Fracking en México beneficiará a las industrias, pero es insostenible en el largo plazo

El sistema energético que atiende a las industrias, principalmente exportadoras, es incapaz de mantener el ritmo de crecimiento económico.

Quema de gas
10 de abril, 2026 | 08:55 AM

Ciudad de México — El uso de fractura hidráulica del subsuelo para producir más gas natural, técnica conocida como fracking, beneficiará a las industrias en México, pero es insostenible a largo plazo en caso de que las autoridades mexicanas avalen su implementación, explicaron investigadores consultados por Bloomberg Línea.

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El Gobierno está reconsiderando el uso de fracking para revertir la elevada dependencia a las importaciones de gas estadounidense, luego de siete años de veto y promesas de campaña para prohibirlo de la actual presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum.

La mandataria promueve el ambicioso Plan México que busca atraer inversiones que impulsen el crecimiento económico del país, pero que requieren de altas cantidades de energía.

Los 9.100 millones de pies cúbicos diarios de gas que demanda México sirven mayoritariamente a la generación de energía eléctrica, actividades petroleras de Pemex y procesos industriales. Las importaciones de gas representan el 75% del consumo nacional, de acuerdo con datos de la Secretaría de Energía.

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“El gas se necesita prácticamente para toda la industria del país, toda la industria requiere gas”, dijo Sheinbaum durante su conferencia de prensa matutina del miércoles 8 de abril de 2026.

México: una pequeña china

México produce más de la mitad de su energía eléctrica con gas natural, que principalmente viene de Texas. El sector industrial y comercial consumen 63% del total, mientras el 37% restante corresponde al sector residencial, agrícola y de alumbrado público, de acuerdo con información de la empresa estatal Comisión Federal de Electricidad (CFE).

El gas también sirve para múltiples procesos industriales como la refinación de minerales, hornos siderúrgicos que requieren altas temperaturas, producción de cemento y vidrio, y secado de alimentos, entre otros.

Las importaciones de gas se consolidaron ante el declive productivo que comenzó en 2009, mientras México construyó decenas de centrales eléctricas de ciclo combinado que funcionan con gas, incluso con el expresidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), quien impulsó en su gobierno una política de soberanía energética, pero que también promovió proyectos para licuar gas importado y reexportarlo a mercados de Asia.

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“Se ha beneficiado una parte de la industria y sociedad, una parte, pero es insostenible a mediano y largo plazo. Estamos importando energía para fabricar productos a bajo costo, porque aquí se paga menos a la gente, y luego se reexportan”, comentó en entrevista Luca Ferrari, investigador del Instituto de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Las industrias se convirtieron en el gran consumidor de energía en México después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte porque el país se volvió una “pequeña China” con la relocalización de empresas manufactureras que consumen altas cantidades de energía, como la industria automotriz, pero que envía la mayoría de sus productos al extranjero, agregó el académico.

De los 3,9 millones de vehículos ligeros que produjo México en 2025, 85% se exportaron, principalmente a Estados Unidos, según datos del Instituto Nacional de Estadística (Inegi).

El consumo de energía para el sector industrial ha crecido mucho más rápido que la población y las expectativas del Gobierno es que la tendencia continúe.

La tasa media de crecimiento anual de la población es de 0,6% de 2024 a 2038, mientras que la de consumo eléctrico final del comercio e industrias oscila entre 2,5 y 3% para el mismo periodo, según el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional más reciente.

Pero la estabilidad comercial ha tropezado luego de que el Gobierno de Donald Trump activó una política proteccionista de aranceles contra México y el mundo, mientras desdeña la nueva versión de acuerdo comercial de los tres países de América del Norte, conocido como T-MEC, cuya renegociación se realizará este año.

Como parte de la respuesta gubernamental a las amenazas arancelarias del mandatario estadounidense, Sheinbaum presentó el Plan México para aumentar la producción de manufacturas que atienda el mercado doméstico y regional, principalmente el de Estados Unidos, además de crear corredores industriales conocidos como Polos del Bienestar.

“México se ha atado al modelo maquilador de exportación”, dijo Ferrari. “Las autoridades quieren crear corredores industriales y ahora hablan de centros de datos e inteligencia artificial que no son necesariamente un beneficio para el país”.

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Charlie Punzo, investigador de la organización Fundar, consideró que en el marco de la renegociación del T-MEC, hay presión para la entrada de empresas estadounidenses.

“Veo una presión evidente desde los Estados Unidos al Gobierno mexicano para abrir las inversiones energéticas, México está tratando de ser prudente, pero el punto de quiebre es en los territorios”, comentó.

El 1 de abril, el informe sobre barreras al comercio exterior del Gobierno de Estados Unidos señaló que las empresas privadas no pueden participar de manera efectiva o incluso no participar en absoluto en el sector energético mexicano por frecuentes demoras, rechazos inexplicables o injustificados, además de inacción sobre solicitudes de nuevos permisos o modificaciones.

“Estados Unidos continúa monitoreando de cerca los avances en materia de posibles reformas”, dice el documento.

Problemas operativos

Víctor Rodríguez Padilla, CEO de Pemex, dijo en la conferencia presidencial que los campos no convencionales que requieren fractura hidráulica horizontal pueden aumentar la producción de gas en 1.150 millones de pies cúbicos diarios hacia 2030 y subir a 3.200 millones en 2035, cifras que, sumadas a la producción de gas esperada en activos convencionales, podrían aportar más de la mitad de la demanda al final del actual gobierno.

Pero uno de los principales problemas operativos del fracking, que consiste en inyectar agua, químicos y arena a alta presión en el subsuelo, es la acelerada declinación de los pozos de gas de lutitas, también conocido como gas shale, en cuestión de meses, y la necesidad de constantes inversiones en nuevas perforaciones para mantener los niveles de producción, de acuerdo con análisis de la Administración de Información Energética estadounidense, conocida como EIA, por sus siglas en inglés.

“La producción de gas shale disminuye aún más drásticamente: sin inversión, la producción cae en más del 35% en un año y en un 15% adicional en un segundo año”, advierte la Agencia Internacional de Energía en otro reporte.

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Para producir el volumen de gas con fracking en los siguientes 10 años, como proyecta el Gobierno, sería necesario perforar de 2.000 a 3.000 pozos, pero Pemex apenas realizó un par de decenas de perforaciones en 2025, señaló el geólogo.

Pemex ya ha hecho perforaciones masivas en el activo Chicontepec, donde estimó producir hasta 500.000 barriles diarios, pero sólo logró 32.000 con inversiones que rebasaron los US$4.000 millones en 2009, según datos de la extinta Comisión Nacional de Hidrocarburos.

El fracking en México se remonta a la década de los 90. Con esta técnica, Pemex llegó a producir hasta 195.000 barriles diarios en 2019, informó Sergio Pimentel, uno de los comisionados de CNH, en su perfil de X.

El costo de un pozo para gas shale, como se conoce al hidrocarburo extraído mediante fracking, oscila de US$5 a US$14 millones, cifra que depende de la profundidad, complejidad geológica y número de fracturas horizontales que se vayan a realizar dentro de un activo, precisó Ferrari.

El colectivo Alianza Mexicana Contra el Fracking estima que los costos de un pozo no convencional ronda de US$20 a US$25 millones en México.

“No quieren escuchar, yo se lo he dicho muchas veces a gente en Pemex y Sener (Secretaria de Energía), pero tienen esa idea de que el petróleo y el gas es infinito, aunque ahora admiten que cada vez cuesta más extraerlos”, expresó.

Sheinbaum mencionó el jueves pasado que, en caso de encontrar tecnología sin los impactos ambientales del fracking tradicional, su uso podría abrirse a contratos de servicios de Pemex y contratos mixtos con empresas privadas.

“Hablan de soberanía energética, pero lo van a hacer extranjeros”, dijo Ferrari, doctor en ciencias de la tierra de la Universidad de Milán.

Como Pemex carece de la tecnología para hacer fracking, depende de empresas contratistas como Halliburton, SLB y Baker Hughes que no corren ningún riesgo ni generan desarrollo para regiones olvidadas del país que poseen recursos no convencionales, dijo Manuel Llano, director de CartoCrítica, una asociación civil enfocada en al investigación socioambiental y territorial.

La perforación y fracturación son momentos de operación muy cortos hechos por personas muy especializadas que no se generan ni se quedan en las comunidades, las cuales reciben un territorio erosionado con impactos acumulativos en la salud. Es todo lo que van a ver”, dijo el investigador en conservación de la biodiversidad por el Tecnológico de Monterrey.

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Riesgos ambientales

La presidenta mexicana prometió instaurar un comité de científicos y especialistas en manejo del agua, reciclaje, “explotación sustentable” para que emitan opiniones, recomendaciones y presente resultados sobre el uso de fracking en los próximos dos meses.

Bloomberg Línea consultó a la Secretaría de Energía y Pemex sobre el tema, pero no obtuvo respuesta.

Los investigadores consultados coincidieron en que la tecnología sostenible para realizar fracturas hidráulicas horizontales no se usa porque incrementaría los costos en un negocio de puntos de equilibrio (breakeven) apretados.

Por el contrario, explicaron que la tecnología se ha vuelto agresiva como es el caso de los ‘monster fracks’, instalaciones masivas que consumen más agua.

Ferrari comentó que las empresas estadounidenses pueden minimizar los costos porque tienen “toda la experiencia del mundo” con protocolos de eficiencia, pero si México quiere hacerlo de manera sostenible, con agua reciclada, por ejemplo, va a costar más.

El director de Pemex aseguró que, para reducir el riesgo de la contaminación por fracturas horizontales y proteger los acuíferos, se utiliza infraestructura mejorada, con los “estándares más altos” de cimentación, tuberías y materiales.

“Estamos hablando de una profundidad mayor de 4.000 metros en roca, de tal manera que la contaminación de los mantos acuíferos está totalmente... No se da”, comentó el directivo.

Pero Llano recordó que 5% de los pozos que utilizan fractura hidráulica horizontal tiene fugas de inmediato, 50% las tendrá en 15 años y 60% registrará fugas en 30 años, basado en el Compendio de hallazgos científicos de Nueva York, una iniciativa que recopila evidencia de peligros y riesgos del fracking.

Si no se gestiona adecuadamente el fluido de fracturación hidráulica, advierte la EIA, que puede contener sustancias químicas potencialmente peligrosas, podría liberarse a través de derrames, fugas, defectos en la construcción de pozos u otras vías de exposición y contaminar zonas aledañas.

Pero el sector petrolero ha contado con protección legislativa para esquivar la divulgación de los fluidos químicos utilizados para la fractura.

Durante 2005, el Congreso estadounidense exentó a la industria del fracking de los requisitos de la Ley de Agua Potable Segura. Defensores de la salud llamaron a esta excepción como el Halliburton Loophole (laguna legal) en referencia a la compañía Halliburton, el mayor proveedor de servicios de fracking, dirigida por Dick Cheney, antes de que fuera vicepresidente de Estados Unidos (2001-2009), según Bloomberg.

Aunque México ha emitido disposiciones y lineamientos de seguridad y protección al ambiente y aguas nacionales para actividades petroleras en activos no convencionales terrestres, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales sufrió un recorte presupuestal de casi 40% en 2025 y 4% para 2026 en términos reales, mientras Pemex registró un recorte de 7% el año anterior y un aumento de 7,6% para este.

La explotación de recursos no convencionales y aguas profundas representan mayores costos y riesgos ambientales, por lo que México tiene que desescalar el modelo económico de “crecimiento infinito”, aunque sea una “herejía para los economistas”, con el fin de que la población pueda vivir con relativa dignidad, pero sin tanto consumo, consideró Ferrari.

“La alternativa es seguir adelante como si nada pasara y ahora lo estamos viendo: guerra por los recursos que quedan porque se está restringiendo el pastel y el que está comiendo más, no quiere dejar de comer más”, concluyó Ferrari.

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