Bloomberg Línea — La convergencia entre los rendimientos de la deuda soberana de Colombia y Brasil marca un punto de inflexión en la percepción de riesgo regional.
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Los títulos a 10 años de ambos países operan en niveles prácticamente idénticos, un hecho que altera la jerarquía tradicional dentro de América Latina y reabre el debate sobre fundamentos fiscales, política monetaria y expectativas de largo plazo.
El mercado muestra que el rendimiento del bono colombiano a 10 años alcanza 13,49%, mientras el brasileño se sitúa en 13,51%. La brecha se ha cerrado hasta prácticamente desaparecer. Esta paridad no responde a una caída estructural del riesgo brasileño sino a un ajuste al alza en la prima exigida a Colombia.
Natalia Gurushina, economista en jefe para los mercados emergentes en VanEck, sostiene que “la ‘Brasilización’ está completa”. Para la analista, la liquidez y la falta de flujos no están ayudando, pero las razones clave detrás del colapso son la política, en pleno ciclo electoral, más las perspectivas fiscales y las expectativas de inflación desancladas.
“El banco central es un adulto, aunque, por eso el COP se está manteniendo relativamente bien”, destaca la analista.
Su diagnóstico incorpora factores políticos y fiscales junto con un elemento monetario que, en su lectura, explica la resiliencia cambiaria pese al ajuste en la curva de deuda. La observación coincide con el momento electoral y con un entorno fiscal que el mercado evalúa bajo nuevos parámetros de riesgo.
La trayectoria de los rendimientos sugiere que los inversionistas han dejado de diferenciar a Colombia de Brasil en términos de costo de financiamiento soberano a largo plazo, lo cual redefine el posicionamiento relativo dentro del universo emergente.
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Riesgo fiscal, inflación y tasa real
Desde otra perspectiva, Juan Egaña, estratega en BCA Research, plantea que “mientras los rendimientos de los bonos en LATAM han estado cayendo en los últimos meses, un país destaca: Colombia”.
En su escenario base electoral, el estratega indica que “por un lado, si un candidato de derecha gana en las elecciones presidenciales de mayo (mi escenario base), veremos algo de compresión de rendimientos en Colombia”.
Sin embargo, la valoración de mediano y largo plazo incorpora restricciones estructurales, dado que “Colombia está sufriendo presiones macro intensas en el mediano a largo plazo: cuentas fiscales insostenibles, inflación persistente, inversión deprimida y producción petrolera en colapso. Esto mantendrá los rendimientos de los bonos más altos de lo que estaban en el período previo a la pandemia”.

Su conclusión relativa dentro de la región es que “en conjunto, favorecería los bonos colombianos sobre los brasileños. Ambos ofrecen rendimientos muy altos, pero el panorama político de Colombia es positivo, y las cuentas fiscales de Brasil son mucho más frágiles”.
El debate sobre la tasa real se vuelve central en esta comparación. Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia en Alianza Valores y Fiduciaria, coincide en que “la ‘Brasilización de la deuda colombiana’ está lista”. La equivalencia nominal de tasas no implica equivalencia en inflación, lo que altera la lectura sobre retorno real y la sostenibilidad.
Campos precisa que el igualamiento entre los rendimientos de ambos países es algo que ocurre por segunda vez en 20 años. “La primera fue post electoral a finales de 2022, ante el riesgo de un potencial manejo heterodoxo de la economía, hoy ya no es riesgo, es una realidad”, dijo el analista.
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Su análisis incorpora un contraste en variables macro, al señalar que “hoy tenemos más riesgo país que Brasil, más inflación estructural, mayores expectativas de inflación de largo plazo y mayores déficits”.
Añade además que la tasa de los rendimientos es la misma que la del gigante latinoamericano, “pero con menos inflación”.
En ese marco, puntualiza que en comparación con Colombia, “lo único que aún no es peor es la deuda/PIB”. Sobre la trayectoria de la política monetaria, advierte que “mientras el gobierno emita deuda a esta velocidad, es difícil establecer cuál es la tasa real que puede frenar esto".

Campos parte de la diferencia entre tasa nominal e inflación. Aunque Colombia y Brasil pagan casi el mismo rendimiento nominal en sus bonos, Brasil tiene menor inflación, por lo que su tasa real es más alta.
Para que Colombia ofrezca una tasa real equivalente, el Banco de la República tendría que elevar la tasa nominal hasta un rango de 15%-16%, si la inflación local se mantiene por encima de la brasileña.
En otras palabras, igualar el rendimiento nominal no basta con una mayor inflación. Colombia necesitaría una tasa de referencia más elevada para cerrar la brecha en términos reales. Campos considera que con un nivel de 12% sería suficiente.
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“Se le explicó a Minhacienda de mil formas que en Colombia se podía repetir lo de Brasil en 2023; la respuesta oficial en cada junta del BanRep (banco central) fue que era muy poco probable”, agrega el analista.
La convergencia de rendimientos en 13,5% no es un dato aislado sino la síntesis de tensiones acumuladas en política fiscal, expectativas inflacionarias y dinámica de deuda.

Brasil y Colombia comparten ahora un mismo nivel nominal en la parte larga de la curva, aunque con estructuras inflacionarias distintas y trayectorias fiscales que el mercado pondera de manera diferenciada.
La “Brasilización” no describe sólo un cruce estadístico sino una reconfiguración del mapa de riesgo en América Latina, en el que Colombia deja de cotizar con descuento frente a su par regional y enfrenta una nueva referencia para medir su credibilidad macroeconómica.













