Bloomberg Línea — La caída de Nicolás Maduro, quien en este momento se encuentra detenido en Estados Unidos, pareciera haber sido anticipada por el mercado, dado que los bonos venezolanos tuvieron un importante rally durante el 2025.
Si bien el país se encuentra en default y el pago de la deuda luce lejano, las expectativas de cambio de régimen impulsaron a inversores especulativos a posicionarse en instrumentos soberanos de Venezuela durante todo el año pasado.
Prueba de ello es que el Emerging Markets Bonds Index (EMBI), más conocido como riesgo país, de Venezuela había empezado el 2025 en 23.773 puntos y lo terminó en 12.741 unidades, lo que implica una compresión de spread del 87%. El EMBI venezolano tocó su techo el 22 de febrero de 2022, día en que llegó a 64.523 puntos.
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Por otro lado, lo más probable es que el riesgo país venezolano continúe su desplome, puesto que los bonos soberanos vienen subiendo con fuerza este 5 de enero de 2026, gracias al encarcelamiento de Maduro.
“Los bonos de Venezuela festejaban y mostraban subas de 25%, ante la nueva esperanza de normalización democrática e institucional”, sostiene un informe de la consultora Outlier en relación con las primeras reacciones del premarket de Wall Street.
Bonos latinoamericanos, sensibles a la política
El 2025 fue un año de mucho trade político en los países con peores bonos de la región.
Ecuador empezó el año pasado con el riesgo país en 1.200 puntos, el indicador escaló a más de 1.900 antes del balotaje entre el presidente Daniel Noboa y la correísta Luisa González, y cerró el año en 492, con Noboa consolidado en el poder.
En Bolivia, el riesgo país había comenzado 2025 en 2.087 y lo cerró en 673, en un año marcado por fin de la hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS).
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En Argentina, por su parte, el riesgo país cerró en 561, tras haber empezado en 635, pero haber escalado a 1.264 antes de las elecciones legislativas.
¿Qué implica la caída de Maduro?
Para el holding financiero suizo Lombard Odier, el reducido tamaño de la economía venezolana limita el impacto que los acontecimientos recientes pueden tener sobre el panorama macroeconómico global, por lo que no espera cambios significativos en las perspectivas generales.
En el corto plazo, el banco helvético considera que los mercados emergentes más cíclicos podrían atravesar episodios de volatilidad.
En su lectura, las acciones chinas estarían expuestas a una corrección parcial tras las subidas del año pasado, mientras que las acciones estadounidenses tenderían a mantenerse relativamente estables.
En ese marco, Lombard Odier define su estrategia de inversión como moderadamente orientada al riesgo: mantiene una infraponderación en renta variable de Estados Unidos y una sobreponderación en acciones de mercados emergentes, aunque aclara que revisará la asignación regional a la luz del nuevo balance de riesgos.
Mirando al mediano plazo, Lombard Odier sostiene que el atractivo de los mercados emergentes se mantiene intacto.
El informe destaca que muchos de estos países presentan fundamentos sólidos y abundancia de materias primas, un factor que, según la entidad, seguirá sosteniendo una demanda elevada.
Además, el banco interpreta que Estados Unidos y China han avanzado hacia un equilibrio razonable de intereses.
En ese contexto, si un aumento de la inversión extranjera directa en Venezuela termina impulsando un crecimiento más amplio en América Latina, Lombard Odier considera que los activos de mercados emergentes estarían bien posicionados para beneficiarse.
Desde una perspectiva sectorial, el informe subraya que la industria energética venezolana es la más expuesta a los cambios en curso.
Por ahora, Lombard Odier mantiene una postura neutral sobre el sector energético global, al identificar riesgos tanto al alza como a la baja para los precios del petróleo en el corto plazo.
A mediano plazo, el banco estima que, si la inversión estadounidense en el sector petrolero venezolano deriva en un aumento sostenido de la producción, la OPEP ajustaría la oferta para evitar una caída excesiva de los precios.
En el documento también anticipa que los flujos de crudo reflejarán crecientemente las divisiones geopolíticas: según Lombard Odier, el petróleo venezolano tendería a cubrir la demanda de Estados Unidos y, a través de empresas estadounidenses, abastecer a Europa, mientras que Rusia continuaría orientando sus exportaciones energéticas hacia China.
Por último, Lombard Odier no descarta que la intervención de Estados Unidos en Venezuela esté vinculada al objetivo de contener los precios del petróleo de cara a las elecciones de medio término.
En ese marco, el banco reafirma sus proyecciones actuales para el Brent, que sitúa en US$63 por barril a un horizonte de 12 meses.
Venezuela y el petróleo
Un informe publicado este lunes por Deutsche Bank (DB) señala que todavía hay “mucha incertidumbre” y que existe un debate sobre hasta qué punto una eventual disrupción de corto plazo en la oferta de petróleo derivada de la conmoción podría verse compensada por un aumento de la oferta a más largo plazo, producto de una mayor producción venezolana.
Después de todo, indica el estudio de Deutsche Bank, la Administración de Información Energética de Estados Unidos ha señalado que Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo crudo del mundo, equivalentes al 17% del total global.
Sin embargo, pese a esas reservas, la producción ha caído de manera significativa en los últimos años: en 2023, la producción de crudo fue un 70% inferior a la de 2013.
Así, sostiene Deutsche Bank, la perspectiva de una recuperación de la oferta en el largo plazo tendería a presionar a la baja los precios del petróleo.
El propio Donald Trump afirmó durante el fin de semana que las compañías petroleras estadounidenses “entrarían, gastarían miles de millones de dólares, arreglarían la infraestructura (petrolera) gravemente dañada, y comenzarían a generar ingresos para el país”.













