EE.UU. no intervendría en Cuba como lo hizo en Venezuela, según experto de Diálogo Interamericano

El internacionalista y doctor en Ciencias Políticas Manuel Orozco explica en conversación con Bloomberg Línea por qué EE.UU. descartaría en Cuba y Nicaragua un operativo como el adelantado contra Nicolás Maduro en Venezuela.

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09 de febrero, 2026 | 07:29 PM

Bloomberg Línea — Estados Unidos no intervendría en Cuba como lo hizo en Venezuela el pasado 3 de enero, cuando capturó a Nicolás Maduro, sino que para actuar esperaría un colapso político, desencadenado por el deterioro económico. Así lo indicó el doctor en Ciencias Políticas nicaragüense Manuel Orozco a propósito de la presión que la administración del presidente Donald Trump está ejerciendo sobre el Gobierno de Miguel Díaz-Canel.

El ‘beneficiado’ por ahora con la tensión entre Estados Unidos y Cuba —así como el que parece ser un proceso de transición a la democracia en Venezuela— es Nicaragua, que permanece bajo un patrón de espera.

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Orozco es director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo del centro de pensamiento Diálogo Interamericano con sede en Washington. Además, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard y presidente de Centroamérica en el Instituto del Servicio Exterior de Estados Unidos.

A continuación, una conversación sobre los posibles escenarios que les deparan a Cuba y Nicaragua con el precedente de Venezuela.

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“EE.UU. no intervendría en Cuba por mucho que quisiera”: ¿Qué le depara a la isla?

Bloomberg Línea (BL): Centros de estudios y algunos analistas prevén que la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el pasado 3 de enero, podría desencadenar un efecto dominó en Cuba y Nicaragua, es decir, que suceda lo mismo. ¿Cuál es su análisis?

Manuel Orozco (MO): Que es falso. La teoría del dominó se aplica cuando hay gobiernos aliados bajo un sistema formal, por ejemplo, la Unión Soviética o los países de la Línea del Frente de África. Eso no existe con la llamada ‘Troika de la tiranía’ —término acuñado para referirse a Cuba, Nicaragua y Venezuela—.

Hay una coincidencia política entre estos países y una especie de solidaridad por defecto, pero realmente no hay alianzas. La alianza formal que ataba a los tres países, más que incluso los acuerdos de la CELAC, era Petrocaribe. Esa era la goma que los ataba.

Cualquier noción de que lo que pasa en Venezuela puede pasar a los otros países, por defecto, es un poco incorrecta. Lo que Estados Unidos piensa en función de lo que pasa en estos tres países es muy diferente para cada uno.

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BL: A su juicio, ¿qué diferencias hay en la lectura que Estados Unidos hace de Venezuela y Cuba, por ejemplo?

MO: La perspectiva que Estados Unidos tenía de Venezuela era de sacar a Maduro del poder de una vez por todas y el método fue el que utilizaron: empezaron primero bloqueando el Caribe, a manera de cuarentena; en segundo lugar, pasaron a inmovilizar algunos puertos en Venezuela y, por último, a extraerlo del país.

La lectura de Estados Unidos sobre Cuba en este momento creo que es: ¿Qué nos tocaría hacer si este país colapsa, no por razones económicas, sino por razones políticas? Es decir, si las tensiones que se están produciendo por el deterioro económico son tan grandes que pueden convocar un levantamiento social y, al mismo tiempo, motivar a sectores dentro del régimen a darle la espalda a Miguel Díaz-Canel.

BL: ¿Usted ve probable que eso ocurra?

MO: La probabilidad es menor que 50-50, por la estructura del régimen, que cuenta con tres o cuatro de cada diez cubanos directamente vinculados con el modus operandi del Estado, que viven del Estado.

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BL: Y bajo esa probabilidad, ¿Estados Unidos no puede barajar una operación como la que adelantó con Maduro y liderar una transición a la democracia?

MO: Estados Unidos no intervendría en Cuba por mucho que quisiera, porque el costo económico de reconstruir la isla es altísimo, justo porque no es un tema de reconstrucción, sino de construcción. En la isla nada funciona en este momento: prácticamente el 5% de la infraestructura es operativa, el 20% de la actividad económica es funcional y el sistema financiero solamente opera en relación con lo que está exportando.

Asumir una transición de mover a un líder y entrar en un proceso político implicaría básicamente contar con un sustituto económico para hacerlo. Y ese sustituto no existe porque Cuba está en proceso de colapso.

BL: ¿Puede la economía cubana colapsar en 2026?

MO: Una economía nunca colapsa al 100%, porque un colapso total implicaría una pérdida completa de la seguridad alimentaria y eso no va a ocurrir en Cuba. Pero sí va a haber más hambre y más pobreza. Lo que Estados Unidos está explorando es cómo el deterioro económico se traduce en una coyuntura política en la que se pueda apalancar; está esperando a ver si el ejército cubano realmente repiensa su rol y le da señales.

En Estados Unidos hay una posición de hacer un seguimiento bastante sincronizado a lo que está pasando en Cuba para encontrar el momento en donde pueda introducirse sin tener que asumir costos gigantescos.

BL: ¿Qué pasa con el cierre estadounidense de la llave del petróleo a Cuba? Este año, desde la captura de Maduro, Venezuela no ha enviado crudo a la isla.

MO: Que Cuba está buscando petróleo en otros lados, en África; está tratando de buscar otro proveedor.

Quiero hacer un paréntesis: debe recordarse que Venezuela le vendía el petróleo a China casi en exclusividad a US$45 el barril, cuando estaba en US$65. Entonces, que Estados Unidos aparezca es un beneficio. Les conviene a todos: al nuevo Gobierno de Venezuela, a los venezolanos y a Estados Unidos. Es un ganar-ganar, porque detrás de la comercialización del petróleo viene la inversión, cosa que no había con China.

BL: Dejando de lado a Cuba, ¿ve una política exterior clara de Estados Unidos hacia Nicaragua?

MO: Mientras Estados Unidos está concentrado en el proceso político venezolano y en ver los avances en Cuba, Nicaragua está en un holding pattern —patrón de espera—. Estados Unidos no tiene interés en intervenir en Nicaragua, pero tampoco quiere mantenerse al margen de lo que pasa en el país.

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BL: En ese contexto, ¿descarta una negociación entre Estados Unidos y Nicaragua?

MO: No creo que Rosario Murillo quiera hablar con Estados Unidos, porque implicaría comprometerse políticamente a hacer reformas democráticas; entonces, mientras más posponga ese proceso, más le conviene a ella. Y hablo de ella porque Daniel Ortega, para efectos políticos reales, está muerto.

Murillo envió un nuevo encargado de negocios a Washington —Denis Moncada—, pero seguramente su mandato es mostrar disposición de trabajar contra el narcotráfico, en prevenir la migración y en continuar con su ruta electoral. Para Estados Unidos eso no significa nada.

BL: ¿Qué medidas podría tomar Estados Unidos frente a Nicaragua?

MO: Una de las medidas puede ser la revocación de la moratoria arancelaria y otra puede ser reanudar sanciones. Al final, fue bajo el primer gobierno de Donald Trump cuando se introdujeron más sanciones.

En tercer lugar, creo que puede señalizar algún tipo de presión política vinculada con la migración y las remesas. Y un dato importante: Nicaragua le compra su petróleo a Estados Unidos, no a Venezuela. Esa es otra presión.

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