Sam Bankman-Fried
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Bloomberg — Una frase muy común y útil que describe la manera en que la mente humana cubre ingeniosamente los agujeros de la lógica es “Tortugas hasta el final”. Se dice que proviene del intento de una persona de justificar ante el filósofo Bertrand Russell su teoría de que el mundo era cargado por una tortuga gigante imaginando otra gran tortuga debajo de ella, y después otra, y así hasta el infinito.

La idea se ajusta al mundo de las criptomonedas, donde la reciente caída del precio del bitcoin (XBT), el ether (XET) y otros tokens ha desencadenado el colapso de una compleja cadena de stablecoins, plataformas de préstamo y empresas comerciales de manera simultánea. Lo que antes era un círculo privilegiado de tokens bloqueados que generaban intereses que se reinvertían hasta el infinito, se ha convertido en un círculo peligroso, ya que las llamadas de margen y las liquidaciones se producen a velocidad algorítmica. Cada tortuga pareciera esconder otra.

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La etapa siguiente se caracteriza por los rescates, pues los grandes participantes en la cima de este ecosistema de especulación cripto, las bolsas dirigidas por multimillonarios, intentan frenar el pánico y restablecer la confianza. Sam Bankman-Fried, cofundador de FTX Trading Ltd., extendió una línea de crédito de US$250 millones a la plataforma de préstamos BlockFi Inc. También puso a disposición de Voyager Digital Ltd. (VOYG) un crédito adicional de US$200 millones y una facilidad de crédito renovable adicional de 15.000 bitcoins, al operador de criptomonedas con sede en Toronto al que el fondo de cobertura de activos digitales Three Arrows Capital Ltd. le debe US$660 millones. El jefe de la bolsa digital rival Binance, Changpeng Zhao, habló de la “responsabilidad” de ayudar a las empresas de cripto en problemas después de la compensación eficaz a las víctimas del hackeo del criptojuego Axie Infinity a inicios de este año.

Criptomonedasdfd

Sus fanáticos afirman que así se añade un respaldo creíble a un mercado de US$1 billón. “Bankman-Fried es el nuevo John Pierpoint Morgan”, señala Anthony Scaramucci, mencionando la crisis bancaria de 1907, en la que Morgan y sus colegas pusieron en juego su propio dinero para frenar la pérdida de fe en el sistema financiero. Algunos lo comparan cuando en el año 2008 Warren Buffett apoyó a Goldman Sachs Group Inc. (GS).

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Si se elimina el exceso de promoción, sigue pareciendo que hay tortugas hasta el final. Las criptomonedas no son demasiado grandes para fracasar.

Evidentemente, Bankman-Fried tiene bolsillos muy profundos, pero su fortuna está vinculada casi totalmente a las criptomonedas: Los datos de Bloomberg calculan que US$6.600 millones provienen de su participación en FTX, con sede en Bahamas, US$2.100 millones de la filial estadounidense de FTX, US$1.000 millones de la empresa de trading Alameda y US$420 millones de su participación recientemente adquirida en la aplicación de corretaje Robinhood Markets Inc. (HOOD).

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Es lógico que quiera buscar gangas entre los escombros o hacer una demostración pública de fe en el futuro; en algún momento, su propia fortuna está en juego. El hecho de que FTX también haya gastado cientos de millones de dólares en patrocinios deportivos, como el FTX Arena de Miami, es una señal de que se apoya en la demanda especulativa básica para que la fiesta de las criptomonedas siga adelante, al igual que sus colegas en apuros.

Ahora bien, esto no supone un sello de aprobación externo o la introducción del tipo de cortafuegos en el sistema que una intervención real de JPMorgan Chase & Co. (JPM) o Berkshire Hathaway Inc. (BRK) podría representar.

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BlockFi tenía a finales del año pasado unos US$10.000 millones en activos que pagan intereses; el adelanto de US$250 millones por parte de Bankman-Fried representa algo más del 2% de esa cifra. Pese a los comentarios de BlockFi a Bloomberg News de que se trata de una “gran cifra” que “refuerza” su balance, más bien parece una empresa que suma deuda porque requiere efectivo. BlockFi señala que, tras un mes de “flujo de caja positivo” en mayo, sufrió un “repunte” de presión.

Y mientras que los ingresos de US$1.000 millones anuales de FTX tienen un gran peso en la tierra de las criptomonedas, en términos de riesgo crediticio y de contraparte esta bolsa no se asemeja en nada a una empresa regulada de Wall Street.

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Como dice el New York Times, FTX está domiciliada en las Bahamas debido a que el 80% de sus ingresos proceden de un instrumento de negociación que sigue siendo ilegal en los Estados Unidos. No obstante, a pesar de su volumen de negocio, sólo ocupa el puesto 22 en la clasificación de bolsas de la empresa de datos Kaiko, basada en parámetros como los controles de riesgo, la seguridad y la calidad de los datos. Para Matt Levine, la memorable explicación de Bankman-Fried sobre la agricultura de rendimiento sonó como un “negocio Ponzi”. ¿Es esta realmente la nueva cara de Wall Street?

No se trata de sugerir que Bankman-Fried carezca de astucia como inversor; está claro que ha conseguido diseñar estrategias de negociación exitosas y hacer apuestas que dan resultado, como su burla cargada de palabrotas en Twitter de que compraría solana a US$3 por token (ha subido más de diez veces desde entonces).

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Es un error y casi una irresponsabilidad comparar a FTX con JPMorgan, Warren Buffett o incluso la Reserva Federal, cuya constitución fue impulsada por el pánico del mercado de 1907. No hay nada que pueda impedir que el bitcoin siga cayendo, y mucho menos que sugiera que FTX y otros sean inmunes a las consecuencias. El socio del bufete de abogados Punter Southall, Martin Finnegan, ha advertido de los riesgos que suponen las plataformas de compra-venta de criptomonedas en el extranjero para los inversores institucionales, y dice que las medidas tomadas por FTX parecen un “parche”.

U otra adición a la larga hilera de tortugas.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar