Bloomberg Línea — América Latina sumó un récord de 109 milmillonarios en 2025, 14 más que en 2024, y su riqueza, de US$622.000 millones, equivale al PIB combinado de Chile y Perú, de acuerdo con un informe publicado por Oxfam en simultáneo con el comienzo del Foro Económico Mundial 2026.
El reporte plantea que los superricos en la región han visto crecer su patrimonio en 443% desde el 2000. Solamente en el último año incrementó en 39%, es decir, creció 16 veces más rápido que la economía latinoamericana.
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La preocupación radica en que los más ricos también controlan el poder político y definen las reglas económicas a su favor, según el informe, a expensas de los derechos y libertades de la ciudadanía.
“Mientras la riqueza de los milmillonarios ha crecido en promedio un poco más de US$491.000 al día, un trabajador con salario mínimo necesitaría 102 años para alcanzar esa misma fortuna”, dice la directora regional de Oxfam en América Latina y el Caribe, Gloria García-Parra. “Este desequilibrio perpetúa élites que compran influencia política y reproducen la desigualdad por generaciones”.
Mientras los ricos tienen mayor acceso a la política, ocupando importantes espacios de decisión y creando políticas que les favorezcan, los pobres pierden visibilidad en la vida pública.
Muestra de ello es que solamente cinco países latinoamericanos aplican impuestos al patrimonio neto y apenas nueve gravan herencias, aun cuando el 53,8% de los superricos de la región heredaron total o parcialmente su fortuna, por encima del 37,3% mundial.
El informe de Oxfam plantea que ese “vacío legal” posibilita que los ultrarricos perpetúen su control económico-político y, por ende, la desigualdad en la región.
“La pobreza económica produce hambre. La pobreza política genera indignación”, comenta Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam.
Un ejemplo de cómo el poder político mantiene una relación intrínseca con el poder económico es que 16 presidentes latinoamericanos llegaron al Ejecutivo después de dirigir grandes empresas entre 2000 y 2025.
Detrás de la desigualdad también están los sistemas fiscales, según Oxfam. Mientras el 50% de la población más pobre de Latinoamérica destina el 45% de sus ingresos al pago de impuestos, el 1% más rico aporta menos del 20%.
“Cuando la riqueza compra influencia política, la democracia deja de ser representativa y se convierte en privilegio de unos pocos”, agrega García Parra. “No es solo un problema económico: es una amenaza directa a los derechos y a la voz de las mayorías”.
Superricos, con más opciones de puestos públicos
Otro reporte de Oxfam, también publicado esta semana, destaca que los multimillonarios tienen 4.000 veces más probabilidades de ocupar cargos públicos, hecho que, sumado a su músculo financiero y poder mediático, puede permitirles “moldear las normas que rigen nuestra economía y sociedad en su propio beneficio”.
El grupo de ONG independientes reseña que 73 de 2.027 multimillonarios en el planeta ocuparon cargos ejecutivos o legislativos en 2023, es decir, los superricos tienen una probabilidad del 3,6% de desempeñarse en estos puestos, mientras que un ciudadano común tiene una posibilidad de 0,0009%.
Rebecca Riddell, líder de Políticas de Justicia Económica en Oxfam América, dice que “el hecho de que los multimillonarios tengan 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo que otra persona subraya el enorme poder desproporcionado que tienen”.
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