Cuando era niño y crecía en la India en la década de 1990, pasaba horas en la tienda de mis padres, que vendían teléfonos y equipos de comunicación para oficinas. Me quedaba allí principalmente para jugar con los nuevos modelos de teléfonos celulares de Motorola, Siemens, Ericsson, ¿se acuerdan del Nokia 3310? En un pequeño cuarto del piso de arriba, los ingenieros trabajaban incansablemente para reparar estos dispositivos utilizando destornilladores diminutos y pistolas de soldadura que desprendían un olor extraño.
Sin embargo, a medida que comenzó la década de 2000, el negocio de mis padres comenzó a contraerse (de cuatro empleados de tiempo completo a un trabajador de tiempo parcial) hasta que proporcionar el servicio dejó de ser rentable. En lugar de arreglar sus dispositivos electrónicos, la gente simplemente compraba otros nuevos. Después de todo, las empresas de tecnología estaban lanzando constantemente nuevos productos con características nunca vistas.
Todo ese consumo ha dejado un montón de residuos en vertederos. La basura electrónica aumentó un 21% en los cinco años hasta 2019, según la Asociación Global de Estadísticas de Residuos Electrónicos. Recolectar y reciclar esos desechos podría evitar hasta 80 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono al año, aproximadamente la cantidad que genera Chile anualmente. La ONU espera que los desechos electrónicos se dupliquen de aquí a 2050.
La creciente conciencia del problema ha llevado a una legislación del “derecho a reparar” en los países ricos. En Reino Unido entrará en vigor este mes. Ninguna de las leyes es todavía lo suficientemente dura como para recuperar la cultura de reparación que existía cuando yo era pequeño, pero están comenzando a abordar un problema que tiene el potencial de ahorrar recursos y reducir las emisiones.
Para entender esta problematica, platiqué con Sandra Goldmark, directora de sostenibilidad del campus y acción climática en Barnard College y autora de Fixation: How to Have Stuff Without Breaking the Planet (Fijación: cómo tener cosas sin destruir el planeta, en inglés). La entrevista ha sido acotada y editada para mayor claridad.
¿Qué crees que nos metió en este problema?
Por un lado están los acaparadores. Personas que tienen un sentido de apego o utilidad o lo que sea que es tan fuerte que no pueden ignorarlo. Por otro lado están los compradores compulsivos, que solo quieren comprar, comprar y comprar para satisfacer una necesidad insaciable. El punto óptimo está en medio, donde nos aferramos a las cosas de manera racional. Donde compramos artículos de alta calidad que realmente necesitamos. Ese es el camino a seguir para la sociedad y el planeta.
La legislación del Reino Unido exige que los fabricantes de algunos productos electrónicos proporcionen piezas de repuesto a los consumidores y minoristas que permitirán, por ejemplo, que una lavadora dure al menos 10 años. ¿Esa medida es lo suficientemente buena?
Al supervisar durante años el funcionamiento de talleres de reparación, descubrimos que aproximadamente el 15% de todas las cosas que no podíamos reparar se debían a que no había piezas disponibles. Por lo tanto, ayudaría simplemente hacer que las piezas sean más fáciles de adquirir. Quisieras que el dueño de la ferretería local pensara: “Sí, sé dónde puedo conseguir esa pieza. Me llevará 10 minutos y me aportará una ganancia “. Ayudará a diversificar sus fuentes de ingresos y hará que la empresa sea sostenible financiera y ambientalmente.
Hay pequeñas nuevas pequeñas empresas que están impulsando una “circularidad total” en la que las materias primas utilizadas para fabricar un producto se reutilicen nuevamente al final de su vida útil en lugar de ir a un vertedero. ¿Hay grandes empresas que estén haciendo esto?
Patagonia es un ejemplo. Tienen los tres modelos comerciales. Venden cosas nuevas de alta calidad que utilizan materias primas de fuentes sostenibles. También venden sus propios productos usados. Y ofrecen reparaciones. Pero si Patagonia es la única que puede hacerlo, entonces todavía no lo logramos. Patagonia está años por delante en este aspecto.
En tu libro escribes que las personas tienen más apego a las cosas que construyen con sus propias manos. ¿Pero el modelo de Ikea no trata de convencerte de comprar más cosas nuevas?
Es interesante. Básicamente, tuve que seguir reescribiendo el capítulo de Ikea una y otra vez porque seguían saliendo nuevos anuncios. En junio de 2020, Ikea anunció que se convertiría en un negocio circular dentro de una década. Hasta entonces habían estado probando y probando ideas. Pero no habían reconocido que el modelo de negocio en sí era defectuoso. Porque observa lo que sucedió después, Target anunció que sus propios productos serán completamente circulares para 2040.
Bloomberg



