Bloomberg Línea — El episodio de tensión en Medio Oriente introduce un ajuste en los mercados de divisas, con efectos visibles en América Latina. El movimiento del dólar y de los precios de la energía condiciona la trayectoria de las monedas de la región en el corto y mediano plazo.
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Chris Turner y Francesco Pesole, de ING, recuerdan que “los precios de la energía y del gas natural están subiendo y también el dólar”, lo que establece el marco desde el cual se evalúan las monedas emergentes.
El informe descarta una repetición del ciclo monetario de 2022 en Estados Unidos, lo que limita el alcance del fortalecimiento del dólar bajo el escenario central y define un entorno distinto para las divisas. “Lo que parece altamente improbable es que la Reserva Federal esté a punto de embarcarse en un ciclo de endurecimiento de 500 pb como lo hizo en 2022”, dicen Turner y Pesole.
El análisis también incorpora la duración esperada del choque energético, en la medida en que una extensión del episodio tendría implicaciones más amplias sobre el crecimiento global. Los analistas sostienen que “salvo un período prolongado de altos precios de la energía que cause una recesión global, creemos que el potencial alcista del dólar es relativamente limitado”.
América Latina ante el shock energético
El reposicionamiento de carteras hacia activos en dólares ha afectado a las monedas emergentes, incluyendo a América Latina, en un movimiento que responde a factores globales más que a fundamentos locales.
Turner señala que “la región de Latam ha sido afectada por el desapalancamiento general de posiciones en mercados emergentes, incluso cuando países como Brasil son exportadores netos de energía”.
Dentro de la región, las diferencias entre economías determinan trayectorias cambiarias divergentes. El real brasileño (USDBRL) presenta una base de apoyo vinculada a su condición de exportador de energía y a factores internos, lo que abre espacio a una recuperación en un escenario de estabilización. En ese sentido, Turner plantea que “vemos potencial para que el real brasileño rebote más, o al menos supere a los forwards, si la crisis disminuye”.
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Los pronósticos de ING reflejan esta dinámica con un tipo de cambio en BRL$5,25 a un mes y tres meses, seguido de BRL$5,50 a seis y doce meses, lo que implica una trayectoria acotada en el horizonte anual. El informe introduce además la posibilidad de niveles inferiores en un escenario externo más favorable, al señalar que “si las condiciones externas mejoraran, el USD/BRL podría cotizar por debajo de BRL$5,00”.
En México, el peso (USDMXN) mantiene una posición relativa dentro del universo emergente, respaldado por tasas reales y por su peso en índices globales. ING proyecta el tipo de cambio en MXN$17,50 a un mes, MXN$17,75 a tres meses, MXN$17,50 a seis meses y MXN$17,25 a doce meses, lo que apunta a una apreciación gradual.
“Si tenemos razón con una crisis energética relativamente corta, USD/MXN puede terminar el año cerca de 17,25 y el peso puede superar a los forwards nuevamente”, dicen Turner y Pesole.
El caso de Chile presenta una dinámica distinta, condicionada por su estructura de importaciones energéticas y por la evolución del cobre. El peso chileno (USDCLP) enfrenta presiones derivadas del aumento en los precios de la energía y de un posible ajuste en su principal exportación.
Turner advierte que “el peso chileno parece el más vulnerable, especialmente si el cobre sigue cayendo”.
Los pronósticos de ING ubican al tipo de cambio en CLP$875 a un mes y tres meses, CLP$900 a seis meses y CLP$950 a doce meses, lo que sugiere una depreciación en el horizonte anual. El informe vincula este movimiento con la estructura comercial del país al indicar que “el gran aumento en los precios de la energía ha vuelto a exponer la dependencia de Chile de las importaciones de combustibles fósiles”.
Impacto general en divisas y mercados
El comportamiento del dólar se inserta en un entorno donde la política monetaria y la estructura energética de las economías desarrolladas condicionan las tendencias.
“Europa también parece mejor posicionada para hacer frente a una crisis energética de lo que estaba en 2022”, dicen Turner y Pesole.
En este contexto, la relación entre el euro y el dólar mantiene un rango acotado bajo el escenario central del informe.
Los analistas indican que “modelando algunos de los resultados energéticos más severos, nos cuesta ver al EUR/USD de forma sostenible por debajo del área de 1,10/1,12 este año”, lo que refuerza la idea de un dólar sin un impulso estructural comparable al de ciclos previos.
El ajuste en monedas del G10 refleja la interacción entre precios de la energía y mercados financieros, con una diferenciación entre exportadores e importadores.
Turner y Pesole apuntan que “dentro del G10, han sido las monedas de materias primas exportadoras de energía las que mejor han seguido el ritmo del repunte del dólar”, lo que introduce un patrón similar al observado en América Latina.
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En mercados emergentes fuera de la región, el informe identifica vulnerabilidades asociadas al choque energético, en línea con la exposición externa de cada economía.
Bajo este marco, la trayectoria de las monedas depende de la evolución del conflicto y de la respuesta de los mercados de energía, lo que define un escenario donde el ajuste cambiario se distribuye de forma desigual entre países.