Precios de los combustibles continúan subiendo a escala internacional
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Wall Street está entendiendo por fin el mensaje de que la inflación no va a desvanecerse fácilmente. Aunque todos los indicios de que las presiones sobre los precios se estaban extendiendo, las fantasías dominaron los mercados durante gran parte de mayo: los rendimientos de los bonos bajaron, las acciones subieron y los adivinos empezaron a insinuar que la Reserva Federal podría dejar de subir la tasas de interés en septiembre. De alguna manera, la idea de que la inflación era “transitoria” nunca murió realmente, quizás hasta ahora.

Esa ilusión sentó las bases para la fuerte venta del viernes en los mercados de acciones y bonos luego de que un informe del Departamento de Trabajo mostrara que los precios al consumidor subieron un 8,6% en mayo con respecto al año anterior, un nuevo máximo de cuatro décadas y bastante arriba de las expectativas de los economistas. Puesto que los inversores han aprendido la lección por las malas, existe el riesgo de que las expectativas de inflación empiecen a aumentar de forma sostenida a partir de ahora, lo que crearía toda una serie de nuevos problemas para la Reserva Federal.

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Los tasas de equilibrio a cinco años, una forma de medir lo que el mercado espera que sea la inflación a lo largo de la vida de los valores de referencia, aumentaron el viernes hasta el mayor nivel desde principios de mayo, mientras que una encuesta de la Universidad de Michigan reveló que las expectativas de inflación de los consumidores para los próximos cinco a diez años ascendieron hasta el mayor nivel desde 2008. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York actualizará su encuesta sobre las expectativas de inflación la próxima semana, y puede dar a la Fed otra razón para volverse aún más agresiva de lo que ha sido. Incluyendo un renovado debate sobre la necesidad de elevar el límite superior de la tasa de interés de los fondos federales en 0,75 puntos porcentuales en una próxima reunión, tal y como los operadores han comenzado a considerar el viernes. Se trataría de un aumento aún mayor que el ya agresivo ritmo de 50 puntos básicos que los mercados esperan para las próximas reuniones.

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Los consumidores y los mercados no iban a poder mantener la cabeza metida en la arena sobre la inflación eternamente, pero la estabilidad de las expectativas de inflación a largo plazo había sido una de las mayores ventajas del presidente de la Fed, Jerome Powell. Por más frustrados que estuvieran los consumidores y los operadores, la mayor parte de la gente había confiado fundamentalmente en que los precios acabarían bajando, ya fuera por sí mismos a medida que las cadenas de suministro se estabilizaran o porque la Fed subiera las tasas de interés lo suficiente como para alinear la demanda con la oferta, y probablemente una mezcla de ambas cosas. Los formuladores de políticas generalmente coinciden con el aumento de las expectativas de inflación a corto plazo, pero les inquieta que la inflación se convierta en una profecía autocumplida cuando los mercados y los operadores comiencen a esperar una inflación para un futuro previsible: los trabajadores demandan salarios más altos para compensar el aumento constante de los costos de vida; los fabricantes suben los precios para compensar el aumento de los costos de la mano de obra; y el ciclo se prolonga hasta que, como sucedió a finales de la década de 1970, alguien como el ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, llega a poner fin al ciclo con tasas de interés altísimas, eso sí, con importantes consecuencias económicas.

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Está claro que aún no estamos ahí, ciertamente, y es improbable que Powell se enfrente a una economía Volcker. Las expectativas de inflación a cinco años de los consumidores y del mercado están todavía muy por debajo de la tasa del 8,6% que hoy ha desconcertado al mercado. Pero suponen una convicción sutilmente creciente de que no se puede confiar en el objetivo de inflación del 2% de la Fed, y eso podría permitir que el problema se agravara.

Habrá quien diga en los mercados que la inflación no es tan grave como parece. Los economistas y los observadores del mercado gustan de ignorar la cifra principal porque a menudo se debe en gran medida a los componentes volátiles de los alimentos y la energía y puede desvirtuar la tendencia subyacente, lo cual es cierto, aunque la tendencia fundamental tampoco es tan alentadora, se mire por donde se mire. Por otra parte, la cifra de inflación más alta es la que mejor refleja la forma en que los estadounidenses sienten realmente la presión de los precios (en el surtidor de gasolina y en el supermercado) y la que tiene el mayor efecto sobre sus expectativas de inflación autocumplidas. El genio ha salido de la botella y la Reserva Federal se enfrenta a un complicado periodo mientras trata de convencer a los mercados y al público de que esta situación no va a durar para siempre.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar