Bloomberg Línea — América Latina se despertó el sábado (3) con las imágenes de bombardeos en uno de sus países y un presidente arrestado por las fuerzas militares estadounidenses.
El ataque se produjo en un contexto de crecientes tensiones entre Washington y Caracas. Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados y sacados del país.
Desde septiembre del año pasado, el gobierno de Donald Trump ha intensificado su presión política y militar sobre Venezuela, con el envío de buques de guerra a aguas cercanas a Venezuela y una ofensiva declarada contra el tráfico de drogas en la región.
En una conferencia de prensa el sábado, Trump afirmó que “Estados Unidos se hará cargo de Venezuela” hasta que sea posible una transición adecuada. Si es necesario, con soldados estadounidenses sobre el terreno. “No tenemos miedo de decirlo”.
El episodio, aún en sus inicios, recuerda las intervenciones estadounidenses en países de Asia Central y Medio Oriente a principios de siglo, como Afganistán en 2001 e Irak en 2003. Y enciende una luz amarilla en América Latina por sentar un precedente considerado arriesgado.
“Trump inaugura un nuevo modus operandi de intervención en otros estados, violando la soberanía territorial de otros países y destituyendo a sus líderes, por muy autoritarios que fueran, como es el caso del ahora exdictador Nicolás Maduro", afirmó Roberto Uebel, profesor de Relaciones Internacionales y coordinador del Núcleo de Estudios y Negocios Americanos (NENAM) de la ESPM.
El experto afirmó que la medida supone un alto riesgo para los países cuya agenda contradice los principios adoptados por el gobierno de Donald Trump. Este podría ser el caso de naciones como Colombia y Cuba, citadas durante la rueda de prensa.
La isla de Cuba tiene una relación histórica de antagonismo con Estados Unidos. Y Colombia es considerada la mayor productora y exportadora de cocaína del mundo.
En la misma línea narrativa adoptada por la administración Trump para el caso venezolano, el argumento podría basarse en la estrategia y la doctrina de seguridad nacional.
“El sentido [del discurso de Trump] es anteponer los intereses de Estados Unidos al multilateralismo y al derecho internacional. Esto forma parte de la nueva doctrina Trump", afirmó Uebel.
“No me atrevo a decir que habrá una intervención en estos países este año, pero existe una posibilidad real, sobre todo en Colombia, que es un país mucho más vulnerable que Venezuela, que contaba con una fuerza militar robusta”.
Zonas de poder
Además de los intereses en los recursos naturales del país caribeño, en particular el petróleo, como dejó claro el presidente estadounidense durante la rueda de prensa, la intervención estadounidense contiene un elemento clásico de las relaciones internacionales: la definición de zonas de poder.
“Trump cree claramente que hay países fuertes y países débiles, en cuanto al poder de la legitimidad”, afirmó Rafael Ioris, profesor de Historia y Política de la Universidad de Denver, en Estados Unidos.
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“Los grandes países, como Rusia y China, tienen el poder y, por lo tanto, el derecho de dividirse el mundo en sus respectivas áreas: Rusia, en Europa, y China —a pesar de Taiwán—, en Asia. Y América Latina, por lo tanto, mantiene su lugar como patio trasero de Estados Unidos“, afirmó el profesor de la Universidad de Denver.
Este entendimiento recupera un antiguo concepto, la Doctrina Monroe, inaugurada en 1823, bajo el lema “América para los americanos”. En la práctica, era una forma de evitar la intervención de las potencias europeas de la época en América.
A lo largo del tiempo, la aplicación de la doctrina ha variado en cuanto a su intensidad.
“La novedad ahora es que es mucho más explícito. Lo habíamos superado en cierta medida, pero Trump retoma esto y no tiene, por así decirlo, reparos. Están absolutamente convencidos de su derecho a hacerlo“, afirmó Ioris.
Para Rafael Araujo, profesor de Historia de América de la UERJ, los próximos días serán decisivos para mostrar qué cartas quiere poner Estados Unidos sobre la mesa, al definir el modelo de transición y enumerar los funcionarios que participarán en el proceso. Entre los nombres se encuentra el de Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense.
“Estamos hablando de una intervención directa. ¿Volvemos a principios del siglo XX, cuando Estados Unidos definía el funcionamiento de los sistemas políticos latinoamericanos y caribeños?“, dice el experto y autor del libro «Revolución Bolivariana: historia e historiografía (1999-2022)».
Según el experto, también influirá en la balanza la reacción de la población ante el ataque al país. A pesar del desgaste de la base de apoyo de Maduro a lo largo de los años, puede haber un contingente dispuesto a posicionarse en contra de un control externo.
“He hablado con colegas en Caracas, que me dicen que, efectivamente, hay una parte de la población, la base del chavismo, que está saliendo a las calles, incluso en dirección al Palacio de Miraflores. Pero no sabemos cuál es la magnitud de esto, sobre todo porque imagino que el clima en el país es de mucho miedo”, dice.













