Bloomberg Línea — “Muchas gracias a todos. No los veré la próxima vez”. Con esa frase, Jerome Powell cerró su última conferencia de prensa como presidente de la Reserva Federal antes de finalizar este 15 de mayo un mandato atravesado por una pandemia, una inflación récord, crisis bancarias, guerras y un enfrentamiento inédito con la Casa Blanca.
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Su legado, sin embargo, va más allá de Donald Trump y quedará ligado a haber dirigido la política monetaria estadounidense durante uno de los períodos más complejos para la economía global desde la década de 1970.
La discusión sobre Powell combina logros difíciles de ignorar con errores que todavía condicionan el debate económico en Estados Unidos. Bajo su mandato, la Fed expandió su balance desde menos de US$4,5 billones hasta cerca de US$9 billones durante la pandemia, ejecutó el ciclo de alzas de tasas más agresivo desde Paul Volcker y enfrentó críticas por haber subestimado la persistencia inflacionaria tras el Covid-19.
Felipe Barragán, Senior Research Strategist de Pepperstone, considera que el período de Powell “difícilmente puede calificarse de otra forma que no sea como uno de los más exigentes en la historia moderna de la Reserva Federal”. A su juicio, el balance final deja “luces y sombras”, aunque destaca que la Fed logró conducir “la desinflación más rápida desde Volcker sin provocar una recesión”.
“Hablamos de desafíos verdaderamente históricos. Basta recordar que la última pandemia antes del Covid-19 ocurrió hace más de un siglo”, dijo Alberto Rojas, estratega de mercados emergentes de UBS Global Wealth Management. “A esto se sumaron el shock de precios tras la pandemia, el impacto energético y alimentario derivado de la guerra entre Rusia y Ucrania, y, más recientemente, las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y el efecto de los aranceles”.
Bernard Yaros, economista principal de EE. UU. de Oxford Economics, resaltó que aunque Powell terminará su mandato con una inflación aún por encima del objetivo por segundo año consecutivo, se enfrentó a una situación difícil, “con una serie de crisis de oferta tras otra, desde la pandemia mundial de Covid-19 hasta la invasión rusa de Ucrania, los aranceles y, ahora, la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán”.
El debate sobre su legado también quedó atravesado por un cambio más profundo en la función de los bancos centrales. La era Powell consolidó el uso masivo del balance de la Fed como herramienta estructural de estabilización financiera, redefinió la relación entre liquidez global y mercados emergentes y volvió a colocar la independencia de los bancos centrales en el centro de la discusión política.
La Fed de la pandemia y el error de la inflación transitoria
La respuesta de la Fed al colapso económico provocado por el Covid-19 se convirtió en uno de los episodios más agresivos de expansión monetaria en la historia moderna. En coordinación con los estímulos fiscales implementados por Washington, el banco central redujo las tasas a cero, desplegó facilidades de liquidez de emergencia y elevó su hoja de balance.
Hung Tran, senior fellow del Atlantic Council’s GeoEconomics Center, señaló que la Fed elevó su balance desde cerca de US$4 billones en 2019 hasta US$9 billones a comienzos de 2022 mientras las tasas caían a niveles cercanos a cero. Según Tran, esas medidas permitieron que la recesión provocada por la pandemia se transformara “en la más corta registrada”, con una duración de apenas dos meses
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El mercado laboral terminó reforzando esa percepción. La tasa de desempleo en Estados Unidos subió desde 3,7% en 2019 hasta 13% durante 2020, pero luego volvió a niveles cercanos a 3,5%-4,3% en los años siguientes.
Dean Baker, senior fellow del CEPR, sostuvo que Powell terminó dejando “el período más largo de desempleo por debajo de 4,0% desde comienzos de la década de 1950”, mientras los salarios reales de los trabajadores ubicados en el percentil 10 aumentaron 15,3% entre 2019 y 2024.
Ese episodio reforzó, además, un giro doctrinal dentro de la Fed. Powell impulsó en 2020 el esquema de “flexible average inflation targeting” (FAIT), que permitía tolerar inflación moderadamente superior al 2% tras períodos prolongados de inflación baja. La lógica detrás de ese cambio era evitar que la Fed frenara demasiado pronto el mercado laboral.
Carl Tannenbaum, Chief Economist de Northern Trust, explicó que Powell quedó influido por recorridos regionales realizados en 2019, cuando observó que la creación de empleo tardaba más tiempo en alcanzar a comunidades vulnerables. Ese diagnóstico ayudó a moldear una Fed más dispuesta a tolerar presiones inflacionarias temporales.
El problema surgió cuando la inflación dejó de ser temporal.

Powell y otros miembros de la Fed insistieron durante buena parte de 2021 en que las presiones de precios eran “transitorias”. La combinación de cadenas de suministro interrumpidas, estímulos fiscales masivos y un rebote acelerado del consumo terminó desbordando ese diagnóstico.
Barragán considera que “la mancha más visible es el error de diagnóstico de 2021 respecto a la persistencia inflacionaria”, después de que la inflación alcanzara niveles no vistos en cuatro décadas. El estratega de Pepperstone recordó que Powell terminó reconociendo que era “probablemente un buen momento para retirar” la etiqueta de transitoria.
Las críticas se multiplicaron. Mohamed El-Erian, columnista de Bloomberg Opinion, llegó a describir el episodio como “probablemente el peor pronóstico de inflación en la historia de la Reserva Federal”, un error que retrasó el inicio del ciclo de endurecimiento monetario.

La Fed reaccionó con fuerza. Entre 2022 y 2023, el banco central elevó su tasa de referencia por encima de 5%, en uno de los ciclos de alzas más rápidos desde Volcker. Aun así, la inflación nunca regresó de forma sostenida al objetivo de 2% durante el mandato de Powell.
“Sus momentos más difíciles fueron en 2020, durante la pandemia de la COVID-19, y luego en 2025 y 2026, durante el ataque frontal de la administración Trump contra la independencia de los bancos centrales”, dijo Peter Conti-Brown, destacado historiador de la Reserva Federal, a Bloomberg. “Su lugar en la historia está asegurado gracias a cualquiera de estos dos acontecimientos”.
Yaros consideró que la Fed “tardó en responder al repunte inflacionario posterior a la pandemia, pero una vez que lo hizo, actuó con decisión. La inflación bajó, si bien no hasta el objetivo del banco central, pero sin provocar una recesión en el mercado laboral”.
No obstante, advirtió que los “hogares de bajos ingresos aún sufren las consecuencias de la inflación de la pandemia, y la clave para que estos hogares superen este impacto persistente del aumento de los precios es mantener un crecimiento salarial real sostenido durante un largo período”.
El balance de la Fed redefinió la liquidez global
Más allá de las tasas de interés, el legado estructural de Powell quedó asociado al papel del balance de la Fed.
Barragán sostiene que “el legado más perdurable de Powell quizás no sea una sola decisión, sino la institucionalización del uso del balance como herramienta de primera línea”. La expansión cuantitativa durante la pandemia y el posterior quantitative tightening confirmaron que la hoja de balance pasó a ser un instrumento permanente dentro del arsenal de la Fed.
Ese cambio alteró la dinámica global de liquidez y profundizó la influencia de la Reserva Federal sobre los mercados emergentes.
La Fed compró mensualmente US$80.000 millones en bonos del Tesoro y US$40.000 millones en activos respaldados por hipotecas entre marzo de 2020 y marzo de 2022. Esa expansión comprimió rendimientos globales y favoreció el flujo de capital hacia activos de mayor riesgo.
Luego ocurrió el movimiento inverso.
La reducción del balance desde US$8,9 billones en 2022 hasta cerca de US$6,5 billones en 2025 endurecieron las condiciones financieras internacionales y fortaleció al dólar.
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Barragán explicó que ese proceso drenó capital desde mercados emergentes y elevó las tensiones sobre países con alta deuda denominada en dólares. A su juicio, “la lección estructural de la era Powell es que la Fed, por su condición de banco central global de facto, no puede normalizarse sin exportar turbulencia a la periferia del sistema financiero”.
Rojas, de UBS, considera que la política monetaria no puede anticipar pandemias o conflictos geopolíticos y que el desempeño macroeconómico terminó mostrando resiliencia. Según UBS GWM, la inflación promedio anual durante la era Powell alcanzó 3,5%, mientras el crecimiento del PIB promedió 2,5%.
Independencia de la Fed y un precedente político inédito
La crisis bancaria regional de 2023 representó otro de los mayores desafíos para Jerome Powell. Tras las quiebras de Silicon Valley Bank, Signature Bank y First Republic, la Reserva Federal debió equilibrar su lucha contra la inflación con la estabilidad del sistema financiero, mientras el rápido aumento de tasas exponía pérdidas acumuladas en bonos y tensiones de liquidez en bancos medianos.
Sin embargo, la parte más delicada del legado de Powell podría terminar vinculada menos a inflación y más a independencia institucional.
La relación con Donald Trump atravesó buena parte de sus ocho años al frente de la Fed, aunque el conflicto escaló con fuerza durante el segundo mandato presidencial.
El punto de quiebre llegó en enero de 2026, cuando Powell publicó un video de dos minutos acusando abiertamente a la Casa Blanca de intentar influir sobre las decisiones de tasas de interés después de que el Departamento de Justicia enviara citaciones relacionadas con los sobrecostos en la remodelación de la sede de la Fed.
Barragán considera que ese episodio dejó “el capítulo más inquietante del legado de Powell”. Según el estratega de Pepperstone, el hecho de que “un presidente haya intentado usar el aparato judicial federal para presionar al banco central dejará una marca permanente en el manual de riesgos institucionales de la Fed”.
Northern Trust sostuvo que la presión política contra Powell alcanzó niveles inéditos. Tannenbaum recordó que Trump calificó públicamente al presidente de la Fed como “idiota”, “perdedor” y “morón”, mientras la administración intentaba abrir investigaciones contra funcionarios del banco central.
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El economista agregó que la defensa de la independencia monetaria “podría terminar siendo el legado más importante” de Powell.
La disputa también alteró las normas no escritas de la Reserva Federal.
Powell decidió permanecer como gobernador de la Fed incluso después de dejar la presidencia, rompiendo con la práctica habitual de abandonar completamente la institución tras concluir el mandato como presidente.
Dean Baker señaló que esa decisión impediría que Trump nombrara inmediatamente a otro integrante del Comité Federal de Mercado Abierto y ayudaría a evitar “un descenso hacia la locura MAGA” si el próximo liderazgo de la Fed cediera ante presiones políticas.

El dólar resistió la desdolarización
La fortaleza del dólar terminó siendo otro de los grandes temas de la era Powell.
A pesar del aumento de compras de oro por parte de bancos centrales, las discusiones sobre desdolarización y los intentos de los BRICS por impulsar sistemas alternativos de pagos, la moneda estadounidense mantuvo intacta su posición dominante.
Barragán considera que las señales de erosión fueron “marginales” y que ninguna alternativa logró competir con la profundidad del sistema financiero estadounidense. El estratega recordó que el yuan representa menos de 5% de las reservas globales frente a cerca de 59% del dólar.

Rojas reforzó esa idea al señalar que el dólar participa en casi la mitad de las transacciones cambiarias globales y representa cerca de 60% de las reservas internacionales mundiales.
El estratega de UBS GWM agregó que otras monedas de reserva ofrecen menores retornos y menos liquidez, limitando su capacidad para reemplazar al dólar como activo dominante.
La discusión terminó mostrando otra dimensión del legado de Powell.
Mientras la Fed expandía y luego contraía su balance a una escala sin precedentes, el sistema financiero internacional siguió dependiendo de los activos estadounidenses como principal refugio global. Esa dinámica reforzó el papel de la Reserva Federal como eje central de la liquidez internacional incluso en medio de tensiones geopolíticas, guerras comerciales y cuestionamientos políticos internos.
“Lo que le tocó enfrentar a Powell, y la acumulación de shocks, especialmente la pandemia, es una cuestión que va a los libros de historia”, concluyó Rojas.
El próximo presidente de la Fed heredará un escenario distinto al que Powell recibió en 2018. La inflación sigue por encima del objetivo, los mercados descuentan nuevos episodios de volatilidad vinculados a tarifas y energía, y la discusión sobre la independencia de los bancos centrales dejó de ser un debate académico.
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Parte del legado de Powell dependerá de cómo evolucionen esas variables después de su salida. Otra parte ya quedó instalada: la Fed entró en una nueva etapa en la que las decisiones monetarias, el tamaño del balance y la presión política pasaron a formar parte de una misma discusión.













