La expectativa de vida cayó 1,8 años, a 77 años.
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Bloomberg — Imagine que usted nació en circunstancias modestas y pasó décadas librándose de las limitaciones de su pueblo natal. Ahorró suficiente dinero para estudiar en Francia, donde se enamoró de la comida. Se abrió camino en la universidad y luego fijó la mirada en el Instituto Culinario de Estados Unidos. Más tarde encontró mentores en el negocio de la comida y hornear pan se convirtió en lo suyo.

Después de tomar clases nocturnas de MBA en línea, reunió el dinero y el valor para abrir su propia tienda en un suburbio próspero de Nueva Jersey: Montclair Bread. A medida que la fila en la puerta se alargaba y llegaban los elogios y el dinero de verdad, fue posible superar otros obstáculos: las dudas, un mal matrimonio, ser madre soltera y un accidente de bicicleta que le destrozó la pelvis.

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A principios de 2020, el Covid-19 amenazó con desbaratar su vida y su negocio, y al principio también venció eso. Pero las sucesivas oleadas del coronavirus, que culminaron con el brote de ómicron en diciembre, ahora han dejado la tienda tan corta de personal que está considerando terminar con todo.

Para los propietarios de pequeñas empresas a lo largo de todo Estados Unidos que han tenido que hacer frente a la pandemia y han luchado por conseguir ayudas federales para mantenerse a flote, algo de esto les resultará familiar. Para Rachel Wyman, propietaria de Montclair Bread, es algo personal. Con esa tienda (y otra que abrió en New Paltz, Nueva York) al borde del precipicio porque muchos empleados han estado enfermos, está luchando con lo impensable.

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“Estoy ondeando mi bandera blanca”, dijo en un correo electrónico a los clientes el 6 de enero.

Con la ayuda federal canalizada a las pequeñas empresas a través de iniciativas como el Programa de Protección de Cheques de Pago (PPP por sus siglas en inglés) que se agotó hace mucho tiempo y los trabajadores enfermos por el coronavirus o simplemente difíciles de encontrar, más empresarios incapaces de hacerlo solos pueden seguir este camino.

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Aunque las pequeñas empresas de todo el país se enfrentaron a una crisis existencial durante la pandemia, sus perspectivas han mejorado recientemente. Durante la última mitad de 2021, el índice de Dun & Bradstreet Corp. sobre la salud financiera de las pequeñas empresas se había estabilizado. Ciertamente por debajo de los niveles anteriores a la pandemia, pero por encima de los niveles registrados durante las profundidades de la crisis.

La variante delta golpeó a los empresarios, al igual que las rupturas de las cadenas de suministro y la inflación, y las mujeres propietarias y los propietarios de color fueron los más perjudicados. Pero los fondos de la PPP impidieron un colapso total y en junio del año pasado las pequeñas empresas eran más optimistas, según datos recogidos por la Oficina del Censo de Estados Unidos. Puede que ese optimismo continúe para algunos, pero la llegada de la variante ómicron ha hecho estragos en un número importante de pequeñas empresas y ha dejado a muchos empresarios abatidos.

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Escribí sobre los desafíos de Wyman a principios de 2020, después de que la primera ola de Covid-19 la obligara a despedir a 20 empleados y trabajar turnos de 17 horas, seis días a la semana, para mantenerse a flote. Su aseguradora se había negado a cubrir las pérdidas por la pandemia y esperaba que los fondos del PPP pudieran resucitar su negocio. Pero como muchos empresarios en su posición, Wyman carecía de conexiones con los bancos que distribuían los fondos. Le tomó cuatro intentos lograr que los sistemas informáticos del gobierno federal aceptaran su solicitud de PPP y, para entonces, todo el dinero del programa se había agotado. Después de que el Congreso aprobara una segunda ronda de financiamiento del PPP, logró obtener alrededor de US$$105.000 en ayuda, y este dinero la salvó de la bancarrota.

Wyman seguía perdiendo grandes pedidos para bodas y otras celebraciones, y tuvo que eliminar de su menú las lucrativas ventas de café y los sándwiches hechos por pedido, porque servirlos implicaba demasiado contacto con los clientes. Se cancelaron las clases de repostería y otras actividades promocionales.

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Ella también se adaptó. Pidió a los clientes que hicieran pedidos en línea, les dio un horario para recogerlos y les separó de forma segura cuando llegaban. Sus donas siguieron siendo tan populares como siempre y finalmente escribió un libro de cocina. Con determinación, Wyman y su equipo restante siguieron adelante. Vendió víveres, kits de comida y paquetes de repostería para hacer en casa.

“Hice de todo para mantener el negocio”, dijo en una entrevista reciente. “Todavía lo hago”.

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La variante delta llegó y luego pareció calmarse. El negocio siguió repuntando y, en octubre, Wyman se sintió lo suficientemente segura como para abrir su nueva tienda de donas en New Paltz. Volvió a planificar en términos de meses y años en lugar de días y semanas.

“Parecía que durante el año pasado había momentos en los que realmente estábamos saliendo adelante”, dijo Wyman, recordando una carrera de 5 kilómetros que Montclair Bread organizó el 12 de diciembre. “Fue muy emotivo para todos los que estaban allí porque estaban en este evento y para mucha gente era la primera vez que estaban en un gran evento desde el confinamiento”.

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Entonces, en la víspera de Navidad, uno de los empleados de Wyman llamó para avisar que estaba enfermo. Ella encontró a alguien que cubriera el turno. Luego vino una cascada de bajas inducidas por ómicron, incluyendo la de uno de sus panaderos en la víspera de Año Nuevo. Cerró durante una semana para que sus empleados pudieran someterse a pruebas y recuperarse, pero también perdió alrededor del 25% de las cruciales ventas navideñas. Cuando intentaba cumplir la ordenanza local sobre el uso de mascarillas en su tienda, o no podía atender los pedidos con rapidez, algunos clientes le gritaban. El negocio comenzó a desmoronarse de nuevo.

Siento que todo está en contra de nosotros y no quiero estar en este modo de “lamentarme””, dijo, haciendo una lista de las fuentes de ingresos que ha perdido y la falta de comunicación y apoyo que recibe del municipio. “Siento que no quiero seguir luchando”.

Wyman no espera más ayuda federal comparable a la que recibió al principio. “No estoy pidiendo eso”, dijo. “Este es mi proyecto, es mi negocio y depende de mí cuidarlo”.

Pero tiene tan poco dinero que también tiene problemas para hacer los pagos de su casa. Los lunes, cuando su tienda está cerrada, son difíciles de sobrellevar. Ha actualizado su currículum en caso de que tener que buscar trabajo y no quiera asumir nuevas deudas. Si contrae ómicron y no puede trabajar, ese podría ser el punto de inflexión para Montclair Bread.

“No hay un libro de reglas, no hay un libro de jugadas para nosotros”, dijo. “Tengo una cuenta bancaria y con ella tengo que mantener a todo mi personal, dos operaciones y mi familia. Si no hay dinero en esa cuenta, ¿qué hago?”.

Aún no se ha realizado un recuento completo de cómo les ha ido a las pequeñas empresas a medida que se prolonga el curso de la pandemia. Es probable que los empresarios de color y las mujeres terminen desproporcionadamente perjudicados. A las empresas más pequeñas, que carecen de las relaciones o los balances necesarios para sobrevivir a la pandemia, también es probable que les vaya mal. El timing para las pequeñas empresas lo es todo; algunos de los que cerraron en el punto de inflexión del Covid-19 pueden ser reemplazados por otros nuevos que simplemente tuvieron la suerte de abrir más tarde.

También sigue siendo difícil obtener una imagen completa de cómo los programas como el PPP satisfacen las necesidades de las empresas más vulnerables. Un reciente estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica descubrió que alrededor del 75% de los US$800.000 millones en ayudas del PPP fueron a parar al 20% superior de los hogares estadounidenses, y la mayor parte no se destinó directamente a los trabajadores, como se pretendía en un principio. El estudio también concluyó que el dinero del PPP ayudó con éxito a un número significativo de pequeñas empresas, pero no pudo determinar si ese impulso fue duradero.

Ninguna cantidad de respaldo de los contribuyentes para las pequeñas empresas podría evitar por completo los cierres sin estrategias de salud pública para acortar la pandemia o mitigar su impacto. La política de Covid-19 a menudo ha sido dispersa, por supuesto, y el propio Covid-19, impredecible. Algunos empresarios están descubriendo ahora que la pandemia tiene mayor poder de permanencia que ellos.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.