Guerra con Irán pone a prueba al oro como refugio: las razones y qué se espera del precio

El metal registró su peor caída en más de cuatro décadas la semana pasada en medio del conflicto en Medio Oriente, en un mercado que ha desplazado su rol tradicional como refugio.

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Bloomberg Línea — El conflicto en Medio Oriente ha puesto en duda el papel del oro como refugio. La caída acumulada, incluido el desplome de 10% la semana pasada, el mayor desde 1983, ha sorprendido a los inversionistas al producirse en un contexto que, en otros ciclos, habría impulsado al metal.

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El movimiento no responde a un solo factor, sino a una combinación de fuerzas que han alterado la dinámica tradicional del activo. La reacción del mercado ha debilitado su papel en episodios de incertidumbre geopolítica, tras casi un mes de guerra.

Anuncios, como el de ayer del presidente Donald Trump sobre la posibilidad de un diálogo con Irán, han añadido volatilidad al panorama y presionado las perspectivas sobre su desempeño.

Es más una distorsión impulsada por las tasas que una ruptura del papel de refugio del oro“, considera Imaru Casanova, analista de VanEck. ”La revalorización hacia menos recortes de la Fed ha empujado los rendimientos reales al alza y ha fortalecido el dólar, lo que está superando la demanda de refugio en el corto plazo”.

Qué explica la caída del oro en 2026

El detonante inmediato del ajuste ha sido el cambio en las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos, en un entorno donde el repunte de los precios energéticos ha elevado las presiones inflacionarias y ha reducido la probabilidad de recortes de tasas.

Incluso tras el anuncio de Trump, el panorama sigue marcado por un repunte de los rendimientos de los bonos y un fortalecimiento del billete verde, dos variables que históricamente mantienen una relación inversa con el oro.

El metal subió tan solo 0,40% el lunes tras el mensaje de Trump, tras acumular la semana pasada ocho sesiones en línea de pérdidas y una caída demás de 15% desde los máximos que vio a finales de enero cuando superó los US$5.400.

Ole S. Hansen, de Saxo Bank, insiste en que el metal se ha visto “presionado por las crecientes preocupaciones sobre la inflación que están reduciendo las expectativas de recortes de tasas y empujando los rendimientos de largo plazo al alza”. El canal energético se ha convertido en el vínculo central entre geopolítica e inflación, luego de que los precios del petróleo y del gas subieran más de 50% en lo corrido del año.

El fortalecimiento del dólar ha añadido una capa adicional de presión, al convertirse también en destino de flujos de refugio. Hansen explica que “el estrés geopolítico combinado con el aumento de los precios de la energía tiende a canalizar el capital hacia activos denominados en dólares. Esto crea una dinámica de refugio competidora donde el papel tradicional del oro se diluye parcialmente por un dólar más fuerte”.

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A estos factores se suman elementos técnicos y de posicionamiento que han amplificado el movimiento. La ruptura de niveles clave ha activado ventas sistemáticas en un mercado que acumulaba posiciones largas tras varios años de rendimientos positivos. Hansen señala que “la debilidad ha sido agravada por ventas de fondos apalancados después de que la ruptura técnica por debajo de los U$S5.000 desencadenara una ola de liquidación de posiciones largas”.

La dinámica de flujos también ha contribuido al ajuste. Las salidas de fondos cotizados respaldados por oro han intensificado la presión vendedora en un momento en el que los inversionistas reducen exposición para obtener liquidez.

Ewa Manthey, de ING, afirma que “las tensiones geopolíticas continúan respaldando al oro, pero la acción reciente de los precios muestra que no son suficientes por sí solas para impulsar un rally sostenido”, lo que refuerza la idea de que los factores macro dominan la formación de precios en el corto plazo.

Este comportamiento no resulta inédito en episodios de choque. Manthey añade que “este patrón es consistente con episodios de shock anteriores, donde las necesidades de liquidez tienden a superar la demanda de refugio en las primeras etapas”.

El potencial alcista sigue vigente

A pesar de la corrección, las principales instituciones financieras mantienen una visión constructiva sobre el oro en el mediano plazo, con objetivos de precio que sugieren un potencial de recuperación relevante.

Michael Hsueh, analista de Deutsche Bank, aún no ha modificado su objetivo de US$6.000, lo que refleja la expectativa de que los factores estructurales continúen apoyando al metal pese a la volatilidad reciente.

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Desde UBS, Mark Haefele espera que “el precio del oro suba a US$6.200 por onza para junio”, apoyado en la demanda de bancos centrales y en las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda global, elementos que trascienden la dinámica de corto plazo.

En la misma línea, el equipo de banco suizo considera “que el crecimiento de la deuda de Estados Unidos y el debilitamiento de la confianza en los Tesoros, combinados con las tensiones geopolíticas y las tendencias de desdolarización, probablemente empujen los precios del oro".

Desde VanEck, la visión también incorpora un rango amplio condicionado por la evolución de las tasas reales. Casanova explica que “después de un 2025 muy fuerte, un período de consolidación en 2026 no sería sorprendente para nosotros, con un rango amplio de aproximadamente US$4.500-US$5.500 que parece razonable”, lo que sugiere que la volatilidad será una característica estructural del mercado en el corto plazo.

En este contexto, la corrección actual no se interpreta como un cambio de tendencia estructural sino como un ajuste dentro de un ciclo alcista más amplio, en el que los niveles de entrada adquieren relevancia para inversionistas con horizonte de largo plazo.

La paradoja del refugio y el cambio de narrativa

El comportamiento reciente del oro ha puesto de manifiesto una tensión entre su rol histórico como activo refugio y su sensibilidad a variables macroeconómicas. La evidencia sugiere que la geopolítica, por sí sola, no determina la trayectoria del metal, sino que actúa a través de su impacto en inflación, tasas y divisas.

El equipo de UBS describe este fenómeno y recuerda que “el oro es comúnmente visto como un activo de refugio cuando aumentan las tensiones geopolíticas, pero su desempeño durante conflictos militares puede ser mixto”, lo que introduce una lectura más matizada sobre su comportamiento en contextos de guerra.

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En paralelo, la liquidez del metal puede convertirlo en fuente de financiamiento en momentos de tensión, lo que explica parte de las ventas observadas. Manthey sostiene que “en el corto plazo, un dólar estadounidense más fuerte y la alta liquidez del oro pueden convertirlo en una fuente de fondos durante episodios de estrés”, lo que redefine su papel dentro de las carteras.

El componente estructural de la demanda, en particular por parte de bancos centrales, continúa siendo un elemento de soporte, aunque con menor impacto en el corto plazo frente a los flujos de inversión.

Casanova indica que “la compra de bancos centrales sigue siendo una fuente estructural fuerte de demanda y ha sido un pilar importante de este ciclo”, aunque su efecto se manifiesta más como estabilizador que como motor de subidas inmediatas.

Los bancos centrales han sido protagonistas clave del auge del oro en los últimos años. En 2025, las compras netas totalizaron 863 toneladas, una cifra inferior al promedio de los tres años anteriores, pero muy superior al promedio de la última década. Según el World Gold Council, “los bancos centrales proporcionan un ancla para una demanda sostenida”.

En este entorno, el posicionamiento de los inversionistas y la evolución de los flujos hacia ETF se consolidan como variables clave para identificar puntos de inflexión en el mercado. Casanova señala que “un posible suelo probablemente sería señalado por la estabilización en los flujos, es decir, salidas que se desaceleran y eventualmente vuelven a convertirse en entradas”, lo que establece un indicador concreto para evaluar el momento del ciclo.

El resultado es un mercado en el que el oro mantiene su función dentro de las carteras, pero bajo una lógica más compleja en la que la interacción entre tasas, inflación y liquidez determina su comportamiento en el corto plazo, mientras los factores estructurales continúan delineando su trayectoria de largo plazo.