En distintas zonas de Estados Unidos crece un modelo residencial que reorganiza la movilidad cotidiana alrededor de vehículos eléctricos livianos, conocidos popularmente como carritos de golf. En estos espacios, el traslado diario no gira en torno al automóvil tradicional, sino a unidades de menor tamaño que circulan por redes internas especialmente diseñadas.
El fenómeno fue relevado por Golf Car Options Magazine, que detalló cómo estas comunidades priorizan recorridos exclusivos y trayectos arbolados para conectar viviendas con comercios, escuelas y espacios recreativos. Según esa publicación especializada, en algunos casos la cantidad de carritos supera a la de autos particulares, lo que modifica la dinámica urbana habitual. En otras, incluso, no hay automóviles.
Lejos de limitarse al ámbito recreativo, estos vehículos a batería forman parte de la rutina diaria. Habitantes de estos barrios los emplean para realizar compras, asistir al trabajo o participar en actividades sociales. La infraestructura acompaña ese esquema: senderos pavimentados, cruces señalizados y distancias pensadas para trayectos cortos favorecen su uso continuo.
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Entre los ejemplos más mencionados aparece The Villages, en Florida, donde se contabilizan más de 85.000 carritos para una población cercana a 150.000 personas y una red de caminos que supera las 100 millas. También figura Sun City, en Arizona, desarrollada desde la década de 1960 con regulaciones que habilitan este tipo de transporte en un entorno orientado principalmente a jubilados.
Otro caso es On Top of the World, en la ciudad de Ocala, Florida, un desarrollo de aproximadamente 13.000 acres que permite cubrir actividades cotidianas mediante estos vehículos eléctricos. En Georgia, Peachtree City dispone de una red de senderos de alrededor de 100 millas que enlaza barrios residenciales con escuelas y parques, mientras que Hot Springs Village, en Arkansas, ofrece más de 30 millas de caminos pavimentados en un entorno natural junto a lagos y áreas boscosas.
La posibilidad de personalizar los carritos es otro rasgo frecuente en estas comunidades, donde los residentes adaptan los vehículos a sus preferencias. El desplazamiento a baja velocidad reduce el ruido del tránsito y genera un entorno con menor circulación de automóviles convencionales, lo que impacta en la organización del espacio público.
En contraste con estos barrios, Florida alberga también un desarrollo con una lógica diferente: Spruce Creek. Allí, las calles cumplen la doble función de vías terrestres y pistas para aeronaves livianas. En ese lugar, los aviones comparten el espacio con autos, bicicletas y peatones, bajo límites de velocidad específicos para los vehículos terrestres y con prioridad operativa para las aeronaves en despegues y aterrizajes.
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Estos ejemplos reflejan distintas formas de planificación residencial en Estados Unidos, donde el diseño del transporte interno condiciona la vida diaria y redefine la relación entre infraestructura, movilidad y comunidad.













