El impulso de Rusia a las criptomonedas es un gran paso atrás
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Mientras la mayor parte del mundo observa con horror cómo Vladimir Putin avanza en su invasión militar de Ucrania, la congruente incursión de Rusia en el bitcoin (XBT), los rublos (RUB) ligados al oro y las monedas digitales de los bancos centrales está provocando una respuesta conflictiva por parte de los entusiastas de la tecnología financiera y las criptomonedas.

Por un lado, los movimientos de Rusia reivindican y legitiman las visiones de dinero alternativo para el mundo. Por otro lado, potencian las ambiciones de un líder canalla que ha sido condenado por la comunidad internacional.

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Todo indica que Rusia está más centrada en revivir sistemas económicos fallidos del pasado que en avanzar con algo verdaderamente pionero. Considérese como prueba el afán del país por fragmentar su sistema monetario en un intento de alcanzar la autarquía financiera.

En las últimas semanas, Rusia ha respondido a las sanciones internacionales exigiendo a los “estados hostiles” que paguen por el gas natural en rublos, mientras que se ha propuesto que los países “amigos” puedan hacer pagos por los mismos recursos en monedas digitales como el bitcoin. En casa, una población en gran medida aislada de los sistemas de pago internacionales como Apple Pay (AAPL), Visa (V) y Mastercard (MA) se dirigirá ahora al sistema MIR gestionado por el banco central ruso, un probable precursor de una moneda digital formal del banco central.

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Lejos de ser una medida progresista, estos acontecimientos recuerdan a la última vez que Rusia confió (sin éxito) en los tecnólogos y la ciencia de los datos para desvincularse del sistema financiero mundial. Fue bajo la gran visión de la antigua economía planificada soviética, conocida como Gosplan, que se centraba en la gestión centralizada de la asignación de recursos entre productores y consumidores. El objetivo final era eliminar el dinero por completo, pero los planificadores comprendieron que sería necesario un periodo de transición que implicara un sistema monetario de varios niveles.

El propósito de este sistema era utilizar el dinero y los precios de forma pasiva, para facilitar los vínculos entre sectores, no como medio de generar beneficios individuales o acumulación de riqueza, según Yakov Feygin, director asociado del Future of Capitalism Programme at the Berggruen Institute (Programa sobre el Futuro del Capitalismo del Instituto Berggruen) y experto en el modelo de planificación soviético.

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Al final, había tres formas de dinero bajo el sistema Gosplan. Los nalichnye rubles, o “rublos en efectivo”, se pagaban mediante salarios que podían utilizarse en el mercado minorista nacional, pero de forma controlada. Los beznalichnye rubles, o “rublos sin efectivo”, se trataban sobre todo como un sistema de contabilidad que se utilizaba entre las empresas para facilitar la planificación y el control centrales. Por último, existían los perevodnyii rubles, o “rublos transferibles”, que se utilizaban como moneda de reserva para el comercio con los países “amigos” dentro del Consejo de Asistencia Económica Mutua.

El comercio con los países no amigos, en caso de producirse, se llevaría a cabo a través de canales no oficiales de contrapartida, en los que normalmente participaban empresas que hacían tratos de canje a un precio superior. Este comercio se financiaba a menudo mediante cartas de crédito emitidas por bancos de Estados neutrales, que sabían que las entidades eran buenas para los tratos debido a los valores no registrados o al dinero en efectivo que guardaban en sus bóvedas, la criptomoneda de su época.

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Sin embargo, a mediados de la década de 1980, el sistema estaba fracasando visiblemente en sus promesas de prosperidad. La inflación, cifrada en la moneda local, se disparaba, la escasez de bienes aparecía por doquier y el mercado negro funcionaba casi exclusivamente con divisas fuertes como el dólar estadounidense, que el sistema soviético no podía controlar.

Es tentador atribuir el fracaso de Gosplan a la falta de datos o a la insuficiente capacidad de procesamiento. De hecho, en algunos círculos económicos se ha argumentado que si los planificadores soviéticos hubieran tenido acceso a los potentes ordenadores y sistemas de aprendizaje automático de hoy en día, muchas de las asignaciones erróneas de capital que condujeron a la caída de la URSS podrían no haberse producido. Esta vez, según la teoría, el Internet de las cosas y la inteligencia artificial tienen muchas más posibilidades de hacer funcionar un Gosplan desmonetizado.

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Pero esta es una suposición peligrosa. La mayoría de los académicos occidentales especializados en el periodo coinciden en que Gosplan no fracasó por falta de datos o por una potencia de procesamiento insuficiente. Fracasó porque el sistema de cuotas en el que se basaba desajustó los incentivos y fomentó la corrupción en las empresas estatales. La preocupación del sistema por controlar los comportamientos pasados y actuales, por su parte, desalentó la innovación y la libre empresa.

Sin embargo, los indicios de que Rusia podría estar inclinada a moverse en esta dirección, independientemente de estas percepciones, han ido aumentando desde que el país se encontró en las listas de sanciones internacionales en 2014.

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En 2017, me preguntaron en un acto diplomático ruso si los abundantes suministros de energía barata del país asegurarían que le fuera bien en un marco económico basado en bitcoin. Como el criptocínico simbólico de la sala, bromeé algo sobre cómo la adopción de bitcoin por parte de los ciudadanos venezolanos había hecho poco para revitalizar su economía rica en energía, un punto que todavía se mantiene en 2022.

Pero entonces llegaron los publicitados esfuerzos de Rusia por alejar sus reservas monetarias oficiales del dólar estadounidense y acercarse a los activos denominados en yuanes y al oro, y a una postura más neutral respecto a las criptomonedas. En noviembre de 2020, el Ayuntamiento de Moscú anunció que planeaba poner en marcha un sofisticado sistema de vigilancia ciudadana para recopilar los perfiles digitales de los moscovitas, y se estaba llevando a cabo una consulta oficial sobre las monedas digitales del banco central.

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Tal vez lo más revelador sea que el 15 de febrero (días antes de la invasión rusa de Ucrania) el Banco de Rusia anunció el lanzamiento de su proyecto piloto de rublo digital.

Sabiendo lo que sabemos ahora, podría ser tentador concluir que el auge de la tecnología financiera y las criptomonedas puede haber jugado a favor de autocracias como la rusa. Pero esto sería un error.

Como cualquier sistema de armas, la tecnología financiera, especialmente la criptomoneda, es en última instancia neutral. Puede utilizarse para el bien o para el mal. Si Rusia continúa dirigiendo estos recursos para nivelar su estructura financiera, limitar la libertad y cerrarse a la arena internacional, la historia sugiere que dará un gran paso atrás.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Andrea González