De EE.UU. a China: la lista de potencias con mayor gasto militar en medio de tensiones globales

El gasto en defensa de Europa alcanzó un récord de US$563.000 millones en 2025. Las crecientes tensiones geopolíticas y presiones en la OTAN explican el repunte.

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Fighting Extends to Second Day In Israel, Gaza
07 de marzo, 2026 | 07:00 AM

Bloomberg Línea — El gasto mundial en defensa aumentó en 2025 hasta los US$2,63 billones, un crecimiento del 2,5% en comparación a los US$2,48 billones del año 2024, según cifras del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, con sus iniciales en inglés).

Los desembolsos en Europa y Medio Oriente han impulsado el gasto global en defensa en un contexto de mayores tensiones geopolíticas en estas regiones, dice el reporte anual Balance Militar 2026.

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El gasto en defensa de Europa siguió aumentando y alcanzó un récord de US$563.000 millones en 2025, casi US$100.000 millones más que el año anterior.

El gasto fue impulsado por el compromiso de los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de elevar el gasto en defensa y seguridad al 5% del PIB para 2035.

Aunque el balance global “fue inferior al crecimiento del 7-8% observado en los últimos años, continuó la tendencia al alza del gasto récord del año anterior”, señaló IISS.

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Según el informe, el crecimiento sostenido en la mayoría de las regiones llevó a que el gasto mundial como proporción del PIB pasara de un promedio de 1,89% a 2,01%.

En 2025, la lista de los mayores presupuestos de defensa lo encabezó Estados Unidos con US$921.000 millones, abajo de los US$968.000 millones de 2024.

IISS asocia la caída a la reducción de la ayuda militar a Ucrania y las restricciones al presupuesto de defensa de Joe Biden.

Asimismo, a una menor disposición de Estados Unidos a asumir toda la carga de defensa con sus socios de la OTAN.

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EE.UU. se ubica por delante de China (US$251.300 millones), que representó en 2025 casi el 44 % del gasto militar regional en Asia, y Rusia (US$186.200 millones), cuyo gasto se moderó en comparación con años anteriores, “creciendo solo un 3% en términos reales en 2025″ frente al 56,9% en 2024.

No obstante, en medio de la guerra en Ucrania, el gasto todavía consume más del 7,3% del PIB, de acuerdo con IISS.

Ver más: De defensa a aerolíneas y energía: así reaccionan las acciones al conflicto en Medio Oriente

Luego figuran Alemania (US$107.300 millones), Reino Unido (US$94.300 millones), India (US$78.300 millones), Arabia Saudita (US$72.500 millones), Francia (US$70.000 millones) y Japón (US$58.900 millones).

“Europa, Oriente Medio y China pisan el acelerador mientras Estados Unidos y Rusia moderaron su ritmo de crecimiento”, dijo a Bloomberg Línea Rafael Pampillón, profesor de Economía en el IE Business School, en España. “Esa asimetría no es un matiz técnico, sino que es el reflejo de un mundo que se reordena a golpe de amenaza percibida”.

Pampillón dijo que es razonable anticipar que, cuando la tensión geopolítica escala, el gasto en defensa tienda a aumentar.

A medida que crece la probabilidad de enfrentamientos abiertos o se intensifican los ataques con misiles y drones, los Estados no solo buscan reponer lo destruido, sino también ampliar sus capacidades.

Según el analista, esto se refleja en más sistemas antimisiles, inteligencia, guerra electrónica y munición guiada.

A ello se suma el llamado dilema de seguridad.

Cuando un país refuerza su aparato militar, sus vecinos pueden interpretarlo como una amenaza y responder en la misma dirección.

Aunque ningún actor declare abiertamente su intención de iniciar una carrera armamentística, la dinámica de acción y reacción puede generar un círculo difícil de contener, en opinión Rafael Pampillón.

En el caso de Oriente Medio, el factor estratégico es aún más sensible por su papel como eje energético y logístico global.

Los recientes ataques de EE.UU. e Israel contra Irán volvieron a fortalecer la incertidumbre global y generaron disrupciones en el mercado petrolero.

“Oriente Medio no es una región cualquiera: es un centro energético y logístico esencial”, según Pampillón. “Si sigue creciendo el riesgo de interrupciones en el estrecho de Ormuz o en el Mar Rojo (Canal de Suez), aumentan los costes de asegurar los barcos, y, además, los incentivos para blindar infraestructuras, rutas marítimas y bases militares se multiplican".

Es decir, “aumentan los costes de todo tipo. No hablamos solo de defensa territorial, sino de proteger el flujo de energía y comercio global”, apuntó el analista de IE Business School.

Más gasto no implica más guerra

El presidente Trump celebra el cumpleaños del Ejército -y el suyo propio- con un desfile

Con todo, Rafael Pampillón dijo que más gasto en defensa no implica automáticamente más guerra.

El aumento presupuestario en ese rubro puede responder tanto a fines defensivos como disuasorios.

Sin embargo, también eleva el nivel de riesgo operativo.

A mayor despliegue de sistemas, patrullas e interceptaciones, mayor es la probabilidad de incidentes.

En entornos saturados de armamento sofisticado y con tiempos de decisión cada vez más cortos, el margen para errores de cálculo se reduce, y los costos humanos, políticos y económicos de cualquier incidente tienden a amplificarse, apuntó.

“No hace falta imaginar escenarios extremos: los incidentes por fuego amigo o por identificación errónea han ocurrido en conflictos recientes y recuerdan que, incluso sin intención de escalar, la acumulación de medios y tensión puede desencadenar tragedias”, expuso Pampillón. “Y entonces los costes humanos, políticos y económicos, se amplifican”.

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Defensa: impacto industrial y presión en cadenas

Ucrania

El aumento global del gasto en defensa no es solo mayor presupuesto, sino también una reorganización industrial.

Según Pampillón, cuando los gobiernos compran más armas, no solo pagan facturas, también reordenan fábricas, talento y materias primas.

En Europa, el fenómeno ha impulsado una reindustrialización selectiva en sectores como electrónica y aeroespacial.

A su juicio, esto podría generar posibles efectos tecnológicos positivos, aunque también con el riesgo de desviar recursos escasos desde otras áreas productivas.

El Estado asume un rol más activo mediante contratos de largo plazo y financiamiento público para expandir capacidad. “En el ámbito de la OTAN, por ejemplo, se habla abiertamente de ampliar capacidad industrial”.

Si coinciden varios focos de conflicto, advierte que la presión puede trasladarse a energía, materiales estratégicos y transporte, alimentando inflación sectorial. “El gasto en defensa, en ese sentido, no vive en un compartimento estanco”.

¿Qué papel juega Latinoamérica?

Vehículo militar del Ejército Mexicano durante un evento del Gobierno. 
(Foto: Presidencia/Gabinete de Seguridad).

Comparada con Europa, Asia u Oriente Medio, Latinoamérica tiene un peso reducido en el gasto mundial en defensa.

Según IISS, en América Latina el gasto nominal en defensa aumentó un 5,4% en 2025.

De esta forma, continuó la recuperación del crecimiento observada en 2024 tras años de descensos relacionados con la pandemia.

Rafael Pampillón detalla que en 2024 Sudamérica gastó en defensa unos US$53.600 millones de dólares (2% del gasto mundial).

Mientras que en Centroamérica y el Caribe las cifras son “aún menores”.

“La dinámica, además, es más estable. La razón principal es que la prioridad regional no suele ser la guerra interestatal, sino la seguridad interna: crimen organizado, control territorial, fronteras, migración. Eso cambia la composición del gasto”, en opinión del analista de IE Business School.

Se invierte más en vigilancia, movilidad y fuerzas con perfil policial o militarizado, y menos en grandes programas de aviación de combate o capacidades navales oceánicas.

México, por ejemplo, concentra parte del aumento del gasto militar en torno a la Guardia Nacional y a la lucha contra el crimen organizado, incluyendo el narcotráfico.

De acuerdo con Pampillón, el retraso relativo de América Latina se relaciona con restricciones fiscales necesarias, prioridad del gasto social, menor percepción de amenaza externa inmediata y una base industrial de defensa muy limitada.

Sin industria propia potente, aumentar el gasto en defensa implica importar sistemas muy caros y asumir adquisiciones con plazos largos.

Además, la inestabilidad política dificulta compromisos plurianuales.

El resultado, ahondó, es una región que “queda atrás en la carrera tecnológica y militar global, aunque pueda reforzar áreas como ciberseguridad o vigilancia interna”.

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OTAN 3.0

La OTAN ha enfrentado varios choques desde la llegada de Donald Trump al poder.

Su postura sobre el control de Groenlandia generó una crisis interna en la alianza que apenas comienza a aliviarse.

Más recientemente, en medio del conflicto con Irán, la negativa de España a permitir el uso de sus bases para bombardeos estadounidenses volvió a tensar la relación.

“No vamos a ser cómplices de algo que es dañino para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por miedo a las represalias de alguien”, dijo en un discurso el miércoles el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

EE.UU. defiende el concepto de una OTAN 3.0, “basada en la colaboración en lugar de la dependencia”, dijo en febrero el subsecretario de Guerra de Estados Unidos, Elbridge Colby. Señaló que el objetivo debe ser volver “a lo que la OTAN pretendía ser originalmente”.

“Es evidente que Estados Unidos quiere presionar a la OTAN por todas las formas y maneras posibles para aumentar el gasto de defensa y que sea efectivo”, dijo a Bloomberg Línea Luis Alberto Villamarin, analista internacional y presidente de la Fundación Excelencia, Liderazgo y Transformación (FundELT),

La idea es que los compromisos asumidos no se queden en el papel y que el plan fijado con horizonte a 2036 se cumpla efectivamente, apuntó Villamarin.

Explicó que el objetivo de fondo es que, para 2036, Europa tenga mayor autonomía militar y capacidad operativa propia dentro de la alianza, reduciendo su dependencia de Estados Unidos.

“Es presionar a Europa para que se fortalezca ella misma y para que la alianza trasatlántica tenga más autonomía, pero naturalmente Estados Unidos no se va a retirar de ahí”, consideró el analista de FundELT. “Rusia y China quisieran ver una OTAN disminuida, pero Estados Unidos tampoco les va a dar el gusto de eso”.

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