La guerra con Irán eleva el petróleo, pero las bolsas resisten: tres razones lo explican

Las bolsas siguen cerca de récords porque el mercado todavía no descuenta un shock energético permanente ni una recesión global.

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Bloomberg Línea — El conflicto entre Irán le Israel y EE.UU. ya elevó el petróleo, tensó las expectativas de inflación y llevó los rendimientos de la deuda soberana a máximos de varios años. Aun así, las bolsas siguen cerca de sus récords históricos y los diferenciales de crédito permanecen contenidos.

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Ese desacople entre el deterioro geopolítico y el comportamiento de los activos de riesgo es el punto central de un informe de Deutsche Bank. El analista Henry Allen sostiene que si bien “los mercados están descontando un conflicto más prolongado y un creciente riesgo de estanflación”, el S&P 500 todavía se mantiene apenas por debajo de su máximo histórico y el STOXX 600 europeo cotiza a menos de 4% de ese nivel.

La resiliencia también aparece en el crédito. Según el banco alemán, los spreads tanto en Estados Unidos como en Europa están más ajustados que cuando comenzó el conflicto, pese al avance del crudo y a la incertidumbre sobre el Estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del mundo.

Deutsche Bank plantea que esa reacción no contradice episodios anteriores de tensión petrolera porque, hasta ahora, no se activaron las condiciones que históricamente provocaron ventas masivas en los mercados financieros.

Se espera que el shock petrolero sea temporal

El primer factor es la estructura del mercado petrolero. Allen explica que “los mercados todavía esperan que este shock petrolero finalmente resulte temporal”, una expectativa reflejada en una curva del Brent que continúa en backwardation, con los contratos de corto plazo por encima de los de vencimientos posteriores.

La diferencia frente a otros episodios históricos es relevante para los inversionistas, porque las grandes correcciones bursátiles asociadas al petróleo estuvieron ligadas a shocks persistentes. Deutsche Bank recuerda que durante la crisis de 1973 el precio del crudo casi se cuadruplicó y permaneció elevado durante años, mientras que en 1979 el mercado tardó más de cinco años en regresar a los niveles previos al shock en términos reales.

Incluso en 2022, cuando el Brent superó los US$100 por barril en los contratos a 12 meses, el mercado descontaba precios elevados durante un periodo mucho más largo. Ahora, en cambio, los futuros a seis meses apenas superan los US$90 por barril.

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Para el banco, esa diferencia modifica la reacción de los activos de riesgo porque las acciones y el crédito operan sobre expectativas futuras más que sobre el nivel puntual del petróleo. Deutsche Bank subraya que “esas expectativas reflejan la creencia de que este sería un shock temporal y, por eso, los activos de riesgo han mostrado resiliencia”.

Los datos económicos siguen mostrando expansión

El segundo elemento es la fortaleza de la actividad económica global. A diferencia de otros shocks energéticos, el deterioro macroeconómico todavía no aparece en los principales indicadores.

Allen destaca que “los datos globales han seguido sorprendiendo al alza en su mayor parte, particularmente en las últimas semanas”, una dinámica que contrasta con episodios como la guerra del Golfo de 1990 o la crisis petrolera de los años setenta, cuando el empleo y el crecimiento comenzaron a deteriorarse casi inmediatamente después del salto del crudo.

En Estados Unidos, las nóminas no agrícolas crecieron más de 100.000 puestos tanto en marzo como en abril, mientras que el indicador GDPNow de la Reserva Federal de Atlanta apunta a una expansión anualizada de 4,0% para el segundo trimestre.

La resistencia también aparece en los índices PMI. Allen señala que, salvo la eurozona, “los PMI compuestos en Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, India, China, Japón y Australia continuaron en territorio expansivo”.

Ese comportamiento limita el riesgo de una corrección más agresiva en Wall Street porque el mercado todavía no enfrenta señales claras de recesión. El informe sostiene que “si el contexto macroeconómico sigue siendo resiliente, es difícil generar una liquidación más grande”.

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Los bancos centrales aún no reaccionan con agresividad

El tercer soporte para las bolsas es la política monetaria. Pese al repunte de la inflación energética, los principales bancos centrales todavía mantienen las tasas sin cambios.

Allen remarca que “los principales bancos centrales todavía no han subido las tasas”, incluida la Reserva Federal, cuyo comunicado más reciente aún conservó un sesgo hacia recortes, aunque con algunas disidencias internas.

Ese punto resulta central para los mercados porque las grandes caídas bursátiles asociadas a shocks petroleros estuvieron acompañadas por endurecimientos monetarios agresivos. Deutsche Bank recuerda que en 2022 la Reserva Federal inició el ciclo de ajuste más rápido en décadas, mientras que en 1979 Paul Volcker elevó drásticamente las tasas para contener la inflación derivada del petróleo.

Ahora, el mercado apenas descuenta 75 puntos básicos de subidas del Banco Central Europeo en 2026 y unos 15 puntos básicos adicionales de la Fed, niveles que el banco considera limitados frente a otros episodios históricos.

Para Deutsche Bank, las variables que podrían cambiar el comportamiento de Wall Street siguen siendo las mismas que detonaron ventas masivas en crisis anteriores: un shock petrolero persistente, datos económicos claramente contractivos o un endurecimiento monetario agresivo. Hasta ahora, ninguno de esos factores se consolidó plenamente.