Atrás quedaron los tiempos de las empresas tecnológicas con poco capital y abundante flujo de caja, como las de búsqueda en internet, comercio electrónico y redes sociales. Ahora, la clave está en la inteligencia artificial, y para competir es fundamental contar con activos tangibles y recursos financieros sólidos, algo que pocas empresas tienen a su alcance.
Nvidia Corp. (NVDA) y las grandes empresas tecnológicas, entre las que se incluyen Microsoft Corp. (MSFT), Amazon.com Inc. (AMZN), Alphabet Inc. (GOOGL), Meta Platforms Inc. (META) y Oracle Corp. (ORCL), ya han invertido billones de dólares en proyectos relacionados con la IA, incluyendo hasta US$4,2 billones en deuda y obligaciones contractuales.
Muchos se preguntan si estas inversiones darán sus frutos, pero esto presupone que las empresas pueden permitirse tales sumas desde el principio y seguir satisfaciendo las aparentemente insaciables demandas de capital de la IA.
Dadas las cantidades en juego, esto está lejos de ser seguro. No se habla lo suficiente de ello, seguramente porque estas compañías están repletas de ganancias y orientarse en el laberinto del gasto en IA resulta complicado.
No ayuda que gran parte de sus compromisos relacionados con la IA no figuren en los estados financieros, sino que estén ocultos, de forma poco práctica, en notas a pie de página repletas de jerga técnica.
Es importante hacer un seguimiento de este gasto porque incluso las compañías más poderosas pueden comprometerse demasiado, y parece que algunas de las hiperescaladoras ya tienen todo el apalancamiento que pueden soportar.
Eso no tiene por qué suponer un problema para el mercado bursátil a largo plazo. Los beneficios derivados de la IA se distribuirán de forma generalizada, al igual que ocurrió con internet, lo que impulsará el mercado con el tiempo, con independencia de quiénes sean los ganadores y los perdedores a nivel individual.
No obstante, dada la importancia de los gigantes de la IA en los índices generales del mercado y en las carteras de los inversionistas, así como el impulso que el gasto en IA está dando a la economía de los EE.UU., todo el mundo notará las consecuencias si estos sufren un tropiezo.
Estas compañías se encuentran en una situación complicada. No pueden permitirse quedarse al margen de la carrera armamentística de la IA, ya que se quedarían rezagadas. Pero tampoco pueden ganar todas, lo que implica que, en el mejor escenario, algunas de ellas saldrán perdiendo tras este esfuerzo.
Las compañías menos afortunadas podrían enfrentarse a problemas financieros más graves si la inteligencia artificial desplaza su negocio principal y los beneficios disminuyen en relación con las crecientes deudas, lo que las obligaría a vender activos relacionados con la IA a la competencia con descuentos potencialmente considerables. Y esto podría ocurrir en poco tiempo.
La idea de que el tráfico a los sitios web proveniente de búsquedas en internet desaparezca a medida que las personas recurran a grandes modelos de lenguaje para obtener respuestas parece estar en pleno desarrollo.
La carrera por el dominio también conlleva el riesgo de una sobreinversión que genere más oferta que demanda a corto plazo en IA. Ya hemos visto esto antes, y no terminó bien.
Cuando internet despegó a finales de la década de 1990, las compañías de telecomunicaciones invirtieron cientos de miles de millones en redes de fibra óptica y redes inalámbricas en una carrera por captar el creciente uso de internet.
Cuando la demanda de ancho de banda disminuyó temporalmente a inicios de la década de 2000, las compañías de telecomunicaciones tuvieron dificultades para pagar sus deudas. Varias quebraron, en particular WorldCom y Global Crossing.
La infraestructura que construyeron fue adquirida por recién llegados a un precio irrisorio y contribuyó al auge de internet, del mismo modo que la actual oleada de inversiones impulsará la inteligencia artificial. No es difícil imaginar un descenso similar y transitorio de la demanda que agote los ingresos relacionados con la inteligencia artificial.
Gran parte de esos ingresos provienen de laboratorios de IA de vanguardia, como Anthropic PBC y OpenAI, que pagan por la potencia informática y otros costos asociados con la creación de modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM, por sus siglas en inglés). Estos se están convirtiendo rápidamente en productos básicos y se ven amenazados por competidores chinos más baratos y de libre acceso.
Si los LLM se ven presionados, la inversión en inteligencia artificial podría dejar de ser rentable hasta que la próxima generación de aplicaciones, presumiblemente la robótica, se adopte ampliamente.
Los gigantes de la IA cuentan con un amplio margen de maniobra; generarán en conjunto US$1 billón en ganancias operativas este año. Sin embargo, esta cantidad podría no ser suficiente.
En junio, reportaron pasivos colectivos por valor de US$1,6 billones, casi el doble que hace dos años. Además, contabilicé US$2,6 billones en posibles pasivos fuera de balance, que incluyen arrendamientos, acuerdos operativos y garantías, lo que incrementa considerablemente sus obligaciones colectivas totales.
No se trata de una cifra definitiva. Algunos de esos compromisos se renegociarán, se aplazarán o se cancelarán, como ocurre habitualmente en el mundo empresarial. Además, no todas las compañías tienen el mismo nivel de endeudamiento.
Una manera de evaluarlas es comparando sus pasivos totales con sus ingresos operativos anuales, lo que permite a los inversionistas hacerse una idea de cuánto tiempo les llevaría cubrir sus compromisos actuales.
Nvidia podría hacerlo en aproximadamente un año y medio. Microsoft, Amazon y Alphabet tardarían entre cuatro y seis años. Meta y Oracle requerirían una década o más, principalmente porque sus ingresos operativos son una fracción de los de las otras cuatro.
El mercado de bonos tiene la vista puesta en dos empresas atípicas.
Los bonos a medio plazo de Meta y Oracle cotizan con una prima respecto a los bonos del Tesoro que supera en casi un punto porcentual el índice de referencia corporativo de Bloomberg con una calificación y vencimiento similares.
Este diferencial es considerablemente superior al de los bonos de las otras cuatro empresas con respecto al índice de referencia, lo que indica que, a diferencia de Meta y Oracle, podrían tener mayor margen de inversión.
La cantidad adicional dependerá del grado de apalancamiento que los inversores estén dispuestos a tolerar.
Es probable que Meta y Oracle hayan alcanzado su límite. Suponiendo una relación pasivo-beneficio operativo de 10 veces, similar a la de Meta y Oracle, Microsoft y Alphabet podrían gastar otros US$2 billones cada una, y Amazon cerca de US$1 billón. Nvidia podría reunir otros US$3 billones en gastos.
Según esos cálculos, preveo billones más de inversión en inteligencia artificial, suponiendo que las empresas mantengan su nivel actual de rentabilidad. Pero si ellas o la IA sufren una recesión, algunas podrían experimentar graves dificultades financieras.
Pase lo que pase, la inteligencia artificial seguirá avanzando.
Los modelo de lenguaje de gran tamaño son solo la primera y menos sofisticada aplicación.
Los robots ya conducen taxis y pronto se harán cargo del trabajo doméstico y manual, participarán en guerras y realizarán cirugías. A largo plazo, estos avances compensarán con creces la enorme inversión en inteligencia artificial. La única incógnita es qué empresas sobrevivirán para beneficiarse de ello.
Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.
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