Bloomberg Línea — El conflicto en Irán reintrodujo el petróleo como variable central para los mercados cambiarios de América Latina. El alza del crudo modifica balances externos, altera expectativas de inflación y condiciona la política monetaria en las economías de la región, lo que produce divergencias entre monedas que hasta hace poco respondían a factores similares.
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El impacto no es uniforme. La estructura energética de cada país determina si el shock opera como apoyo o como fuente de presión sobre el tipo de cambio. Un análisis de Morgan Stanley estima que un aumento de 10% en los precios del crudo puede modificar de forma relevante las cuentas externas de varios países de la región.
En Brasil, por ejemplo, ese movimiento elevaría el saldo de cuenta corriente en torno a 0,17% del PIB, mientras que en Colombia el efecto sería cercano a 0,30% o 0,40% del PIB. En contraste, el mismo shock implicaría un deterioro de entre 0,20% y 0,30% del PIB en Chile, reflejo de su dependencia de importaciones energéticas.
En los mercados emergentes, la reacción también depende del comportamiento global del dólar y de la aversión al riesgo que suele acompañar a los episodios geopolíticos. Davison Santana, analista de Bloomberg Intelligence, plantea que el canal energético vuelve a ordenar el desempeño cambiario regional al señalar que “la exposición al crudo probablemente dicte el desempeño relativo si las tensiones escalan”.
Los primeros movimientos en el mercado reflejan esa lógica. Datos de Bloomberg muestran que entre el 27 de febrero y el 9 de marzo el peso chileno (USDCLP) registró la mayor depreciación frente al dólar dentro de la canasta latinoamericana, con una caída cercana a 4,6%, mientras monedas de economías exportadoras de energía o con menor exposición a combustibles importados resistieron con mayor estabilidad.
Importadores de energía bajo presión
El alza del petróleo golpea con mayor fuerza a las economías que dependen de importaciones energéticas. En la región andina, esa condición se refleja sobre todo en Chile y Perú, dos mercados donde el encarecimiento del crudo se transmite de forma directa al frente externo y a la inflación.
Los escenarios de precios elevados amplifican esas divergencias. Bloomberg Economics calcula que, si el conflicto en Medio Oriente elevara el petróleo hacia US$108 por barril, Colombia registraría un impulso cercano a 0,8% del PIB en su balanza comercial, gracias al aumento del valor de sus exportaciones de crudo. En el otro extremo, Chile enfrentaría un deterioro cercano a 1,3% del PIB en su balance comercial, dado que debe importar prácticamente todo el petróleo que consume.
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Santana sostiene que “Chile y Perú parecen los más expuestos dentro de la región, dada su dependencia de importaciones y por lo tanto mayor sensibilidad a las oscilaciones de los precios de la energía, particularmente si el conflicto se prolonga y mantiene presión al alza sobre el crudo”.
La reacción del peso chileno confirma ese patrón. Alfonso Molinare, country manager de Ebury Chile, indica que el mercado cambiario local ha acusado el impacto del conflicto en Medio Oriente. El deterioro del tipo de cambio se explica por varios canales. El primero es el incremento del costo de las importaciones energéticas, que presiona la balanza externa en una economía con alta dependencia del petróleo importado.
El segundo, proviene del comportamiento de los mercados de materias primas, donde el cobre ha cedido terreno ante el temor de una desaceleración de la economía mundial. “La combinación de un petróleo más caro y un cobre más débil ha generado una depreciación de cerca de un 5% del peso chileno en la última semana”, resalta Molinare.
El shock energético también altera las expectativas de política monetaria. En Chile, el mercado anticipaba hace pocas semanas un recorte de tasas en la próxima reunión del banco central, pero el aumento del petróleo cambió esa evaluación y elevó el riesgo de presiones inflacionarias.
Una dinámica similar aparece en Perú, donde el traspaso del petróleo a los precios internos suele ser más rápido que en otros países de la región. Daniel Velandia, economista en jefe de Credicorp Capital, considera que el impacto inflacionario dependerá de la duración del shock, aunque el escenario actual refuerza la expectativa de que el banco central peruano mantenga su tasa de interés sin cambios durante varios meses.
Exportadores de crudo encuentran apoyo
En contraste con las economías importadoras de energía, los países que exportan petróleo reciben un impulso en sus cuentas externas cuando el crudo sube. Ese efecto se observa con claridad en Colombia y, en menor medida, en Brasil.
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Velandia subraya el peso del sector energético en el comercio colombiano y recuerda que el país es “el mayor exportador neto de combustibles en la región como porcentaje del total del PIB o de las exportaciones”. Desde esa perspectiva, el alza del petróleo debería traducirse en un respaldo para el peso colombiano (USDCOP).
El beneficio se origina en la mejora de los términos de intercambio y en el aumento de los ingresos por exportaciones energéticas, factores que fortalecen la posición externa del país. No obstante, Velandia advierte que ese apoyo depende de la duración del shock petrolero y del impacto que pueda tener sobre la actividad mundial.
El economista señala que “habrá que ver cuánto dura la situación porque si llega a darse incluso la posibilidad de una recesión global el efecto positivo de la subida del precio puede reducirse con las menores cantidades demandadas”.
La política interna también influye en la forma en que el alza del crudo se transmite a la economía. En Colombia, el gobierno mantiene un sistema de estabilización que permite intervenir en los precios de los combustibles, lo que modera el traspaso inmediato a la inflación, pero puede alterar el balance fiscal.
En Brasil, el impacto es distinto. El país se convirtió en exportador neto de petróleo desde 2014 y el crudo ya representa 12,8% de las exportaciones, lo que reduce su vulnerabilidad frente a un alza del crudo. Santana explica que “como exportador neto de petróleo en los últimos años Brasil es menos vulnerable a precios más altos del crudo y puede incluso ver algún apoyo en los términos de intercambio si el petróleo extiende las ganancias”.
Aun así el real brasileño (USDBRL) no queda completamente aislado de la volatilidad global. La elevada tasa de interés del país atrajo posiciones de carry trade desde 2025, lo que puede amplificar los movimientos del tipo de cambio en episodios de aversión al riesgo.
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Argentina también aparece entre los países que podrían beneficiarse de un petróleo más caro a medida que crece la producción en Vaca Muerta. Morgan Stanley (MS) señala que el sector energético ya representa cerca de 6% del PIB del país y que precios internacionales más altos refuerzan su papel como motor de inversión y exportaciones.
En sus estimaciones, un aumento de 10% en el precio del crudo podría mejorar la cuenta corriente argentina en torno a 0,12% del PIB y ampliar el superávit comercial energético en unos US$800 millones si la producción y la demanda se mantienen en los niveles recientes. El peso argentino (USDARS) podría encontrar soporte, aunque ha perdido 1,28% desde el inicio de la guerra.
El papel del dólar y la resiliencia del peso mexicano
El impacto del shock petrolero en América Latina también depende del comportamiento del dólar en los mercados globales. El encarecimiento de la energía suele favorecer a la moneda estadounidense por su condición de productor relevante de hidrocarburos y por el efecto que los precios del petróleo tienen sobre las expectativas de inflación y de tasas de interés en Estados Unidos.
Uno de esos canales está vinculado con las cuentas externas. Chris Turner, analista de ING, recuerda que durante el shock energético de 2022 los países importadores de combustibles sufrieron un deterioro en sus balanzas comerciales, mientras Estados Unidos obtuvo una ventaja relativa por su independencia energética.
El analista añade que esa independencia “está siendo recompensada, mientras los importadores de combustibles fósiles de Europa y Asia están siendo castigados”.
El fortalecimiento del dólar introduce una presión adicional para las monedas emergentes. Sin embargo, dentro de América Latina algunas divisas muestran mayor capacidad de resistencia. El peso mexicano (USDMXN) destaca en ese grupo por su liquidez, su diferencial de tasas y su menor exposición directa a un shock petrolero.
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La reacción reciente del mercado respalda esa evaluación. Aunque la moneda mexicana se ha visto arrastrada por el movimiento global hacia activos refugio, la depreciación ha sido limitada en comparación con otras divisas emergentes.
Janneth Quiroz, directora de análisis económico en Monex, sostiene que el impacto de un petróleo por encima de US$100 sobre el peso mexicano no es lineal porque el país todavía exporta crudo, lo que mejora los ingresos petroleros del sector público y fortalece la balanza energética. No obstante, ese efecto puede verse contrarrestado por el aumento de la aversión al riesgo y por presiones inflacionarias derivadas del encarecimiento de combustibles y transporte.
La analista considera que esas presiones podrían influir en la política monetaria al advertir que un aumento sostenido del petróleo puede reducir el margen del banco central para recortar tasas de interés, ya que un repunte inflacionario obligaría a mantener una postura prudente para preservar la estabilidad de precios y del tipo de cambio.
La evolución del conflicto determinará hasta qué punto el petróleo seguirá reordenando el mapa cambiario regional. Si el shock energético se prolonga, las diferencias estructurales entre exportadores e importadores de energía podrían acentuarse y ampliar la brecha de desempeño entre las monedas de América Latina.