Cajero de Cripto
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Bloomberg Opinión — Las finanzas digitales están en auge, y el valor de las criptodivisas en circulación ha alcanzado más de US$2 billones desde casi nada hace una década, casi totalmente sin supervisión regulatoria para proteger a los inversores y al sistema financiero en general. Es improbable que esto acabe bien a menos que las autoridades intervengan de forma meditada.

¿Qué deberían hacer? Una opción es evitar el desastre tomando medidas drásticas. Pero todavía hay una oportunidad para un enfoque más equilibrado que no inhiba la innovación útil, siempre que los reguladores actúen pronto.

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A pesar de todos sus inconvenientes, la tecnología blockchain subyacente a las finanzas digitales tiene varios usos potenciales que son atractivos. Podría crear un mejor sistema de identidad y privacidad. Podría ayudar a hacer un seguimiento -y verificar la propiedad- de los bienes que se venden a nivel internacional. Podría mejorar enormemente los pagos, haciendo que estén disponibles 24 horas al día, 7 días a la semana, para un mayor número de personas y a un menor costo, especialmente para las transacciones más pequeñas y frecuentes realizadas por los trabajadores migrantes.

Pero como escribimos Carolyn Wilkins y yo en un informe publicado por el Comité de Bretton Woods, un futuro deseable para las finanzas digitales requiere una regulación prudente. Y si bien la reciente orden ejecutiva del Presidente Joe Biden sobre el tema marca el tono adecuado, no hace lo suficiente para garantizar que se tomen medidas antes de que el crecimiento desenfrenado de la industria genere trastornos y pérdidas importantes.

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¿Por qué las autoridades han actuado con tanta lentitud? Una de las razones es la fragmentación del sistema regulatorio: La responsabilidad está repartida entre varias entidades, como la Reserva Federal, la Comisión de Bolsa y Valores, la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas y el Departamento del Tesoro, una situación que favorece las batallas territoriales en las que, por ejemplo, los reguladores discuten si las criptomonedas son valores o no y quién debe supervisarlas.

Además, la comunidad regulatoria carece de la experiencia interna necesaria para entender los nuevos modelos de negocio y tecnologías, y para tomar decisiones informadas sobre ellos. Y los funcionarios son naturalmente reacios al riesgo: Prefieren no hacer nada, retrasar y pedir más información antes que aprobar una nueva actividad por miedo a desencadenar fuerzas que podrían tener consecuencias imprevisibles y no siempre positivas.

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El gobierno de Biden puede ayudar a superar el primer obstáculo, delegando claramente las responsabilidades. Pero serán necesarios más pasos. En primer lugar, los reguladores deben reforzar sus conocimientos creando comités de expertos del sector y contratando asesores bien informados. En segundo lugar, los funcionarios deben adoptar un enfoque iterativo, en el que hagan más hincapié en sus objetivos -por ejemplo, la lucha contra el blanqueo de capitales y la protección de los consumidores e inversores- que en los medios para alcanzarlos. Establezca un objetivo claro y deje que los participantes tomen la iniciativa para averiguar la mejor manera de conseguirlo en la práctica.

Cuanto más esperen las autoridades, mayores serán los riesgos para los consumidores, los mercados y la economía, y mayores serán las posibilidades de que las grandes pérdidas debidas al robo cibernético o la caída del mercado de los criptoactivos obliguen a tomar medidas que acaben con la innovación. Por lo tanto, lo mejor para todos es que el proceso comience ahora.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.