‘Porky’, el candidato conservador de Perú, lidera la carrera presidencial

Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y exjecutivo de Citibank, es uno de los ciudadanos más ricos de Perú.

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Conservative Tycoon ‘Porky’ Leads Peru’s Presidential R
Por Carla Samon Ros
30 de marzo, 2026 | 03:46 PM

Bloomberg — Un magnate conservador y católico devoto que amasó su fortuna gestionando hoteles y trenes de lujo figura entre los favoritos para convertirse en el próximo presidente de Perú, y ha prometido tomar medidas drásticas contra el aborto, la delincuencia y la migración.

Rafael López Aliaga, quien ha adoptado el apodo de “Porky” debido a su rostro redondo y sus prominentes mejillas sonrosadas, lidera la lista de más de 30 candidatos en varias encuestas de cara a las elecciones del próximo mes.

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El exalcalde de Lima y ejecutivo de Citibank es uno de los ciudadanos más ricos de Perú, con un patrimonio que, según él, supera los US$1.000 millones, aunque a menudo trata de presentarse como un hombre que lucha contra las élites en nombre de los pobres. Sus llamados a cerrar ministerios enteros y a reducir drásticamente el tamaño del Estado recuerdan al presidente argentino, Javier Milei, quien blandió una motosierra durante la campaña para simbolizar sus planes de recortar el gasto.

López Aliaga ha prometido enviar a los delincuentes a lo más profundo de la Amazonía, donde las serpientes venenosas impedirían su huida, e introducir la pena de muerte para violadores, extorsionadores y funcionarios corruptos. También quiere expulsar a muchos de los 1,7 millones de migrantes venezolanos que han llegado a Perú en los últimos años.

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Como miembro de la organización católica conservadora Opus Dei, ha afirmado que practica la autoflagelación y el celibato, y ha pedido que se expidan documentos de identidad a los bebés no nacidos como parte de su agenda antiaborto. Ha dicho que cuando ve a una mujer guapa, reflexiona sobre lo mucho más hermosa que es la Virgen María.

En materia económica, dice que reduciría la burocracia y el gasto público, disminuiría los salarios de los legisladores y limitaría el número de ministerios a un máximo de seis. También ha promovido que la empresa estatal Petróleos del Perú SA se privatice a favor de los trabajadores.

“El Estado va a ser realmente pequeño, casi no quedará nada”, dijo en un discurso reciente.

Una victoria de López Aliaga, de 65 años, prolongaría la racha de triunfos de los candidatos pro-Washington en toda América Latina, tras las recientes victorias de los conservadores en Ecuador, Bolivia, Honduras y Chile. La mayoría de las encuestas le otorgan entre un 10% y un 12%, lo que le sitúa en un empate técnico con Keiko Fujimori, otra conservadora religiosa que ha llegado tres veces a la segunda ronda en elecciones presidenciales.

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López Aliaga asistió el año pasado a la toma de posesión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y ha propuesto permitir que las fuerzas estadounidenses intervengan en Perú para desmantelar las bandas criminales.

Siguiendo el discurso de Trump

Sus ataques a algunas empresas, especialmente a Brookfield Asset Management, y su adopción del personaje de dibujos animados Porky Pig, de Looney Tunes, como emblema de su campaña le han ayudado a distinguirse de la clase conservadora tradicional del país. El estilo descarado del empresario se asemeja al de Trump, y afirma que quiere “hacer que Perú vuelva a ser grande” y salvarlo de los izquierdistas “mentirosos, asesinos y ladrones”.

“Ha roto ligeramente el molde del candidato de la derecha peruana”, afirmó el politólogo Eduardo Dargent. “En cambio, se muestra como alguien que, más en sintonía con el espíritu de los tiempos, rompe las reglas para conseguir que se hagan las cosas”.

Si gana, su capacidad para llevar a cabo cualquiera de sus planes dependerá en gran medida de si es capaz de forjar alianzas en un Congreso notoriamente corrupto y disfuncional, que volverá al bicameralismo por primera vez en más de tres décadas.

En un país donde el desprecio hacia los políticos es muy generalizado, algunas encuestas muestran que alrededor de un tercio del electorado no respalda a ninguno de los candidatos. Si ninguno obtiene más del 50% el 12 de abril, habrá una segunda vuelta en junio.

Quienquiera que gane asumirá el cargo a finales de julio para convertirse en el décimo jefe de Estado desde 2016, y el quinto desde que el expresidente Pedro Castillo ganó las elecciones anteriores en 2021. Perú es uno de los países más inestables a nivel político del mundo, y casi todos los líderes de su historia reciente han sido sometidos a mociones de vacancia, encarcelados o investigados penalmente.

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A pesar de ello, la economía es de las de mejor rendimiento de la región. El Producto Interno Bruto creció un 3,4% el año pasado, superando a Colombia, Chile, Brasil y México. La inflación anual es actualmente del 2,2%, una de las tasas más bajas de los mercados emergentes.

López Aliaga afirma que puede impulsar el crecimiento económico anual hasta el 7% y fomentar el empleo formal en un país donde alrededor del 70% de los trabajadores se encuentran fuera del sector formal.

Alex Contreras, exministro de Economía que asesora al candidato en materia económica, afirma que un gobierno de López Aliaga impulsaría una “gran ofensiva” para atraer inversión extranjera, especialmente en infraestructura.

“Queremos desencadenar una avalancha de inversión privada”, declaró Contreras en una entrevista.

Otro plan consiste en crear una empresa estatal que compraría oro a los mineros a pequeña escala, para ayudar a formalizar el sector. La nación andina se encuentra también entre los mayores productores mundiales de cobre, plata y zinc.

Molienda de azúcar

Nació en Lima en el seno de una familia de ingenieros químicos y fue criado en una hacienda de caña de azúcar en el norte de Perú. López Aliaga cuenta que empezó la molienda de azúcar de niño, mientras su familia atravesaba dificultades económicas en la década de 1960.

Estudió ingeniería industrial y luego regresó a la capital, donde trabajó en banca, antes de hacer fortuna invirtiendo en ferrocarriles, turismo y hoteles a partir de la década de 1990. También ha participado en los sectores de la energía y el sector inmobiliario, según una carta de 2020 que envió a la autoridad electoral de Perú.

Parte de su fortuna proviene de los hoteles y de una concesión para gestionar el servicio ferroviario a Machu Picchu, las ruinas incas que son el lugar turístico más famoso del país. El ferrocarril, el servicio de trenes de pasajeros y los hoteles son gestionados por Belmond, la marca de hoteles de lujo de LVMH.

Disputa con Brookfield

López Aliaga asumió la alcaldía en 2023, pero dimitió el pasado octubre para presentarse a las elecciones presidenciales. Sus seguidores lo elogiaron por su labor de ampliación de las calles en la congestionada capital. Sin embargo, la deuda de Lima se triplicó bajo su mandato, según el Consejo Fiscal, un organismo de control independiente, en gran parte porque contrajo préstamos para financiar proyectos de infraestructura.

Si sale elegido presidente, promete continuar su disputa con Brookfield, afirmando que iniciará un arbitraje por valor de US$3.000 millones. La disputa gira en torno a la operación de una autopista de peaje en Lima, que, según él, fue obtenida mediante corrupción por su anterior propietario y ha perjudicado injustamente a los pobres.

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Brookfield niega cualquier irregularidad bajo su propiedad y ha acusado a la administración de López Aliaga en Lima de expropiar ilegalmente a su filial peruana, y anunció la liquidación de la empresa el año pasado después de que los tribunales locales dictaminaran que ya no podía cobrar peajes.

“Su estilo populista predomina sobre su visión económica neoliberal”, afirmó la politóloga Stéphanie Rousseau, profesora de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

López Aliaga dice que cuando era alcalde “vio al monstruo desde dentro”, ya que mucha gente percibía la política como una forma de enriquecerse a costa del Estado. “Seré el presidente de los pobres de Perú”, afirmó. “Por eso estoy en política. Mi amor cristiano me trae aquí”.

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