Monedas más fuertes de América Latina lideran entre los emergentes, pero Credicorp ve riesgos

El fortalecimiento del dólar en 2026, impulsado por tensiones geopolíticas y mayor aversión al riesgo, está redefiniendo el comportamiento de las monedas latinoamericanas, con impactos diferenciados.

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Bloomberg Línea — El mapa cambiario de América Latina entra en una fase más fragmentada, donde el dólar, la geopolítica y los riesgos políticos internos comienzan a pesar más que el ciclo global sincronizado que dominó en años anteriores. El último informe de Credicorp Capital describe un cambio de dinámica en un momento en que las monedas de la región están entre las que más suben entre los mercados emergentes.

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El punto de partida es el dólar a nivel global. Tras episodios de debilidad durante 2025, la moneda estadounidense ha recuperado tracción en 2026 en paralelo al aumento de la aversión al riesgo. Los analistas de Credicorp señalan que “el inicio de la guerra en Medio Oriente llevó a un repunte del DXY”, en un movimiento que coincide con la reversión del posicionamiento especulativo hacia posiciones largas.

Esa reacción ocurre mientras el consenso insiste en una narrativa de debilitamiento estructural. Sin embargo, el informe introduce un contraste y recuerda que “la participación del dólar en las transacciones internacionales aumentó a 51,1% en marzo de 2026”, lo que refuerza su rol dominante en el sistema financiero global y cuestiona la tesis de fragmentación monetaria.

Pese a este repunte del billete verde, varias monedas latinoamericanas han mostrado un desempeño destacado dentro del universo emergente, impulsadas por tasas de interés elevadas, términos de intercambio favorables y flujos hacia carry trade. Entre las ocho monedas emergentes que suben este año, hay cuatro latinoamericanas lideradas por el real, aunque Credicorp advierte por riesgos en el escenario.

Chile y Colombia: entre energía, tasas y política

Credicorp Capital enfatiza que el desempeño de las monedas latinoamericanas se ha vuelto cada vez más heterogéneo, en la medida en que factores idiosincráticos comienzan a predominar sobre las tendencias globales.

El informe destaca que variables como la exposición a precios de energía, los diferenciales de tasas de interés y, especialmente, los riesgos políticos internos están determinando trayectorias divergentes entre países, amplificando la sensibilidad de la región a episodios de aversión al riesgo.

En Chile, el peso (USDCLP) aparece como una de las monedas más sensibles al shock energético. La economía, como importadora neta de combustibles, absorbe directamente el impacto del petróleo, mientras el posicionamiento del mercado amplifica el movimiento.

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Credicorp recoge que “los inversionistas offshore aumentaron agresivamente sus posiciones cortas en CLP, pasando desde US$4.000 millones hasta un máximo cercano a US$13.000 millones”.

Ese posicionamiento responde a una lógica clara, pues Credicorp considera que es “una moneda particularmente vulnerable, dada la alta exposición del país a los precios de los energéticos como importador neto de combustibles”.

Sin embargo, el mismo informe introduce un contrapeso al señalar que “los fundamentos de mediano plazo para el CLP siguen siendo constructivos”, apoyados en el cobre y la inversión. Bajo ese equilibrio, la trayectoria esperada se ubica en torno a CLP$900 por dólar hacia finales de 2026, con espacio de apreciación posterior, frente a los CLP$904 actuales.

Así se ha comportado el peso chileno

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En Colombia, la lectura cambia de eje. La moneda (USDCOP) ha mostrado una apreciación sostenida impulsada por tasas elevadas y precios del petróleo, pero el factor dominante es político. Credicorp advierte que “el escenario para el COP es binario dependiendo de los resultados de las elecciones presidenciales”, lo que introduce una asimetría en riesgos.

La reacción del mercado dependerá del resultado electoral. El informe plantea que “la victoria de un candidato pro-inversión llevaría a una mayor apreciación del COP”, mientras que un resultado opuesto “seguramente llevaría a una fuerte reacción al alza del tipo de cambio”.

Ese contraste, se traduce en un rango implícito que sitúa el tipo de cambio alrededor de COP$3.900 en 2026, aunque con movimientos potencialmente abruptos en el corto plazo. Actualmente, se ubica sobre los COP$3.720.

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Perú, Brasil, México y Argentina: drivers diferenciados

En Perú, el comportamiento del sol (USDPEN) también gira en torno a la política. La sorpresa electoral ha detenido la tendencia bajista y elevado la volatilidad. Según el informe, “el probable paso de Roberto Sánchez a la segunda vuelta presidencial ha detenido la tendencia bajista del tipo de cambio y elevado la volatilidad”, en un patrón que recuerda episodios anteriores.

El mercado reacciona no sólo a resultados, sino a expectativas institucionales. Credicorp señala que “se esperaría una reacción negativa en el caso de una victoria de Sánchez dada la incertidumbre generada por sus propuestas”, mientras que un escenario favorable permitiría retomar niveles cercanos a S/3,25 por dólar, con un promedio esperado alrededor de S/3,35, frente a los S/3,49 actuales.

Brasil ofrece un contraste más claro. El real (USDBRL) ha sido una de las monedas más fuertes de la región, apoyado en tasas de interés elevadas y en su condición de exportador de commodities. El informe destaca que “el significativo diferencial en las tasas de interés sigue siendo un factor clave en el desempeño del tipo de cambio”, incluso en un contexto de flexibilización monetaria.

Así se ha comportado el real brasileño

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Esa ventaja convive con riesgos fiscales y electorales. Credicorp advierte que “cualquier anuncio que genere dudas sobre la sostenibilidad de los ingresos puede aumentar la volatilidad”, lo que mantiene el tipo de cambio proyectado cerca de BRL$5,2 por dólar hacia finales de 2026, frente a los BRL$4,9 actuales.

En México, el peso (USDMXN) ha resistido mejor los choques externos, apoyado en fundamentos externos sólidos y en la expectativa de continuidad del T-MEC. Sin embargo, el informe introduce un matiz clave al señalar que “el MXN ya parece descontar un escenario base de extensión del tratado”, lo que desplaza el foco hacia riesgos.

Entre ellos, destaca la política monetaria y el frente fiscal. Credicorp apunta que “estos factores comienzan a erosionarse gradualmente ante la relajación del ciclo monetario y el aumento de la volatilidad global”, lo que sitúa el tipo de cambio en torno a MXN$17,9 por dólar en 2026.

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Argentina, por su parte, sigue una lógica distinta, donde el tipo de cambio (USDARS) depende de la credibilidad del programa macroeconómico. El informe recoge que “el respaldo de la moneda no depende exclusivamente del nivel de reservas, sino de la consistencia del régimen macroeconómico”, en un esquema que combina disciplina fiscal y política monetaria restrictiva.

Aun así, los riesgos no desaparecen. Credicorp advierte que “el principal riesgo es de credibilidad”, especialmente en un contexto de reservas netas aún bajas. Bajo ese marco, el tipo de cambio se proyecta alrededor de ARS$1.670 por dólar en 2026, con una trayectoria condicionada por la sostenibilidad del programa.

El informe deja abiertas varias variables que definirán el rumbo de las monedas en la región. La evolución del conflicto en Medio Oriente, las decisiones de la Reserva Federal y los resultados electorales aparecen como los principales catalizadores.

En conjunto, el documento sugiere que la región entra en una etapa de mayor dispersión, donde el comportamiento cambiario dependerá menos de un factor común y más de la interacción entre riesgos globales y fundamentos locales.