Buenos Aires — Ernesto Talvi es un reconocido economista uruguayo de 68 años quien, a principios de los años ‘90, trabajó en el banco central de su país con una inflación superior al 100%. Ahora, en el año 2026, tendrá el desafío de ayudar a estabilizar a la Argentina. El sábado, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció que Talvi su suma a su equipo de trabajo en su carácter de asesor.
La llegada de Talvi al equipo económico en carácter de asesor se confirma menos de cuatro meses después de que dejara, al participar de una entrevista con La Nación+, un diagnóstico respecto de lo que necesita la economía del país para estabilizarse.
Allí, el economista uruguayo trazó paralelismos entre la situación de Uruguay cuando él ingresó al Banco Central como director de Política Económica y la que tenía Argentina cuando llegó Javier Milei.
¿Qué dijo Talvi respecto de cómo se estabilizó Uruguay y qué debería hacer Argentina?
Según explicó Talvi a La Nación+, cuando se lanzó el plan de estabilización uruguayo en diciembre de 1990 el déficit fiscal alcanzaba siete puntos del producto, mientras que en Argentina rondaba los cinco puntos cuando comenzó la gestión de Javier Milei.
También señaló que la inflación uruguaya superaba el 130% anual, en tanto que la argentina se encontraba cerca del 160%. A esa combinación se sumaba un cuadro de reservas internacionales prácticamente inexistentes y sin acceso al crédito internacional, en una economía donde el dólar tenía un peso dominante en las decisiones de ahorro y precios.
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A partir de ese diagnóstico, Talvi sostuvo que la estabilización de Uruguay fue un proceso gradual. El programa económico permitió reducir la inflación desde niveles cercanos al 140% hasta el 40% en los primeros dos años, una dinámica que consideró comparable con la trayectoria inicial observada en Argentina. Sin embargo, llevar la inflación desde ese nivel hasta un dígito tomó cinco años y medio adicionales.
El economista explicó que uno de los factores que condicionó la velocidad de la desinflación fue la necesidad de reconstruir el nivel de reservas internacionales. Para hacerlo, el Banco Central uruguayo debía comprar dólares en el mercado, lo que implicaba emitir moneda. Esa dinámica obligaba a tolerar durante un período relativamente prolongado una inflación más elevada que la deseada, en un contexto en el que el país todavía no contaba con financiamiento externo.
Según relató, Uruguay recién logró comenzar a incrementar de manera sostenida sus reservas hacia el tercer año del programa, cuando recuperó el acceso a los mercados de capitales y comenzó a consolidarse la confianza en la política económica. Ese cambio se reflejó en un aumento de la demanda por moneda local. En ese proceso, añadió, el país tampoco cumplió en los primeros años con algunas metas de acumulación de reservas acordadas con el Fondo Monetario Internacional, algo que consideró habitual en programas de estabilización.
Talvi también advirtió sobre los riesgos de intentar acelerar demasiado la reducción de la inflación. En su opinión, un ajuste excesivamente rápido puede implicar tasas de interés muy elevadas, un tipo de cambio apreciado y un impacto negativo sobre el sector productivo. Ese escenario, dijo, termina debilitando la sostenibilidad del programa económico si el costo financiero se vuelve demasiado alto y afecta la credibilidad del sendero fiscal.
En relación con el financiamiento externo, recordó que Uruguay tardó más de dos años desde el lanzamiento del plan en volver a emitir deuda en los mercados internacionales. Más adelante, durante el sexto año del proceso, se implementó una reforma del sistema de seguridad social destinada a consolidar las cuentas fiscales en el mediano plazo. Un año y medio después de esa reforma, el país obtuvo el grado de inversión en los mercados de deuda.
Una vez que la inflación se redujo a un dígito, Uruguay avanzó hacia un régimen de flotación cambiaria. Talvi remarcó además que el proceso de estabilización atravesó cambios de gobierno sin alterar su dirección. El programa fue iniciado durante la presidencia de Luis Alberto Lacalle Herrera y continuó luego bajo la administración de Julio María Sanguinetti, lo que, según señaló, permitió consolidar la credibilidad del esquema económico.
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Durante la entrevista también se refirió a las herramientas de política monetaria. En ese punto manifestó que había estado en desacuerdo con la eliminación de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI), al considerar que un banco central necesita contar con instrumentos para regular la liquidez del sistema financiero. De todos modos, destacó que posteriormente el Banco Central volvió a recrear mecanismos de ese tipo.
Huelga policial y retroceso fiscal
En relación con el frente fiscal, recordó que Uruguay alcanzó el equilibrio presupuestario a los dos años de iniciado el programa, aunque en parte a partir de salarios muy deprimidos en el sector público. Esa situación derivó en conflictos sociales, entre ellos una huelga policial. Como consecuencia, parte de los ajustes debieron revertirse y el resultado fiscal volvió a deteriorarse. Hacia el quinto año del proceso, el déficit había regresado a un nivel cercano a tres puntos del PIB.
De acuerdo con Talvi, ese retroceso llevó a que algunos analistas pronosticaran el fracaso del programa económico, al considerar que su fundamento principal era el equilibrio fiscal. Sin embargo, sostuvo que el proceso de estabilización continuó y no se descarriló.
Déficit del sector externo
Talvi también hizo referencia al frente externo durante los procesos de estabilización. Al repasar la experiencia uruguaya, señaló que el país pasó de registrar superávit a tener déficit en la cuenta externa a lo largo del programa económico y que esa situación se mantuvo posteriormente.
Según explicó, ese cambio respondió en buena medida a la necesidad de aumentar la inversión y las importaciones de bienes de capital. “El país precisaba invertir, importar maquinaria”, indicó al describir la dinámica que acompañó el proceso de crecimiento posterior a la estabilización.
En ese sentido, sostuvo que la trayectoria que atraviesa actualmente Argentina presenta rasgos similares. A su juicio, el país se encuentra transitando un proceso comparable al que vivió Uruguay durante su propio programa de estabilización.













