Los republicanos que restan importancia a la caída de los índices de aprobación del presidente Donald Trump generalmente destacan que su agenda cuenta con muchas políticas populares. Esos argumentos no toman en cuenta lo que hace que un liderazgo político tenga éxito.
Por más que algunas políticas de la Casa Blanca sean populares, la política pública es solo es una de las tres partes que conforman el liderazgo político. La retórica también importa. Así como la implementación, en especial a nivel ejecutivo. Sin todos sus componentes, este sistema de tres partes puede caer y desmoronarse.
“La comunicación de las políticas públicas tiene tanta importancia como las propias políticas públicas”, me dijo Jeffrey Brauer, politólogo del Keystone College, cerca de Scranton, Pensilvania.
Es algo que numerosos líderes políticos de EE.UU., tanto del partido republicano como del demócrata, a menudo olvidan o no comprenden desde el principio. La implementación de una política tiene un impacto en la “percepción del éxito de la política” por parte de los votantes, agrega Brauer.
“Esto explica el gran contraste entre el gran apoyo inicial a la política migratoria del Gobierno y el drástico descenso que se observa actualmente en las encuestas”, afirmó. “La mayoría de los estadounidenses están en desacuerdo con la implementación, especialmente con las tácticas que se están utilizando”.
Hablando de eso, el mayor activo político de Trump ha sido casi siempre la inmigración. Durante su campaña de 2016, el presidente prometió garantizar la seguridad de la frontera con México. Y lo cumplió.
Después de que la inmigración ilegal se incrementara bajo el mandato del presidente Joe Biden, los votantes recurrieron (nuevamente) a Trump para que se ocupara del problema.
Además de su frustración ante la inflación, los votantes eligieron al 45º presidente en vez de a la candidata demócrata Kamala Harris, la vicepresidenta en funciones, y lo convirtieron en el 47º presidente, pues consideraban que la seguridad fronteriza era un problema grave y confiaban en él para poner fin a la inmigración ilegal y deportar a los extranjeros delincuentes.
Desde que Trump regresó a la Casa Blanca hace un año, su administración ha supervisado una drástica reducción de los cruces ilegales desde México y ha puesto en marcha un programa de deportación masiva para repatriar a los extranjeros delincuentes.
Sin embargo, hasta esta semana, la valoración del trabajo de Trump en materia de inmigración está 8 puntos porcentuales debajo de la media de las encuestas recientes de RealClearPolitics (44,4% positiva, 52,4% negativa).
¿Qué ha pasado? Retórica y tácticas; eso es lo que ha pasado. Y eso es lo que sigue pasando.
Las encuestas revelan que los votantes están descontentos con la agenda migratoria de Trump, en términos generales, por las agresivas tácticas empleadas por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés).
Un ejemplo: los ciudadanos estadounidenses de origen hispano (que no han cometido ningún delito, aunque eso no debería importar) se han visto forzados a “mostrarnos sus papeles”, en otras palabras, a presentar pruebas de su ciudadanía o correr el riesgo de ser arrestados y detenidos por las autoridades federales.
Otro ejemplo: el comportamiento constitucionalmente cuestionable y extremadamente agresivo de los agentes de la Patrulla Fronteriza y del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Minneapolis, sin mencionar la muerte a tiros de los manifestantes Rene Good y Alex Pretti en las Ciudades Gemelas (Minneapolis y St. Paul).
Luego está la tercera parte del liderazgo político: la retórica.
Aunque el presidente calificó tardíamente los asesinatos de Good y Pretti de trágicos, y lo ha reiterado en más de una ocasión, sigue tergiversando ese mensaje al denigrar a estos dos estadounidenses fallecidos y sugiriendo sutilmente que los tiroteos, aunque lamentables, eran comprensibles, aunque no justificados.
“Él no era un ángel, y ella no era un ángel”, declaró Trump a NBC News en una entrevista. Es esta actitud la que ahora está haciendo que los votantes que apoyaron la agenda de control migratorio del presidente reconsideren su postura.
Y para que quede claro: cuando los índices de aprobación del trabajo de Trump en materia de inmigración dan un vuelco en el transcurso de un año, pasando de +8 puntos en enero de 2025 a -8 puntos en la actualidad, eso es prueba de que los votantes están llevando a cabo una importante reevaluación.
Por eso no importa que, como señalan los republicanos, la mayoría de los votantes " prefieran las políticas migratorias de Trump a las de Biden". Los votantes no comparan a Trump con Biden. Las elecciones de 2024 ya pasaron. Juzgan al presidente actual por sus políticas, su implementación y su retórica, y le encuentran deficiente en dos de las tres.
“La mayoría de los estadounidenses quieren deportar a los delincuentes indocumentados y a las personas indocumentadas que llegaron aquí durante los años de Biden”, dijo Brian Rosenwald, investigador residente de la Asociación para la Administración Pública Eficaz y la Ética en el Liderazgo de la Universidad de Pensilvania.“Pero no si eso significa asesinar a ciudadanos estadounidenses; escenas que parecen secuestros, historias de niños arrancados de sus padres, coches abandonados en la calle mientras se lleva a la gente”, agregó Rosenwald, “el costo es demasiado alto y cambia la opinión pública sobre el tema”.
Trump y los republicanos no son los únicos que no comprenden la importancia que tienen las tres partes que conforman el liderazgo político.
Recordemos que el presidente Barack Obama dijo todas las palabras adecuadas después de que Rusia anexionara por la fuerza Crimea, en lo que supuso la primera fase de la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin, pero se negó a proporcionar armas y municiones a Kiev para protegerse de nuevas agresiones por parte de Moscú.
Es un caso interesante de un político que acertó en la retórica, pero falló en la política. (Adivinen quién dio luz verde al envío de armas estadounidenses a Ucrania. Trump, durante su primera presidencia).
Los republicanos pueden tranquilizarse todo lo que quieran con encuestas que muestran que los votantes preferirían a Trump sobre Biden (y Harris) en una política determinada, ya sea inmigración, economía o cualquier otra. Es poco probable que importe en lo más mínimo a menos que consigan que Trump y sus lugartenientes en la administración hagan los ajustes necesarios en sus tácticas y retórica.
No obstante, demócratas, tengan cuidado, sobre todo aquellos que aspiran a la Casa Blanca en 2028: acertar con el discurso no convencerá a los votantes para que respalden a un candidato cuyas políticas consideran inaceptables o insuficientes. Ah, y no se puede acertar con las tácticas si la política es errónea.
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