Bloomberg Línea — Las acciones en Estados Unidos cerraron con caídas pronunciadas el viernes, en una jornada marcada por la intensificación del conflicto en Medio Oriente, el repunte del petróleo y un giro abrupto en las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal.
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El deterioro del apetito por el riesgo se reflejó en descensos generalizados de los principales índices, mientras los inversionistas evalúan un escenario de una guerra más prolongada y sus implicaciones inflacionarias. Sobre los últimos minutos de la jornada bursáril, el presidente Donald Trump afirmó que no quiere un alto el fuego con Irán.
El S&P 500 retrocedió cerca de 1,51%, acumulando su cuarta semana consecutiva de pérdidas y encaminándose a su racha negativa más larga en un año. El Dow Jones Industrial cayó alrededor de 443 puntos, equivalente a 0,96%, mientras que el Nasdaq Composite lideró las bajas con un descenso de 2,01%, ambos quedaron cerca de la zona de corrección.
El índice de pequeñas capitalizaciones Russell 2000 perdió más de 2% y se convirtió en el primero de los grandes indicadores en confirmar una corrección en lo que va de 2026, tras superar el umbral de caída del 10% desde su último máximo
El detonante central del movimiento fue la creciente percepción de que el conflicto con Irán no tendrá una resolución rápida. Reportes sobre un eventual despliegue de tropas estadounidenses, junto con el envío de buques de guerra y miles de marines a la región, reforzaron la idea de una escalada.
A esto se suma el virtual cierre del estrecho de Ormuz, un punto crítico por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, lo que ha profundizado las disrupciones en la oferta energética global.
El crudo Brent superó los US$112 por barril, alcanzando su nivel más alto desde 2022 y acumulando un avance cercano al 9% en la semana. En el mes, el repunte se acerca al 50%, reflejando la magnitud del shock de oferta.
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Incluso algunos escenarios contemplan precios que podrían escalar hasta US$180 si las interrupciones se extienden. Este encarecimiento de la energía ha elevado las preocupaciones sobre inflación y crecimiento, alimentando temores de un entorno de estanflación.
Las tensiones geopolíticas también se trasladaron al mercado de deuda. Los bonos del Tesoro registraron fuertes pérdidas, con los rendimientos de corto plazo disparándose. La tasa a dos años se ubicó cerca de 3,9%, su nivel más alto desde julio, mientras que el rendimiento a 10 años alcanzó aproximadamente 4,39%. En conjunto, los movimientos reflejan un cambio drástico en las expectativas: los operadores pasaron de anticipar recortes de tasas a considerar incluso una probabilidad cercana al 50% de un alza de la Fed hacia octubre.
“Mientras la guerra siga escalando, el mercado estará más preocupado por la inflación que por el crecimiento”, señaló John Briggs, jefe de estrategia de tasas en Natixis North America. En una línea similar, Julia Hermann, de New York Life Investment Management, advirtió que “la Fed está atrapada entre una desaceleración del crecimiento y nuevas presiones inflacionarias, sin que ninguna de las dos domine claramente”.
El impacto del alza en los rendimientos y del fortalecimiento del dólar también golpeó a los activos considerados refugio. El oro sumó su peor semana desde 1983, con una caída superior al 3% en la jornada y un retroceso acumulado que refleja tanto la liquidación de posiciones como el ajuste en las expectativas de tasas. La pérdida de atractivo del metal, que no genera intereses, coincide con un entorno de costos financieros más altos y menor expectativa de estímulo monetario.
Paradójicamente, ni los bonos ni el oro han cumplido su rol tradicional de protección. En su lugar, los inversionistas han optado por refugiarse en instrumentos de liquidez, como fondos del mercado monetario, ante la elevada incertidumbre.
La sesión también estuvo influida por factores técnicos, como el vencimiento masivo de opciones conocido como “triple witching”, que involucró cerca de US$5,7 billones en contratos y amplificó la volatilidad hacia el cierre. Este evento, el mayor para un mes de marzo desde 1996, añadió presión adicional en un mercado ya debilitado por las noticias geopolíticas.
El cobre se sumó a la ola de ventas en los mercados globales. El metal industrial cayó 1,8% en la última sesión hasta ubicarse en US$11.929,50 por tonelada en Londres, acumulando una pérdida semanal de 6,7%, la más pronunciada en casi un año.
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El encarecimiento del petróleo y el gas, en medio de la disrupción del suministro a través del estrecho de Ormuz, ha elevado los temores de inflación global y, al mismo tiempo, de una desaceleración en la actividad manufacturera, un doble impacto que afecta directamente la demanda de metales.
Por su parte, el bitcoin (XBTUSD) ha mostrado una mayor resiliencia relativa, aunque no ha escapado a la volatilidad generada por el conflicto y el giro en las expectativas macroeconómicas. La criptomoneda retrocedió por debajo de los US$70.000 durante la jornada antes de estabilizarse en torno a ese nivel, acumulando tres días consecutivos de caídas tras haber rozado los US$76.000 a comienzos de semana.
¿Cómo va el dólar hoy en América Latina?
La volatilidad en los mercados energéticos sigue marcando el pulso de las divisas, en un entorno en el que los bancos centrales adoptaron un tono prudente ante la incertidumbre geopolítica, según el equipo de estrategia de BBVA.
Francesco Pesole, analista de ING, advierte que para la trayectoria del billete verde será clave contar con claridad sobre la reapertura del estrecho de Ormuz para evitar que se prolongue el fortalecimiento de la divisa.
En medio de ese contexto, las monedas de América Latina cayeron. El peso chileno (USDCLP), el real brasileño (USDBRL), el peso mexicano (USDMXN) y el colombiano (USDCOP) cedieron, un retroceso al que se sumó el sol peruano (USDPEN). El peso argentino (USDARS) se desligó y avanzó.
El informe de BBVA asegura que, aunque el escenario base no contempla un conflicto prolongado durante años, persiste una elevada incertidumbre sobre su duración y desenlace. El banco advierte que cuanto más se extienda la guerra, mayor será el impacto sobre la economía global, incrementando la volatilidad de los mercados y el desempeño de las monedas.
Las noticias corporativas del día:
- Femsa (FEMSAUBD) recortó cientos de empleos en su unidad fintech Spin y ajustó su estrategia tras no lograr convertir su ecosistema digital en un motor de tráfico para sus más de 24.000 tiendas Oxxo, en medio de una reestructuración más amplia que implicó hasta 1.300 despidos y reflejó las dificultades de competir en el saturado mercado financiero mexicano dominado por actores como MercadoLibre (MELI), Nu (NU) y bancos tradicionales.
- El vencimiento de la patente de semaglutida en India marca el inicio de una fuerte disrupción en el mercado global de fármacos para la obesidad, con al menos una docena de farmacéuticas locales preparando versiones genéricas de Ozempic y Wegovy a precios desde apenas US$14 mensuales frente a los más de US$100 de los productos originales, lo que anticipa una intensa guerra de precios en el tercer país con mayor población con sobrepeso.
- Unilever (UL) evalúa una de las mayores reestructuraciones de su historia tras confirmar conversaciones para vender su división de alimentos a McCormick. La unidad podría alcanzar una valoración de hasta US$33.000 millones, lo que convertiría la operación en la mayor transacción tanto para Unilever como para la propia McCormick, cuya capitalización ronda apenas US$14.500 millones. Aunque no hay acuerdo definitivo, las partes buscan avanzar hacia un cierre antes de fin de mes.
- Savvy Games Group, respaldada por el fondo soberano de Arabia Saudita, acordó adquirir el estudio Moonton de ByteDance por aproximadamente US$6.000 millones, en una operación clave para fortalecer su presencia en el segmento de videojuegos móviles y esports, especialmente en Asia donde títulos como Mobile Legends superan 1.500 millones de descargas.
Esta historia se actualizó al cierre de los mercados.