Bloomberg Línea — Los países más endeudados en Latinoamérica con el Fondo Monetario Internacional (FMI), como Argentina, enfrentan mayor presión por el servicio de la deuda en un contexto de tasas de interés altas que encarecen los costos financieros y bajo crecimiento regional.
“El principal reto que enfrenta América Latina este año en términos de servicio de la deuda no es un problema generalizado de solvencia, sino una combinación cada vez más exigente de costos financieros elevados, crecimiento moderado y una menor tolerancia del mercado a desvíos fiscales”, dijo a Bloomberg Línea el economista Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).
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Fortun explica que, en términos prácticos, el servicio de la deuda está absorbiendo una porción creciente de los ingresos públicos, justo cuando el crecimiento económico no alcanza para aliviar esa carga y el acceso al financiamiento externo sigue siendo selectivo.
El año pasado, la debilidad global del dólar alivió parcialmente la carga de la deuda externa medida en moneda local y ayudó a mejorar el acceso a financiamiento.
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No obstante, “ese viento a favor no resuelve la fragilidad de fondo, que es tener que refinanciar vencimientos relevantes con tasas internacionales todavía exigentes y con crecimiento que no alcanza para estabilizar la dinámica de deuda sin generar superávits primarios más altos”, dijo a Bloomberg Línea Emanoelle Santos, analista de mercados de la plataforma XTB Latam.
En la práctica, dice que el riesgo aparece cuando se cierran las ventanas de financiamiento y sube la prima por riesgo.
En este contexto, refinanciar la deuda se vuelve más caro y los gobiernos pasan a depender más de organismos multilaterales o de ajustes fiscales que generalmente son políticamente costosos.
Presiones fiscales
Las presiones fiscales y financieras hoy vienen por tres canales que se retroalimentan, según la analista de XTB Latam.
Por un lado, menciona un mayor gasto por intereses que compite con gasto social e inversión.
En segunda medida, se refiere al crecimiento bajo que limita recaudación y hace más visible la rigidez presupuestaria.
Y en tercera instancia el riesgo de un dólar más fuerte o de episodios de volatilidad global que encarecen el servicio de deuda.
Estas presiones, a su vez, pueden reabrir tensiones inflacionarias y forzar políticas más restrictivas.
En este contexto, “la coordinación del mix de políticas importa mucho, porque si el mercado percibe señales fiscales poco creíbles o prociclicidad, suben spreads, cae la demanda por duración y se acorta el financiamiento, elevando la probabilidad de ajustes desordenados incluso sin un problema inmediato de solvencia”, según Santos.
Deuda de Argentina y Ecuador

Argentina se mantiene a comienzos de 2026 como el país más endeudado del mundo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), según datos actualizados del propio organismo revisados por Bloomberg Línea.
Para Fortun, Argentina el caso más desafiante por la magnitud de sus obligaciones y por un calendario que comienza a endurecerse.
En Argentina, “el desafío no es solo el volumen, sino la gestión de flujos en un contexto de acceso limitado al mercado y necesidad de acumular reservas”, dijo el economista del IIF. “El servicio de la deuda se convierte en una prueba de consistencia del programa macroeconómico en su conjunto, más que en un problema contable puntual”.
Argentina saldó intereses con el FMI la semana pasada, en uno de los múltiples vencimientos previstos para 2026.
Para cumplir con sus compromisos, el Gobierno compró Derechos Especiales de Giro (DEG) al Tesoro de EE.UU. Estados Unidos por US$808 millones.
En abril del año pasado, Argentina y el FMI concretaron un acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF, por sus siglas en inglés) por US$20.000 millones.
Según el FMI, “las prioridades políticas se centrarán en mantener un ancla fiscal fuerte, hacer la transición a un régimen monetario y cambiario más robusto, con mayor flexibilidad cambiaria, y avanzar en reformas para fomentar la productividad, la competitividad y el crecimiento”.
Una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó a la Argentina a finales de la semana pasada para llevar a cabo la segunda revisión del programa de 48 meses.
La visita se realizó en medio de la polémica que desató la decisión del gobierno de Javier Milei de suspender la aplicación de una nueva metodología de medición de la inflación.
Después de Argentina, el país con mayores compromisos con el FMI en la región es Ecuador, que también enfrenta retos asociados con el servicio de la deuda.
En octubre del año pasado, Ecuador y el FMI alcanzaron un acuerdo técnico para completar la cuarta revisión del programa por US$5.000 millones, lo que habilita un desembolso de US$620 millones.
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Si bien la exposición de Ecuador con el FMI es menor en términos absolutos, esta es elevada en relación con el tamaño de su economía.
Además, opera bajo un régimen de dolarización que elimina amortiguadores monetarios.
Según Fortun, en este caso, el pago de deuda externa compite directamente con prioridades fiscales y sociales, y cualquier deterioro de la confianza se traduce rápidamente en mayores costos financieros.
Economías más y menos expuestas

Para Emanoelle Santos, analista de mercados de la plataforma XTB Latam, las economías más expuestas son las que combinan alta deuda con acreedores externos, necesidades relevantes de refinanciamiento y menor flexibilidad para absorber shocks.
“Ahí Argentina destaca por lejos por el tamaño de sus compromisos con el FMI y por la sensibilidad de su programa a reservas y confianza, mientras Ecuador y El Salvador enfrentan vulnerabilidades altas por operar dolarizados, lo que reduce el riesgo cambiario, pero concentra todo el ajuste en caja, crecimiento y acceso a financiamiento”, dijo la analista de XTB Latam.
También aparecen más sensibles los países con mayor proporción de deuda externa sobre PIB y dependencia de condiciones externas para financiarse, citando casos como los de Nicaragua.
En esos casos, un cambio de régimen en tasas o en apetito por riesgo suele reflejarse rápido en spreads y disponibilidad de crédito.
En cambio, anotó Emanoelle Santos, economías con menor deuda externa relativa y mercados locales más profundos tienden a resistir mejor, “como Costa Rica, en el grupo de los más ordenados, aunque no queda inmune si se endurecen las condiciones globales”.
El caso de Costa Rica

En el caso de Costa Rica, el monto que se refleja de los compromisos con el FMI corresponde a la Línea de Crédito Flexible (LCF), que es precautoria ante el escenario de incertidumbre que afronta la economía mundial, explica a Bloomberg Línea Luis Vargas Montoya,investigador adjunto del Programa Estado de la Nación (PEN).
En relación con el FMI, “el país no cuenta con una línea activa, por lo que no tiene ningún compromiso de desembolsos con el fondo hasta el momento en que decida utilizar la LCF”, dijo el analista. No obstante, “cuando se analiza el rubro de amortización de la deuda, el país requiere un 5,2% del PIB en el 2026, que es superior al 4,7% estimado al cierre del 2025 e igual al 5,2% del 2024″.
Desde el 2020, Vargas Montoya señala que el FMI ha venido acompañando el proceso de estabilización macroeconómica de Costa Rica.
El primer apoyo del FMI al país consistió en un financiamiento de emergencia para disminuir las presiones en la balanza de pagos.
Posteriormente, el FMI le otorgó a Costa Rica dos financiamientos más, el primero en apoyo a la reforma fiscal y estabilidad monetaria y financiera, y el segundo para apoyar los esfuerzos ante el cambio climático.
En el 2025, el FMI reconoce la evolución favorable de los indicadores macroeconómicos de Costa Rica y le otorga una Línea de Crédito Flexible (LCF) por US$1.500 millones, señaló Luis Vargas Montoya, investigador del PEN.
Canales de impacto

De cara a 2026, Fortun cree que la capacidad de gestionar flujos de deuda, más que los niveles heredados, definirá qué países transitan el año con estabilidad y cuáles enfrentan episodios de tensión.
Los principales canales de presión seguirían siendo las tasas globales, el crecimiento económico y la arquitectura financiera global.
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Nivel de tasas
Según el economista del IIF, aun sin nuevos aumentos, las tasas globales siguen siendo altas en términos reales y el term premium se mantiene por encima de los promedios de la década pasada. “Esto implica que refinanciar deuda, tanto externa como doméstica, es estructuralmente más caro que en el ciclo previo”.
En varios países de la región, el pago de intereses ya supera el gasto en inversión pública, lo que comprime el espacio fiscal incluso antes de considerar amortizaciones.
Este efecto es particularmente relevante en economías con una mayor proporción de deuda a tasa variable o con vencimientos concentrados en el corto y mediano plazo.
Crecimiento

Las proyecciones de crecimiento para América Latina en 2025 y 2026 apuntan a expansiones positivas, pero modestas y heterogéneas.
Ese ritmo es insuficiente para reducir de forma automática el peso del servicio de la deuda, advirtió Fortun.
“En ausencia de un impulso fuerte por actividad, la carga financiera solo puede aliviarse mediante consolidación fiscal o mejoras sostenidas en las condiciones financieras externas, ninguna de las cuales está garantizada”, dijo Fortun.
En este entorno, incluso déficits primarios relativamente acotados pueden volverse problemáticos si el costo de financiamiento permanece elevado.
Arquitectura financiera global
Aunque el escenario base no es de un dólar persistentemente más fuerte, la dependencia de liquidez en esa moneda sigue siendo un factor clave.
Episodios de aversión al riesgo, aun transitorios, tienden a encarecer el financiamiento externo y a cerrar ventanas de emisión.
Para países con una alta proporción de deuda en moneda extranjera o con mercados domésticos poco profundos, esto se traduce rápidamente en mayores presiones sobre el servicio, incluso sin grandes movimientos del tipo de cambio spot.
“Estos factores explican por qué el foco se desplaza desde el stock de deuda hacia el flujo de pagos. De cara a 2026, lo que separa a las economías más expuestas de las más resilientes no es tanto el nivel heredado de deuda, sino la capacidad de absorber pagos de intereses y amortizaciones sin perder acceso a financiamiento ni comprometer la estabilidad macroeconómica”, apuntó Fortun.
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