Bogotá — Mi Casa Ya pasó de ser la puerta de entrada de cientos de miles de familias colombianas a la vivienda propia, a entregar, entre enero y septiembre de 2026, solo 250 subsidios, el 0,5 % de los otorgados en 2024.
Así lo señala un informe de Camacol, que revela que “con el cierre de Mi Casa Ya, Colombia pierde uno de sus principales activos de política pública para facilitar el acceso a la vivienda, resultado de décadas de aprendizaje institucional y de la construcción de un esquema que articuló subsidio, ahorro y crédito”.
Mi Casa Ya nació en 2015, mediante el Decreto 428, como respuesta al desplome del petróleo. Combinaba un subsidio a la cuota inicial con una cobertura a la tasa de interés del crédito hipotecario, y funcionaba como subsidio a la demanda, “aplicable a cualquier proyecto de vivienda que cumpliera con las condiciones establecidas por la normativa”.
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Los ajustes posteriores ampliaron su alcance: en 2017 absorbió a los hogares del programa VIPA, con subsidios de hasta 30 salarios mínimos, y en 2019 pudo sumarse al de las cajas de compensación, hasta 50 salarios mínimos.
Tras la pandemia alcanzó una escala sin precedentes dentro de la política habitacional del país, con más de 65.000 subsidios anuales en 2021 y 2022. En 2021, siete de cada diez viviendas sociales vendidas en el país contaban con un subsidio a la compra.
En total benefició a 368.000 hogares en más de 360 municipios; el 80% ganaba hasta dos salarios mínimos.
El desmonte, paso a paso
Camacol ubica el quiebre del programa en la segunda mitad de 2022. Primero, la falta de planeación: se asignaron más de 21.500 subsidios sin gestionar a tiempo los recursos de las coberturas, lo que paralizó las asignaciones cerca de ocho meses.
Luego llegó el Decreto 490 de 2023, que cambió el criterio de ingresos por el Sisbén IV y añadió una priorización por puntajes. Un hogar del grupo C8 puede ganar 1,2 salarios mínimos en Quibdó y 1,8 en Medellín, y como los bancos siguieron evaluando ingresos, “este doble filtro incrementó los tiempos y la incertidumbre en el proceso”, dice el gremio.
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La priorización se eliminó en 2024, y la preasignación de cupos dejó a 2.866 hogares con reserva pero sin subsidio.
El golpe final fue la Circular 012 del 16 de diciembre de 2024, con la que el Gobierno “suspendió en la práctica el funcionamiento de Mi Casa Ya”. Las asignaciones pasaron de un promedio de 59.000 entre 2022 y 2024 a unas 8.000 en 2025 y a 250 este año.
Mi Casa Milagro del Gobierno De la Espriella
El relevo prometido por el presidente Abelardo De la Espriella se llama Casa Milagro. Antes de la posesión, el hoy ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, lo presentó como un esquema que articularía subsidios, créditos y beneficios del Fondo Nacional del Ahorro, las cajas de compensación y la banca, junto con la promesa de campaña de créditos hipotecarios cercanos al 2%.
El terremoto del 10 de agosto, con afectaciones en 498 municipios de 16 departamentos, cambió las prioridades.
En septiembre, Beltrán anunció que la bolsa de subsidios se manejará desde el Fondo Milagro y se destinará primero a reconstruir las zonas afectadas y después al resto del país: “Mi Casa Ya se convierte hoy en Mi Casa Milagro”, dijo.
El plan prevé cerca de 7.000 soluciones de vivienda en nueve meses y la restitución para más de 25.000 familias en dos a cuatro años. Para los hogares no damnificados aún no hay fecha. “Las crisis no las calculamos, pero las transformaciones sí”, resumió el ministro.
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El presidente de Camacol, Guillermo Herrera, ya había advertido en agosto que el programa no alcanzaría para la reconstrucción y pidió rediseñar los subsidios para incluir a la clase media.
La hoja de ruta del sector
Camacol, Asobancaria y Asocajas, con apoyo del BID, proponen una nueva versión del programa: hasta 300.000 subsidios en el cuatrienio con COP$11 billones públicos. Cada peso movilizaría unos 5,6 en inversión en vivienda, cerca de COP$61 billones, y alrededor de 1,05 millones de empleos.
La lección del informe es que estos instrumentos requieren “certidumbre, reglas de juego claras y continuidad”, justo lo que se perdió.
Mientras Casa Milagro atiende a las víctimas del sismo, miles de hogares siguen esperando. Sin un esquema estable, advierte Camacol, el riesgo es “incentivar mayores niveles de informalidad urbana y condiciones de habitabilidad más precarias en el mercado de arriendo”.













