Bloomberg Línea — El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que la economía global entra en una fase de mayor incertidumbre a raíz de la guerra en Medio Oriente, con implicaciones directas sobre la inflación, el crecimiento y la estabilidad financiera.
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El organismo multilateral alertó en un documento publicado este lunes que “el mundo enfrenta otro choque”, mientras el conflicto “está trastornando vidas y medios de subsistencia en la región y más allá” y “está oscureciendo las perspectivas para muchas economías que apenas habían mostrado señales de una recuperación sostenida de crisis anteriores”.
El FMI habla de un carácter desigual del impacto de la guerra y señala que “el choque es global, pero asimétrico”, pues “los importadores de energía están más expuestos que los exportadores, los países más pobres más que los más ricos, y aquellos con escasos amortiguadores más que los que tienen amplias reservas”.
Para la entidad, “aunque la guerra podría dar forma a la economía global de diferentes maneras, todos los caminos conducen a precios más altos y a un crecimiento más lento”.

Energía y comercio: el canal central del shock global
El eje energético concentra la principal vía de transmisión del impacto económico. La disrupción en el estrecho de Ormuz altera el flujo de hidrocarburos en una escala sin precedentes, lo que incide de forma directa sobre los costos de producción, los balances externos y el ingreso disponible de los países importadores.
En esa línea, los analistas del FMI sostienen que “el cierre de facto del estrecho de Ormuz y el daño a la infraestructura regional han producido la mayor disrupción al mercado global de petróleo en su historia”, mientras que para economías dependientes de importaciones el efecto equivale a “un gran impuesto repentino sobre el ingreso”.
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El impacto no se distribuye de manera uniforme. En Asia y Europa, el aumento en los costos de combustible presiona la estructura productiva, mientras en África y América Latina eleva las facturas de importación en contextos fiscales limitados. A su vez, el encarecimiento de insumos energéticos repercute sobre la competitividad industrial y el poder adquisitivo de los hogares.
Las cadenas de suministro amplifican el efecto. El FMI dice que el redireccionamiento de rutas marítimas incrementa costos logísticos y tiempos de entrega, mientras la disrupción en fertilizantes introduce tensiones adicionales sobre el sistema alimentario global.
En este frente, los autores señalan que “con los envíos de fertilizantes, de los cuales alrededor de un tercio pasa por el estrecho de Ormuz, interrumpidos, están aumentando las preocupaciones sobre los precios de los alimentos”, en un momento que coincide con ciclos agrícolas críticos.

Inflación persistente y riesgo sobre expectativas
El encarecimiento de la energía y los alimentos se traslada a la dinámica inflacionaria global. La evidencia histórica que recoge el FMI sugiere que los choques petroleros prolongados tienden a elevar los precios y a reducir el crecimiento, lo que plantea un desafío para economías que habían logrado moderar sus tasas de inflación.
El análisis sostiene que “si los precios elevados de la energía y los alimentos persisten, alimentarán la inflación en todo el mundo”, lo que implica una transmisión progresiva hacia bienes y servicios a través de costos de transporte y producción.
El riesgo no se limita a la inflación observada. También se extiende a la formación de expectativas. El documento advierte que “si las personas y las empresas creen que la inflación se mantendrá más alta por más tiempo, pueden incorporarlo en salarios y precios, lo que dificultaría contener el choque sin una desaceleración más pronunciada”, lo que introduce un componente adicional de rigidez en la política monetaria.
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Las diferencias regionales vuelven a ser determinantes. Economías con monedas más débiles y alta dependencia energética enfrentan presiones más intensas, mientras que en regiones con tensiones previas en el costo de vida el nuevo shock puede amplificar demandas salariales y prolongar la persistencia inflacionaria.
Mercados financieros y crecimiento bajo presión
El deterioro del entorno macroeconómico se refleja en las condiciones financieras. La caída de los mercados bursátiles, el aumento de los rendimientos de los bonos y el incremento de la volatilidad configuran un escenario de mayor restricción para gobiernos y empresas.
El informe indica que “los precios globales de las acciones han caído, los rendimientos de los bonos han aumentado en las principales economías avanzadas y muchos mercados emergentes, y la volatilidad ha aumentado”, lo que en conjunto implica un endurecimiento de las condiciones financieras a escala global.

El análisis del FMI señala que “en Europa y muchos mercados emergentes, mayores rendimientos y diferenciales de crédito más amplios aumentan las cargas del servicio de la deuda y complican la refinanciación para gobiernos y empresas por igual”, mientras en otras economías la vulnerabilidad se amplifica por restricciones estructurales en el acceso al financiamiento y por la presión simultánea sobre sus cuentas externas.
“Economías avanzadas con mercados de capital domésticos profundos y algunos exportadores de materias primas con amplios colchones, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, o productores latinoamericanos de materias primas como Brasil y Ecuador, pueden absorber mejor el estrés del mercado, incluso si no son inmunes a mayores primas de riesgo”, dice el organismo.
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No obstante, el ajuste tiene implicaciones directas sobre el crecimiento. El aumento de los costos de financiamiento y las presiones sobre los balances externos limitan la capacidad de respuesta de economías con altos niveles de deuda o reservas reducidas, en particular en África subsahariana y partes de Asia y Medio Oriente.
En contraste, economías exportadoras de materias primas con acceso a mercados de capital más profundos presentan mayor capacidad de absorción del shock, aunque no quedan al margen del incremento en las primas de riesgo.
En este escenario, el Fondo Monetario Internacional sostiene que la combinación de presiones inflacionarias, restricción financiera y fragmentación comercial configura un entorno en el que la capacidad de respuesta económica se reduce, lo que obliga a una calibración cuidadosa de las políticas para contener los efectos del choque en un contexto de alta vulnerabilidad global.













