La Reserva Federal solo puede observar la crisis energética por la guerra en Irán y esperar

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Gasolina
Por Bill Dudley
11 de abril, 2026 | 12:35 PM

Como si el caos arancelario, las repercusiones inciertas de la inteligencia artificial y las amenazas a su independencia no fueran suficientes, la Reserva Federal de EE.UU. se enfrenta ahora a un nuevo reto: una interrupción del suministro energético que podría alcanzar proporciones épicas, provocada por la guerra en Irán.

Entonces, ¿qué hacer?

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Me parece que la Fed no debería tomar ninguna medida, y no lo hará, mientras no se conozca mejor la magnitud y la duración de la crisis y sus efectos, y eso puede llevar bastante tiempo, aunque reconozcamos que actualmente hay una frágil tregua.

Esta crisis de energía tiene numerosos aspectos que apuntan en direcciones diferentes.

El primero es que todavía no se conoce su alcance total ni su duración. De momento, la escasez de petróleo y gas natural se hace notar sobre todo en el mar, ya que los buques que suelen navegar hacia sus destinos en Europa y Asia permanecen varados en el golfo Pérsico.

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Si el bloqueo del estrecho de Ormuz persiste, esta escasez se hará más notable en tierra firme en los países extranjeros que son grandes importadores. Aun cuando se reabra el estrecho, reponer dichas reservas agotadas en estas regiones llevará bastantes semanas.

Segundo, la interrupción del suministro impacta tanto el crecimiento como la inflación. El alza en los precios de la energía reducirá los ingresos reales y limitará el consumo, sobre todo entre los hogares que carecen de los recursos económicos necesarios para mantener su nivel de vida, a la vez que aumentará los precios en general.

Basándonos solo en lo ocurrido hasta hoy, con el petróleo a más de US$100 el barril, es probable que la inflación interanual, medida por el índice de precios del gasto en consumo personal, se aproxime al 4% en los próximos meses.

Tercero, los responsables de la Fed siempre han tendido a ignorar las perturbaciones temporales de los precios, y eso es precisamente lo que se esperan los mercados.

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No obstante, esto puede complicarse cuando la inflación lleva 5 años por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal y la independencia del banco central se ve amenazada. Al menos por ahora, las expectativas de inflación a largo plazo parecen estar bien ancladas.

Un indicador del mercado, la tasa de inflación esperada dentro de 5 a 10 años, implícita en los bonos del Tesoro protegidos contra la inflación, se ha mantenido estable justo por encima del 2% desde que inició la guerra. Asimismo, las encuestas de hogares se han mantenido estables, pero tal vez sea muy pronto para esperar cambios notables.

La Reserva Federal debe extremar las precauciones para que sus acciones no alteren las expectativas de inflación.

Dados los ataques del gobierno de Trump contra su independencia, cualquier medida para reducir las tasas de interés podría generar dudas sobre sus motivaciones y sobre si mantendrá el mismo compromiso con el control de la inflación cuando Kevin Warsh, nominado por Trump, asuma la presidencia.

Cuarto, la economía de los Estados Unidos tiene todavía impulso. El empleo asalariado creció a buen ritmo en marzo, y la tasa de desempleo bajó al 4,3% desde el 4,4% registrado en febrero.

Junto con el alza en las devoluciones de impuestos, gracias a la reducción de los impuestos sobre las horas extras, las propinas y la Seguridad Social derivada de la “Big Beautiful Bill” (Ley Fiscal) del 2025, es probable que esto compense el impacto a corto plazo de la subida de los precios de la energía.

Es posible que el impulso sea incluso mayor de lo previsto, teniendo en cuenta que muchos hogares parecen estar aplicando deducciones por horas extras más allá de lo previsto en la legislación.

En última instancia, la Fed debe centrarse en la guerra: la gravedad y la duración de sus efectos sobre los precios de la energía, la inflación, las expectativas de inflación y el desempleo. Si los riesgos se inclinan bruscamente hacia uno de los dos aspectos de su doble mandato, ya sea hacia los precios o hacia el empleo, tendrá que actuar. Por ahora, debe mantenerse a la espera.

A corto plazo, me preocupa más la inflación, dada la incertidumbre sobre cuánto tiempo permanecerá bloqueado el estrecho de Ormuz. A largo plazo, sin embargo, las crisis energéticas suelen desencadenar recesiones, tal y como ha documentado Jim Hamilton, economista de la Universidad de California en San Diego.

El mercado laboral ya se encuentra en una situación de estancamiento, con escasa contratación y despidos. Si esta crisis energética afecta al gasto, podría ser suficiente para acabar sumiendo a la economía en una recesión, pero tendría que ser considerable y persistente, dados los vientos favorables que suponen la inversión en IA, el estímulo fiscal y unas condiciones financieras relativamente boyantes.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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