Bloomberg Línea — “Ellos nos necesitan mucho más que nosotros a ellos, nosotros no los necesitamos”, dijo el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, acerca de Latinoamérica el 21 de enero de 2025. Hoy, que se cumple un año de su regreso a la Casa Blanca, sus palabras hacen eco.
Argentina encontró en Estados Unidos un salvavidas de US$20.000 millones mediante un acuerdo de swap de divisas en octubre de 2025, de los cuales activó US$2.500 millones, que fueron devueltos en diciembre.
El acuerdo buscó contener la caída de la moneda argentina y reafirmar la confianza del mercado ad portas de las elecciones legislativas en las que La Libertad Avanza, el partido del presidente Javier Milei, venció de manera aplastante.
“Hemos finalizado un acuerdo de swap de divisas por US$20.000 millones con el Banco Central de Argentina”, sostuvo el secretario de Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, el 9 de octubre, a menos de tres semanas de los comicios legislativos argentinos. “Estamos preparados, de inmediato, para tomar las medidas excepcionales que sean necesarias para estabilizar los mercados”.
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Estados Unidos también se “benefició”, puesto que “Milei ha limitado el avance de China en Argentina”, informó la periodista Manuela Tobías en un artículo para Bloomberg el 15 de enero.
Milei puso nuevos obstáculos a la construcción de un telescopio chino en los Andes, y mientras avanzaba con un nuevo plan nuclear, mantuvo congelado un proyecto de planta de US$8.000 millones respaldado por Pekín, ejemplifica la reportera. Sin embargo, ello no ha implicado una ruptura total con el gigante asiático.
Ecuador se acercó a Estados Unidos en busca de cooperación para combatir el crimen transnacional. La administración Trump respondió con un alivio económico de US$19,5 millones —US$13,5 millones para combatir al narcotráfico y US$6 millones para apoyar con drones a la Armada—, anunciado por el secretario de Estado, Marco Rubio, durante una visita a Quito el 4 de septiembre.
Estados Unidos también incluyó a Los Lobos y Los Choneros, dos grupos narcotraficantes ecuatorianos, en el listado de organizaciones terroristas extranjeras ese día.
Tras ello, el presidente Daniel Noboa aceptó recibir en Ecuador a inmigrantes solicitantes de asilo en Estados Unidos mientras esperan la resolución de sus peticiones. Se trata de ciudadanos extranjeros con solicitudes vigentes, hispanohablantes, mayores de edad y sin antecedentes judiciales.
También puso sobre la mesa la reinstalación de bases extranjeras norteamericanas en Ecuador, aunque la población dijo “no” en una consulta popular el 16 de noviembre.
El Salvador de Nayib Bukele recibió, en la mega cárcel del CECOT, a más de 200 migrantes irregulares en marzo, la mayoría venezolanos y señalados como delincuentes por Estados Unidos. No fue gratis: obtuvo un pago de US$4,76 millones, según una carta oficial del Departamento de Estado.
Sumado a ello, Argentina, Ecuador y El Salvador —además de Guatemala— fueron los primeros países de la región en llegar a acuerdos en torno a los denominados aranceles recíprocos con Estados Unidos.
El trato que recibieron estaba previsto: Milei, Noboa y Bukele fueron los únicos mandatarios invitados a la juramentación como presidente de Donald Trump en la Casa Blanca.
Guatemala es gobernada por un presidente progresista, Bernardo Arévalo, que, más allá de su corriente política, aceptó recibir deportados de otras nacionalidades desde Estados Unidos.
Marco Rubio sostuvo en conferencia de prensa el 19 de diciembre que la relación de EE.UU. con Latinoamérica “no se trata ni de izquierda ni de derecha”, sino de su apertura a “cooperar” con los “esfuerzos” de la administración Trump.
“Contamos con muchos países de la región que cooperan abiertamente y trabajan con nosotros para hacer frente a estos desafíos”.
Brasil, Colombia y México, bajo la presión de Trump
Sin embargo, Brasil, Colombia y México, dirigidos por gobernantes progresistas, padecieron la presión de Trump durante el primer año de su segundo mandato.
Trump impuso a un sinnúmero de productos agrícolas un arancel del 40% en julio al considerar que estaba adelantando una “caza de brujas” contra el expresidente Jair Bolsonaro para condenarlo por un golpe de Estado.
Lejos de funcionar como mecanismo de presión, la medida impulsó a Lula da Silva en las encuestas de cara a las elecciones presidenciales de 2026. El mandatario brasileño, que defendió el multilateralismo y rechazó la injerencia estadounidense en los asuntos nacionales, se reunió con Trump tiempo después y consiguió que en noviembre el arancel finalmente fuera eliminado.
Una de las relaciones más tensas de Trump en Latinoamérica la ha sostenido con su homólogo colombiano, Gustavo Petro, con quien se enfrentó en redes sociales y al que llamó narcotraficante, luego de que se opusiera a los ataques contra embarcaciones que supuestamente transportaban drogas en el Caribe.
Poco después, el gobierno de Estados Unidos le retiró la visa a Petro luego de que pidiera a sus soldados desobedecer a Trump, durante una marcha pro-Palestina en Nueva York, y lo incluyó en la ‘Lista Clinton’ por presuntos nexos con el narcotráfico que no ha podido comprobar.

Ambos se reunirán en Washington en la primera semana de febrero para limar asperezas y tras una llamada telefónica después de que Trump no descartara un operativo militar contra el mandatario colombiano.
La llamada fue gestionada, con insistencia, por el embajador de Colombia en Estados Unidos, Daniel García-Peña, y conseguida con la intervención del senador republicano Rand Paul —crítico de la actual política exterior de EE.UU.—, quien solicitó a Trump atender a Petro por teléfono.
Al final de la conversación Trump escribió en Truth Social que había sido un “Gran Honor” haber conversado con Petro.
México ha sido señalado por Trump de no hacer lo suficiente para contener el flujo de fentanilo y otras drogas hacia los Estados Unidos. Además, los productos que no están cobijados por el T-MEC enfrentan un arancel del 25%.
La mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, ordenó en febrero de 2025 el despliegue de 10.000 soldados en la frontera con Estados Unidos para frenar el tráfico de drogas, mostrando su disposición a cooperar en esta materia.
Recientemente, Sheinbaum reveló a la prensa que, en sus numerosas conversaciones telefónicas, Trump ha insistido en que se permita la entrada del ejército estadounidense en México para combatir a los cárteles, y que ella siempre ha rechazado la idea, en defensa de la soberanía.
“Hemos eliminado el 97 por ciento de las drogas que entran vía acuática, y ahora vamos a empezar a atacar por tierra en relación a los cárteles”, sostuvo Trump en Fox News.
La relación de Trump con Centroamérica
Trump amenazó con recuperar el Canal de Panamá desde el día en que se juramentó como presidente, argumentando que estaba bajo influencia de China, aunque conforme avanzó su mandato y el país centroamericano cooperó en materia migratoria, cambió de posición.
También mostró su preferencia por Nasry ‘Tito’ Asfura como candidato presidencial en Honduras de cara a los comicios de noviembre, advirtiendo que la elección de “un líder equivocado” desencadenaría “consecuencias catastróficas” para el país.
Incluso presionó al Consejo Nacional Electoral (CNE) a agilizar el conteo de votos y puso sobre la mesa la posibilidad de un fraude si el político conservador al que apoyó no vencía en las urnas.

Estados Unidos intensificó las sanciones contra Cuba, incluyéndola en el listado de no cooperantes contra el terrorismo, el 13 de mayo, lo que implicó la prohibición de la venta o la concesión de licencias para la exportación de artículos y servicios de defensa a la isla.
Entretanto, el 14 de julio agregó a 11 nuevas entidades a su “lista restringida”, entre ellas, el moderno hotel Iberostar Selection de La Habana, el edificio más alto de Cuba, poniendo presión al sector turístico.
La designación impide a ciudadanos y empresas estadounidenses establecer operaciones comerciales con las entidades.
Además, el 11 de enero de 2026, acusó al Gobierno de la isla de suministrar seguridad al chavismo en Venezuela a cambio de dinero y petróleo.
“Cuba vivió, durante muchos años, de grandes cantidades de petróleo y dinero de Venezuela. A cambio, Cuba proporcionó ‘Servicios de Seguridad’ para los dos últimos dictadores venezolanos, ¡PERO YA NO MÁS!”, escribió Trump en Truth Social. “Les sugiero firmemente que hagan un trato, antes de que sea demasiado tarde”.
Venezuela, un caso aparte
Trump ordenó en agosto un despliegue militar sin precedentes en el siglo XXI en el mar Caribe para combatir a estructuras narcotraficantes y ejercer presión sobre Nicolás Maduro para que abandonara el poder en Venezuela, señalándolo de liderar el denominado Cártel de los Soles. Desde entonces, la tensión entre Washington y Caracas ha estado acrecentándose.
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Estados Unidos bombardeó 31 embarcaciones que presuntamente transportan drogas en el Caribe y el Pacífico, dejando más de un centenar de muertos hasta el 30 de diciembre.
También declaró como cerrado el espacio aéreo venezolano, incautó dos buques petroleros sancionados y atacó una instalación militar en Venezuela antes de que terminara 2025.

En la madrugada del 3 de enero, Estados Unidos adelantó un operativo en Caracas para capturar a Maduro y su esposa, Cilia Flores, para que respondieran ante la justicia norteamericana por delitos asociados al narcotráfico.
Lejos de reconocer a Edmundo González como presidente, Trump aceptó negociar con la exvicepresidenta y ahora primera mandataria de Venezuela, Delcy Rodríguez, los pasos a seguir y la que más adelante sería una transición política. El chavismo se mantiene en el poder, sólo que sin Maduro.













