tasas de interés de corto plazo 0,1 puntos porcentuales más altas en promedio.

Aun así, la reacción de los bancos centrales difiere entre países debido a factores propios de cada economía. Brasil inicia un proceso de normalización gradual de tasas, mientras Colombia mantiene una trayectoria de endurecimiento monetario tras un aumento del salario mínimo y expectativas de inflación elevadas.
México presenta una dinámica distinta, porque la actividad económica muestra debilidad y la moneda mantiene estabilidad. En ese contexto, el banco central conserva una inclinación hacia recortes de tasas.
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El informe también analiza el impacto sobre el crecimiento económico. Los cambios en los términos de intercambio benefician a exportadores de petróleo, pero el efecto positivo se compensa con un entorno global de menor expansión económica y mayor incertidumbre.
“Las revisiones de nuestra previsión de crecimiento reflejan la dinámica de tira y afloja entre la mejora de los términos de intercambio para los exportadores y los obstáculos derivados de un crecimiento mundial más débil, condiciones financieras más restrictivas y una mayor incertidumbre”, dicen los analistas del banco.
Goldman Sachs revisó al alza la proyección de crecimiento de Brasil para 2026 hasta 2%. En cambio redujo la previsión de México a 1,6%, de Chile a 2,3% y de Perú a 2,8%. Colombia y Argentina mantienen sus estimaciones sin cambios, mientras Ecuador registra un aumento hasta 2,1%.

La inflación también experimenta revisiones en la mayoría de los países. Argentina presenta una proyección de 27% para 2026, Brasil de 4,4%, Chile de 3,5%, Colombia de 6,2%, Ecuador de 2,1%, México de 4,4% y Perú de 2,7%.
En conjunto el banco reduce la previsión de crecimiento para América Latina hasta 2,1% en 2026. El informe explica que el efecto final surge de la interacción entre los términos de intercambio, el menor crecimiento global y el endurecimiento de las condiciones financieras.













