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Bloomberg Opinión — El movimiento a la baja de las acciones de esta semana puede no ser solo una simple continuación de lo que ya ha sido una venta masiva y dolorosa para los inversores en 2022. En cambio, hay señales de que la liquidación puede haber entrado en una nueva fase. Además de profundizar las pérdidas del año hasta la fecha, esto aumenta la posibilidad, aunque todavía no muy alta, de una disrupción en el funcionamiento del mercado, lo que tendría efectos secundarios significativos para la economía real.

La fuerte liquidación del miércoles llevó las pérdidas del año hasta la fecha del índice S&P 500 al 17,7% y las del promedio industrial Dow Jones y el índice compuesto Nasdaq al 13,3% y el 27%, respectivamente. Los impulsores iniciales de estas pérdidas provinieron del lado financiero de la economía, es decir, las preocupaciones sobre las tasas de interés más altas y, en general, las condiciones financieras más restrictivas. Ahora hay una creciente evidencia de que, si bien estas dos influencias se han desarrollado en su mayoría, una nueva estaría tomando el control.

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La venta masiva del miércoles tuvo dos características particulares que la distinguieron de los recientes movimientos del mercado. En primer lugar, las acciones relacionadas con el consumo lideradas por Walmart Inc. (WMT) y Target Corp. (TGT) tuvieron un desempeño notablemente inferior, perdiendo aún más valor; y los precios de los bonos subieron en lugar de caer como lo habían hecho en las primeras fases de la liquidación.

Ambos son consistentes con las preocupaciones de que el crecimiento y las ganancias se conviertan en un mayor impulsor de la reacción del mercado. Vienen inmediatamente después de otra inclinación más agresiva esta semana por parte del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, y, lo que es más importante, comentarios de Target que sugieren que las persistentes presiones de costos ahora están acompañadas por preocupaciones sobre el lado de los ingresos y, en general, la capacidad de los consumidores para navegar una inflación tan alta.

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Si estas preocupaciones resultaran válidas (y sospecho que lo serán, dadas mis expectativas de una base de referencia estanflacionaria), los precios de las acciones seguirán siendo vulnerables a pesar de las oportunidades de compra más atractivas resultantes de las fuertes caídas de este año. Además, existe una posibilidad creciente para el único factor de riesgo que aún no se ha manifestado: las disrupciones en el funcionamiento del mercado, en las que los momentos de falta de liquidez frustran la capacidad de los inversores para reposicionarse.

El estrés del funcionamiento del mercado hace más que erosionar la confianza de los inversores. También alimenta dos fuentes de contagio: los efectos indirectos generalizados, ya sea en forma de inversores que se ven obligados a vender activos menos amenazados simplemente para obtener liquidez o socavando la economía a través de un comportamiento corporativo más cauteloso y la confianza del consumidor.

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Si bien la esperanza es que la actividad del mercado de esta semana sea la continuación de una liquidación que está llegando a su fin, existe el riesgo real de que pueda ser más que eso: una nueva fase que amenaza con más pérdidas de precios y una mayor posibilidad de tensión en el funcionamiento del mercado.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar