Bloomberg Línea — El nuevo reto de la canadiense-estadounidense Maria Klawe es aprender español. El idioma le llamó la atención en su última visita a Brasil para el lanzamiento del ITEC (Instituto de Tecnología y Computación), una iniciativa sin fines de lucro que prevé inversiones de R$400 millones (US$74,3 millones) para ofrecer estudios universitarios gratuitos en Ciencias de la Computación.
“Creo que ya llevo 22 días seguidos usando Babbel. ¿Estoy progresando? Sí. ¿Es lento? Ah, es muy lento. Pero es interesante”, dijo la matemática y científica informática que forma parte del consejo académico de la nueva institución.
A sus 73 años, Klawe es una incansable defensora de la educación humanizada y de la inclusión y la diversidad en las áreas de STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por su sigla en inglés).
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En una era en la que las herramientas de inteligencia artificial generativa prometen escribir código con comandos simples, Klawe adopta una postura que puede parecer contraintuitiva: aprender programación nunca ha sido tan importante.
“No basta aprender a escribir unas cuantas líneas de código en Python o Java”, afirmó la directiva, que pasó siete años en la junta directiva de Microsoft y actualmente preside Math for America.
“Lo importante es comprender realmente los conceptos fundamentales de la informática, el pensamiento computacional, para poder utilizar estas herramientas de IA y ampliar lo que se puede hacer por uno mismo”, declaró a Bloomberg Línea.
Para Klawe, la IA generativa ha hecho que las instituciones educativas innovadoras sean “un millón de veces más importantes” que antes.
Sin embargo, hay una salvedad: la promesa de que la IA lo resolverá todo no se cumplirá.
“Es cierto que la IA generativa está avanzando de formas que hace cinco años nadie hubiera imaginado”, reconoció. “Pero las personas que prosperarán en este nuevo futuro serán aquellas que tengan el pensamiento computacional para trabajar eficazmente con estas herramientas”.
En otras palabras: no basta con saber hacer preguntas a ChatGPT. Es necesario comprender profundamente cómo funcionan los sistemas computacionales para poder aplicar la IA de forma creativa y eficaz.
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La diversidad gana más valor
La diversidad, una bandera que la exconsejera de Microsoft entre 2009 y 2015 defiende desde hace décadas, cumple un papel aún más fundamental en los nuevos tiempos.
“Muchos sistemas de IA se han entrenado con datos que tienen más perspectivas masculinas”, dijo. “Eso no va a ser útil”.
La solución que defiende Klawe pasa por contar con equipos verdaderamente diversos en la creación de nuevas tecnologías.
“Si tienes a un montón de personas que piensan de la misma manera creando cosas, tendrás todo tipo de problemas que no se han tenido en cuenta. Si tienes un equipo que proviene de diversos orígenes y aprende de diferentes maneras, es mucho más probable que se cree algo sólido, se cometan menos errores y se fabriquen mejores productos”.
No es casualidad que la científica informática se haya embarcado en el proyecto del ITEC (Instituto de Tecnología y Computación), ideado por Cristiano Franco, fundador de Poatek, vendida a Insígnia Capital en 2021.
La iniciativa cuenta con el apoyo y la financiación de los empresarios Marcelo Lacerda y Sérgio Pretto, la Fundación Behring y la Fundación Telles, de Marcel Telles, de 3G Capital.
El instituto ofrecerá un curso de informática. La primera promoción está prevista que comience con 60 alumnos en 2027 y los alumnos recibirán becas completas. En las demás, habrá una combinación de alumnos que paguen y alumnos becados. Se espera llegar a mil graduados en una década.
El plan de estudios y el modelo se inspiraron en instituciones como Caltech, la Universidad Carnegie Mellon y el Harvey Mudd College, espacio que Klawe dirigió durante 17 años, entre 2006 y 2023.
El Harvey Mudd College, en Claremont, California, es una institución pequeña y poco conocida fuera de los círculos de la teconología. Sin embargo, dentro del Silicon Valley, la historia es otra. Con solo 900 estudiantes de licenciatura y un enfoque exclusivo en STEM, compite en rigor con el MIT y Caltech.
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Durante su gestión, Klawe trabajó para transformar el ambiente competitivo típico de las instituciones de élite en STEM en algo colaborativo.
“La cultura en Mudd es que es trabajo de todos ayudar a los demás a tener éxito. No es como si hubiera un grupo de estudiantes negros aquí, un grupo de mujeres allá. Todos están juntos”.
Este enfoque permitió a Mudd alcanzar un 50 % de mujeres no solo en informática, sino en todos los cursos, manteniendo un plan de estudios que Klawe describe como «al menos tan exigente como el de Caltech y el MIT, y en cierto modo más exigente, porque no hay atajos. No hay un camino más fácil, solo hay un camino”.
En la Universidad de Columbia Británica, donde fue directora del Departamento de Ciencias de la Computación, ya había demostrado que esto era posible al aumentar la participación femenina del 16 % al 27 % en cinco años.
Pionera renuente
La historia de Klawe con la discriminación de género en STEM empezó temprano. Nacida en Toronto en 1951, creció en una época en la que “las chicas no debían ser buenas en matemáticas”.
Su padre, sin embargo, la trataba como al hijo que esperaba tener. “Pensaba que era un niño. Y, por eso, toda mi personalidad y todos mis intereses se formaron por el hecho de ser el ‘hijo’ de mi papá”, recordó.
Cuando ingresó en la Universidad de Alberta para estudiar matemáticas, todos sus profesores eran hombres. Y, aunque reconocían que era una de las mejores alumnas de la década, la desanimaban. “Me decían: ‘María, tienes tantos talentos. ¿Por qué elegirías estudiar matemáticas? No hay buenas matemáticas’”, contó.
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La reacción de Klawe ante los prejuicios y las opiniones contrarias fue la contraria. “Soy muy terca. El hecho de que me dijeran eso me hizo decidir que iba a tener éxito”.
A lo largo de 37 años, o la mitad de su vida, como ella misma dijo, Klawe construyó una historia de pionerismo: fue la primera profesora mujer en el Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Columbia Británica, la cuarta entre 200 profesores en la Facultad de Ciencias y la undécima entre 300 miembros del cuerpo docente.
En Princeton, se convirtió en la primera rectora de la Escuela de Ingeniería. Y, en 2006, asumió el cargo de quinta presidenta del Harvey Mudd College, y primera mujer en ocupar ese puesto en los 55 años de historia de la institución.
“He pasado toda mi vida siendo la persona que decidió hacer que esto sucediera”, dijo. “Y creo que esa es una de las cosas que me convence de que es posible hacer que el ITEC sea una realidad. Porque, a veces, solo tienes que creer y luego luchar. Es parte de cómo se cambia el mundo”.
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