Goldman Sachs ve un giro estructural en inversionistas que impulsa las materias primas

El giro estructural de inversionistas hacia activos reales impulsa oro y cobre, amplificando los precios en mercados pequeños frente a acciones y bonos, con riesgos alcistas adicionales en 2026.

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En la imagen, un letrero de Goldman Sachs Group Inc. en el suelo de la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE) en Nueva York.
13 de febrero, 2026 | 10:22 AM

Bloomberg Línea — El inicio de 2026 ha confirmado la fortaleza de las materias primas tras el repunte de los metales en 2025, a pesar de que la volatilidad aumentó en las últimas dos semanas. Goldman Sachs (GS) atribuye parte del movimiento a un giro estructural de los inversionistas hacia activos reales en un entorno de incertidumbre macroeconómica y geopolítica. La entidad analiza hasta qué punto ese flujo puede alterar los precios más allá de los fundamentales físicos.

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Según el informe, “los flujos de diversificación de los inversionistas pueden impulsar aumentos de precios muy grandes en el corto plazo, porque los mercados de materias primas son pequeños frente a las acciones y los bonos”, afirman los analistas de Goldman Sachs. El banco subraya que el impacto proviene sobre todo de inversionistas activos y no de estrategias indexadas.

El estudio distingue entre inversionistas activos y pasivos en los mercados de futuros. Los primeros incluyen hedge funds, gestores de fondos que operan futuros y derivados e intermediarios financieros que estructuran swaps. Los segundos agrupan fondos de pensiones y otros inversionistas institucionales. La conclusión central es que el tamaño reducido de los mercados de commodities frente a los portafolios financieros amplifica el efecto de los flujos.

En ese contexto, la entidad plantea la pregunta de cómo afectaría una subida sostenida en el posicionamiento de inversionistas activos en materias primas a los precios.

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Una tienda de oro en el Gran Bazar de Estambul.

Oro y cobre ante la rotación hacia activos reales

Goldman Sachs considera que los metales preciosos y el cobre presentan mayor potencial alcista que el petróleo y el gas natural bajo este escenario. El informe identifica tres factores estructurales: tamaño de mercado, respuesta de la oferta y almacenamiento.

En el caso del oro, la firma sostiene los argumentos para reforzar su papel como activo de reserva. “El suministro limitado, lento y poco elástico al precio del oro es lo que le ha dado su estatus como depósito neutral de valor”, señalan los analistas. La proyección base sitúa el precio en US$5.400 para diciembre de 2026, aunque el banco reconoce riesgos al alza.

La clave radica en la baja asignación actual dentro de los portafolios financieros de Estados Unidos. “Estimamos que cada aumento de 1 punto básico en la participación del oro en los portafolios financieros de Estados Unidos, impulsado por compras incrementales, eleva los precios en 1,5%”, indica Goldman Sachs. La entidad añade que la diversificación del sector privado constituye el principal riesgo alcista sobre su previsión.

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En el cobre, la lectura combina fundamentos físicos con posicionamiento financiero. El banco mantiene una visión estructural positiva con un objetivo de US$15.000 por tonelada en 2035. Sin embargo, para 2026 prevé moderación hacia US$11.200 por tonelada en el cuarto trimestre.

El análisis cuantifica el impacto del posicionamiento activo. “Estimamos un impulso de corto plazo a los precios del cobre a partir de un aumento de 1 punto porcentual en el dinero gestionado neto como porcentaje del interés abierto de 0,7%”, señalan los analistas. Ese efecto se reduce con el tiempo ante mayor oferta de chatarra y ajustes de demanda.

Petróleo ante el peso del shale y la geopolítica

En energía, Goldman Sachs considera que la rotación hacia activos reales también ha influido en el aumento del posicionamiento en crudo durante el inicio de 2026. No obstante, el banco estima que el efecto es más acotado que en metales debido a la respuesta de la oferta y a la dinámica de inventarios.

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La proyección central contempla que el Brent descienda desde US$68 por barril hasta US$54 en el cuarto trimestre de 2026, ante un superávit estimado de más de 2 millones de barriles diarios y una recomposición de inventarios en centros de la OCDE.

En términos de sensibilidad a flujos financieros, el impacto es significativo en el corto plazo. “Estimamos que un aumento de 1 punto porcentual en el dinero gestionado neto como porcentaje del interés abierto eleva los precios del petróleo en casi 4% en el corto plazo”, indican los analistas. Sin embargo, ese efecto se modera después de un año por el incremento de la oferta shale y el ajuste de la demanda.

El banco también modela escenarios con interrupciones de suministro de 1 millón de barriles diarios y mayores posiciones especulativas. Bajo una combinación de ambos factores, el alza estimada sobre su escenario base para 2026 alcanza US$15 por barril.

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La conclusión estratégica de Goldman Sachs apunta a una prolongación del ciclo alcista en ciertos metales. El informe sostiene que la rotación hacia activos reales puede sostener cotizaciones por encima de lo que justifican los balances físicos actuales.

“Nuestro análisis sugiere que la rotación de inversionistas hacia activos reales puede mantener varios precios de metales altos por más tiempo, incluso por encima de lo que justifican los fundamentales físicos, lo que creemos que es el caso ahora mismo para el cobre”, afirman los analistas.

El mensaje central es que el tamaño reducido de los mercados de commodities frente a los portafolios financieros amplifica los movimientos de precios cuando se produce un cambio en la asignación estratégica. En un entorno de incertidumbre macroeconómica, inflación y tensiones geopolíticas, ese factor adquiere relevancia para 2026.

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