Masayoshi Son
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Bloomberg Opinión — Hay US$60.000 millones de razones por las cuales Masayoshi Son, el fundador de SoftBank Group Corp. podría sentirse un poco triste. La empresa ha visto más pérdidas de valor de mercado en el último año que durante ningún otro período de 12 meses a lo largo de las dos últimas décadas, al tiempo que su cartera de empresas privadas y públicas se enfrenta a continuas turbulencias. Sin embargo, Son sigue mostrándose optimista pese a todo.

“Yo no tengo ninguna duda. Más allá de los movimientos que se produzcan, nunca tuve dudas”, afirmó Son el viernes ante los accionistas en relación a su convicción en la revolución de la información, que constituye la tesis fundamental de su estrategia de inversión.

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Este hombre de 64 años ha encontrado un lado positivo a casi todos los problemas a los que se ha enfrentado su conglomerado en el último año, desde la caída de los precios de las acciones hasta fusiones que han fracasado. Y lo necesita. Sus instrumentos de inversión, liderado por el SoftBank Vision Fund (SFTBY), participa en más de 470 empresas. Pocas de ellas han logrado un jonrón, pero lo lograrán. Tal vez.

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Los partidarios de Son consideran que la eterna fe del multimillonario japonés en la revolución de la información, un movimiento económico global que sitúa los datos en el centro del comercio, terminará dando sus frutos. Al invertir dinero en diversos negocios, apuesta por que la marea alcista levante todos los barcos. Sin embargo, el reto consistirá en que la empresa se mantenga a flote lo suficiente como para que esto suceda.

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Debido a una deuda de casi US$300.000 millones y al debilitamiento del yen, Son tiene que estabilizarse durante unos años hasta que pueda obtener las ganancias que tanto confía llegarán en última instancia.

Un importante revés en el pago de esa deuda fue la fallida venta de la empresa de chips Arm Ltd. (ARMH) a Nvidia Corp. (NVDA) por US$40.000 millones. A los reguladores de todo el mundo les preocupaba que fuera un negocio excesivamente poderoso y rechazaron la fusión. No obstante, Son incluso le dio un giro positivo a ese fracaso, asegurando que era algo bueno para poder conservar la empresa británica durante más tiempo.

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Aunque resta ver si demanda por una OPI en el actual entorno de mercado, Son declaró que ha estado recibiendo “llamadas de amor” de numerosas bolsas que buscan acogerla, y que la empresa, según se informa, planea cotizar una participación parcial en Londres. Son, que ya es muy optimista con respecto a Arm, señaló su predicción de que el diseñador de chips podría tener un valor similar al del cuarteto “GAFA”, formado por Google (GOOGL), Amazon (AMZN), Facebook (META) y Apple (AAPL), es decir, un grado de magnitud superior al valor de la venta a Nvidia.

Aunque esto podría ser una exageración típica de Son, hay motivos para sospechar que saldrá adelante. Por una parte, para sus prestamistas, el propio SoftBank es demasiado grande para quebrar, lo que constituye un ejemplo clásico del dicho de que si le debes US$100 al banco, ése es tu problema, pero si le debes US$300.000 millones, el problema es del banco. En Japón, el dinero sigue siendo esencialmente gratis (es decir, con costos de endeudamiento mínimos) y no hay indicios de que el banco central se sume al resto del mundo a la hora de implementar subida de tasas, un supuesto en el que SoftBank sería el menor de los problemas del país. Y de momento, los bancos seguirán haciendo cola para que SoftBank pueda refinanciar sus obligaciones, mucho antes de que tenga que vender sus activos más preciados. Aún así, Son pronosticó que sólo tres empresas de su vasta cartera tendrían un éxito tan grande como el de su apuesta ganadora en Alibaba Group Holding Ltd. (BABA)

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Durante algunas partes de la junta de accionistas, era fácil ver de dónde saca Son su (sobre)confianza. Los inversores que formularon preguntas parecían más bien animadores, y hubo uno que instó a Son a ser la “luz de la esperanza para toda la humanidad” al permanecer al frente de la empresa hasta que pase de los 100 años de edad. Ojalá Son escuche más voces críticas en la sala de juntas. Por lo menos, Ken Miyauchi, un antiguo colaborador y presidente de la unidad de móviles de SoftBank, reconoció el viernes que había tenido periodos en los que estaba “lleno de dudas” sobre el precio de las acciones de la empresa.

Son tiene un mensaje para los inversores desconfiados: Si no soportan las emociones, pueden bajarse.

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“Si miramos el precio de las acciones desde una perspectiva de 10 o 20 años, ha estado subiendo constantemente, pero a corto plazo sube y baja”, dijo Son. “Si no puede soportar eso, es mejor que no lo haga, por el bien de su salud”.

No sería fácil recomendar a los propensos a la angustia que inviertan en SoftBank. Pero como prometía un vídeo típicamente ampuloso de SoftBank, “la desesperación puede convertirse en esperanza”. El anuncio no iba dirigido a los inversores inquietos, pero quizás puedan consolarse de todos modos. Aunque nadie lo haga, Son sigue creyendo.

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Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar