Bloomberg Línea — El reposicionamiento estratégico de Estados Unidos en América Latina y la persistente presencia de China han dejado de ser variables de contexto para convertirse en determinantes centrales de la asignación de capital en la región. A ello, se suma un calendario electoral que introduce cambios potenciales en la orientación de política económica en varias de las principales economías latinoamericanas.
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El análisis elaborado por el Instituto de Finanzas Internacionales plantea que el vínculo con Washington ya no opera bajo un principio de neutralidad regional. La diferenciación política comienza a trasladarse a los precios de los activos y a las primas de riesgo soberano. En este marco, el comportamiento de divisas, deuda y spreads responde tanto a fundamentos internos como al grado de alineamiento geopolítico.
Martín Castellano y María Paola Figueroa, analistas del IIF, afirman que “el compromiso de Estados Unidos ya no es neutral en toda la región, creando diferenciación política y en los precios de los activos”. Esta afirmación resume un cambio estructural en la lectura de riesgo regional.
El informe sostiene que la administración de Donald Trump busca reafirmar liderazgo en el hemisferio occidental mediante instrumentos financieros, comerciales y de seguridad. La intervención militar en Venezuela y el respaldo financiero otorgado a Argentina constituyen señales de esa estrategia. Según Castellano y Figueroa, “el gobierno de Estados Unidos está buscando reafirmar el liderazgo en América Latina ampliando su influencia en los ámbitos económico, comercial, de inversión, tecnología, migración y seguridad pública”.

Diferenciación geopolítica y precios de activos
El IIF identifica un proceso de segmentación creciente dentro de América Latina. La presión selectiva de Washington genera incentivos para que los gobiernos adopten posturas pragmáticas. El equilibrio entre la exposición comercial a China y los vínculos financieros con Estados Unidos se convierte en eje de política económica.
Castellano y Figueroa señalan que “el carácter diferenciado de la presión de Estados Unidos para construir alineamiento ha alentado una postura de política pragmática, a menudo transaccional, que requiere recalibración continua en toda la región”. Este enfoque implica ajustes frecuentes en comercio, migración y seguridad.
En los mercados financieros, esa diferenciación ya resulta visible. El IIF indica que “los cambios en la alineación geopolítica se están filtrando en los mercados financieros, con los precios de los activos de América Latina incorporando una diferenciación más marcada impulsada por tensiones comerciales, dinámicas cambiantes de flujos de capital y mayor sensibilidad a la dirección de la política de Estados Unidos y al ciclo político”. La consecuencia es una dispersión creciente en el desempeño relativo de monedas y bonos soberanos.
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México, Colombia y Centroamérica aparecen como los más expuestos a medidas unilaterales de Washington. En el caso mexicano, la revisión del T-MEC prevista para julio de 2026 condiciona decisiones comerciales y regulatorias. La cooperación en materia arancelaria y migratoria ha reducido tensiones, aunque persisten fricciones en seguridad. El peso (USDMXN) ha mostrado resiliencia frente a otras monedas emergentes, pero el IIF advierte que el riesgo geopolítico se incorpora de forma gradual en la valuación de activos.
En Colombia, la cercanía con Venezuela y la proximidad de elecciones legislativas y presidenciales en 2026 elevan la incertidumbre. El mercado alterna episodios de confianza y volatilidad. El IIF sostiene que los comicios ofrecen una oportunidad de recalibración bilateral si la próxima administración prioriza seguridad y consolidación fiscal.
Elecciones y opcionalidad en Brasil y Perú
Brasil y Perú presentan escenarios en los que el resultado electoral puede modificar la relación con Washington. En Brasil, la elección presidencial constituye un evento binario en términos de política económica. La exposición comercial directa a Estados Unidos resulta limitada, lo que ha contenido el impacto arancelario. Sin embargo, el escrutinio de Washington sobre procesos judiciales y comercio digital ha generado fricciones.

El IIF plantea que “un cambio de administración podría producir un alineamiento rápido con las prioridades de política de Estados Unidos en comercio, geopolítica regional, minerales críticos y gobernanza de la economía digital”. En contraste, la continuidad implicaría persistencia de tasas reales elevadas y desafíos fiscales.
En Perú, el contexto macroeconómico presenta soporte por precios altos de cobre y oro, junto con acceso activo a mercados de deuda. La designación como aliado principal extra OTAN por parte de Estados Unidos refuerza la dimensión de seguridad. No obstante, la dependencia comercial respecto de China introduce ambivalencia estratégica. El megaproyecto portuario de Chancay consolida la presencia del gigante asiático en infraestructura logística.
El desempeño de activos peruanos dependerá de la capacidad del próximo gobierno para ofrecer claridad regulatoria y disciplina fiscal. El IIF advierte que la exposición simultánea a Washington y Beijing exige equilibrio para evitar disrupciones en financiamiento externo.
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Cono Sur y Centroamérica como polos de alineamiento
Argentina constituye el caso de mayor cercanía con Washington. El respaldo financiero extraordinario de Estados Unidos permitió contener presiones de dolarización de cartera antes de elecciones legislativas y facilitó estabilización financiera. El acuerdo comercial y de inversión firmado entre ambos países busca reducir aranceles y promover capital en minerales críticos y energía.
El IIF sostiene que Argentina consolidó su posición como aliado estratégico de Estados Unidos, a pesar de que China permanece como principal mercado de exportación y proveedor de financiamiento en infraestructura.
En Chile, la expectativa de una administración con énfasis en disciplina fiscal y marco regulatorio ha mejorado percepción de riesgo. La exposición al cobre y al litio vincula al país con intereses estratégicos tanto de Washington como de Beijing. La evolución de precios de materias primas y la ejecución de reformas determinarán el potencial de compresión adicional de spreads.

Centroamérica enfrenta presiones paralelas. Honduras y Costa Rica mantienen vínculos estrechos con Estados Unidos en manufactura y zonas francas. El riesgo reside en tensiones políticas internas y dependencia de flujos comerciales con el mercado estadounidense.
El IIF concluye que “la interacción entre el compromiso de Estados Unidos, las transiciones políticas y la exposición a China está definiendo un panorama regional cada vez más diferenciado”. Para los inversionistas, la asignación en 2026 dependerá del posicionamiento geopolítico y de la credibilidad institucional que cada país logre consolidar.













